Grande Tito Vilanova

  • 25/04/2014
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Se nos va alguien que sólo hizo su trabajo y lo hizo superando una adversidad que le ha costado la vida. Es injusto pero la vida y la muerte no te dan tregua jamás.

Artículos así cuesta plasmar en un papel, porque te llenas de rabia antes de plasmar la primera letra y, en lugar de desahogarte mediante la escritura, lo único que sientes es crecer de nuevo la ira en tu interior.

Hace un par de años se fue un amigo mío con tan sólo 42 años, un tipo Nacho que era sanote, simpático, alguien que vivió sin vicios conocidos o desconocidos, amigo de sus amigos…, y un mal cáncer de piel se lo llevó por delante en apenas dos años.

Lo mismo le ha ocurrido hoy a Tito Vilanova, de edad parecida a la de mi amigo, seguramente también un tipo sano que no fumaba, no bebía, hacía deporte… y otro cáncer le da la puntilla. Punto final.

Ahora podría ponerme a soltar toda esa retahíla que reza que siempre se van los mejores, los que aún les queda una vida o dos por vivir, los que no hacían mal a nadie, los que no corrieron riesgos. ¿De qué sirve lamentarse sino únicamente para que la desesperación te inunde y te quedes hecho unos zorros? Siento la muerte de Tito muy cercana porque la vida ya me ha golpeado de igual manera cuando me quitó a Nacho, y me revelo contra el destino, el ajeno y el propio. ¡Cuántas cosas por hacer y de repente, así, de un día para otro, te dejan en fuera de juego y luego expulsado!

Tito

Sufrí la crisis de los 40 cuando aún no había cumplido los 39. Ves que la vida pasa demasiado rápido, que se te escapa entre las manos y, ¡joder!, ¡te quedan tantas cosas por hacer! Fueron un par de años duros viendo cómo la muerte me comía terreno sin tener fecha fija de caducidad, porque gracias a Dios o al diablo no sé cuándo me llegara la hora (mañana, en un mes, en un año, en 10, en otros 40…). Y entonces decidí que todo este barullo desquiciante llamado vida no merece tomársela en serio porque igual mañana no te levantas, o te deja postrado en una cama, o en una silla de ruedas, o pegado a una máquina. La vida es para vivirla sin demasiados miramientos, con responsabilidad pero arriesgando hasta donde quieras arriesgar, y aprovechando las oportunidades. Por eso, tomé la determinación de coger la vida al vuelo, de no dejarme nada en la cartera, de viajar cuando y cuanto puedo, escribir cuando y cuanto quiero, ir a un concierto, salir de casa o quedarme en ella, ir con un amigo y perder horas de sueño si es necesario, estar con mi familia o dejar de estarlo cuando toca, ver, amar, sentir, nadar, cantar… sin dejar pasar la oportunidad porque seguramente nunca volverá. Y también aprovechar para cuidarme y así tratar de exprimir la ocasión cuando llegue. Pero, aún así, el día que toca beber bebo, el día que toca fumar fumo, el día que toca saltar salto, río, lloro, voy, vengo… No quiero que esa puta de la guadaña se equivoque otra vez como les ha pasado a Nacho o a Tito y se entretenga conmigo. Porque, a ver, ¡lista e impertinente dama de negro!, habiendo tanto hijo de puta suelto, ¿por qué te cebas con ellos ―que eran nuestro futuro― y te dejas en la lista de espera a gentuza como políticos, banqueros, traficantes, mangantes, chorizos, estafadores, cometarros, terroristas, obsesos, pedófilos, violadores, atracadores, engañabobos… o a mí?

Tito: descansa en paz.

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1 comentario

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ziortza
Ziortza Muñoz28 d abril d 2014 a las 08:30 (UTC)
Pienso igual que tu Javier.

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