Pepe el pescador 2

  • 22/04/2014
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Sus ojos claros tenían la viva imagen grabada en su retina de los dedos de su abuelo exactamente del pulgar y del índice de ambas manos, dedos de piel rugosa un poquitín reseca y áspera de afilar dalles serrar troncos  tallar madera cavar huertos y un sinfín de cosas más,  un pelín amarillentos tonalidad adquirida por un pitillo que entre ellos sostenía constantemente al punto que encendía uno; con los restos casi apagados del anterior, sostenía su abuelo en una mano el anzuelo con la otra enhebraba el hilo en él- y hacia un perfecto nudo de tres vueltas casi imposible de soltar. Ensartaba cuidadosamente una gusana de tierra u cualquier animalillo volador y suave metódicamente como si la caña de pescar fuera un extensión de su brazo de su hombro y de su paletilla soltaba el hilo del carrete hasta depositar el lastre en medio del rio luego el silencio compartido ni rechistar solo el ruido del pájaro carpintero repiquetear en algún abedul.

Tres años tenía Pepe cuando experimento alborozado la sensación de la picada de su primera captura,  aun no tenia caña; pero se las ingenio para coger de una  bolsa de mimbre ovalada medio abandonada en una esquina del patio de su casa,  un anzuelo; lastrarlo con un  plomo gordo y  poner en el jamón de york de su merienda, evadir el control de sus guardianes y enfilar hacia los arenales cercanos. Por espacio de una hora se dedico a contemplar panza abajo, escudriñando la superficie del agua y queriendo penetrarla con su mirada,  por si podía verle los bigotes a un austropotamobíus pallipes  tres palmos  debajo de la superficie , de entre las rocas  sí que veía  cangrejos señal ,  americanos ,carpas carpines siluros barbos blakbass percasoles y pezgatos.

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