El hombre imposible

  • 22/04/2014
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Meditación

El hombre imposible

 

Como el tiempo; el que perdura. Ha nacido ahora; en este momento. Imposible, ya estaba. 

A pesar del cansancio, de la lentitud de su tiempo; junto con una humanidad anterior, sobrevive. Sigue los atardeceres de un mundo que lo castiga, lo entristece; persiste fijando la belleza de las tardes de cada estación; va a morir. Lo sabe. 

Es inaceptable que renuncie al tiempo en sus manos; recibe los golpes de lo mágico de la noche que atraviesan su fina camisa, blanca en la oscuridad; se ve.

Siente el deslizar de las lágrimas de calor por la mañana, recordando los andares en la arena, cuando vislumbra la lejanía de aquel tiempo; sigue andando, camina. 

Negra y dura su envoltura de mil razas descrita; tersos los labios de las palabras; herida de alma en el silencio, no oye ¿Dónde estarán? 

Con el veloz movimiento de las manos crea el universo blanco, sin color; tañen las campanas de marfil negro con el ritmo de la vida. Golpea la piedra con el placer que se le otorga, formando lo elástico de su pensar; es bello su pétreo dolor. 

Le embargan las noticias de la muerte, del recuerdo de las obras; de quién fue su víctima. Vive el movimiento de la arena en el cristal negro, silencio. De aquel que ve, no opina; a su lado camina hacia su propia esperanza; reconoce la grandeza; es el hombre imposible.

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