Acto sexual animal

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El sexo no pertenece únicamente al ser humano. Los demás seres vivos, tanto animales como vegetales, también lo practican. Es cierto que difieren mucho unas relaciones con otras como podremos ver.

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Partenogénesis
Esta modalidad, en la que un óvulo, sin colaboración con el espermatozoide, da lugar a un proceso embrionario hasta culminar en un ser semejante a su progenitora -siempre una hembra-, es frecuente en los invertebrados, como en las hormigas y en los pulgones, y en ciertos vertebrados, como algunos peces y lagartijas. Se sabe que la partenogénesis se desencadena debido a factores como la alimentación, la temperatura y la luz.
Se supone que es una estrategia reproductora que surge cuando las condiciones ambientales son favorables y propician una rápida multiplicación de la especie.

Hermafroditismo
Muchos grupos de animales, como los crustáceos, los gasterópodos, los celentéreos y los lamelibranquios, o vegetales, son hermafroditas, es decir, capaces de producir ambos tipos de gametos: masculinos y femeninos. Cada individuo posee, a la vez, funciones de ambos sexos, aunque lo normal es que se unan dos gametos de diferente sexo producidos por individuos distintos, aunque ambos sean hermafroditas. Así sucede en los caracoles y las almejas.

Otros tipos de reproducción sexual

  • Entre los anfibios, como los sapos dorados, el acoplamiento es el modo normal de organizar su vida sexual, pero la fecundación es externa, al carecer el macho de pene. Este espera a que la hembra deposite los huevos y entonces suelta encima los espermatozoides, lo que requiere que permanezcan unidos varios días.
  • Tras seducir a la hembra abrazando su cuello de casi tres metros y medio, el macho de la jirafa le hace soportar sus casi dos toneladas de peso y su pene de un metro de longitud en una cópula que dura media hora. La postura resulta peligrosa, ya que, mientras se aman, son especialmente vulnerables al ataque de los depredadores.
  • La cópula de los rinocerontes también dura treinta minutos. Desde que, tras una larga gestación, nace la cría hasta que la hembra es cubierta de nuevo, pasan de dos a dos años y medio. Esto hace que la especie, que se encuentra en peligro de extinción, se recupere lentamente.
  • En el mundo vegetal hay dos tipos de plantas: las fanerógamas, que poseen semillas, y las criptógamas, como los hongos, los líquenes y las algas, que producen esporas y ocultan su sexualidad bajo la tierra o el agua. En las primeras hay una gran tendencia al hermafroditismo, aunque existen algunas que son macho o hembra, como las palmeras, el tejo y las ortigas. Como las plantas carecen de movimiento, son los polinizadores -insectos o viento- los encargados de transportar el polen desde los estambres hasta el carpelo, el órgano sexual femenino. Como resultado se producen el embrión y la semilla, que es una planta en miniatura.
  • Las posturas de la cópula en los insectos varían mucho. Las mariposas, por ejemplo, unen las porciones finales del abdomen y las cabezas en los extremos opuestos, mientras que las moscas usan la postura clásica del macho sobre la hembra. En ciertas especies, como el pececillo de plata, la transferencia es indirecta: el macho, tras depositar el esperma, se dirige a la hembra, la toca con las antenas y los palpos maxilares y se aleja tendiendo un hilo de seda hasta el espermatóforo, que permite que la hembra lo encuentre para introducírselo ella misma en las vías genitales.

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  • La reproducción de los invertebrados marinos puede ser sexuada o asexuada. Un ejemplo del primer tipo son los erizos de mar, que se fijan sobre las rocas y allí las hembras les excitan para que liberen sus millones de espermatozoides. Por el contrario, las esponjas, aunque la mayoría son hermafroditas, poseen una reproducción asexuada por fragmentación.
  • La mayoría de los peces realizan una fecundación externa en la que el macho y hembra se reúnen durante la época de reproducción. En una danza acuática, el macho corteja a la hembra para que ésta libere sus óvulos. Una vez que han sido depositados, el macho los riega con sus espermatozoides. El número de huevos en cada puesta varía mucho. Por ejemplo, las platijas que se unen en la zona del mar del Norte ponen más de ocho billones de huevos, mientras que algunos cíclidos africanos, como las cebras del lago Malawi, sólo generan una pequeña cantidad porque la hembra los guarda dentro de la boca para protegerlos mejor.
  • Las ceremonias sexuales de las aves son muy peculiares y están reforzadas por los caracteres sexuales secundarios. El placer de la cópula está poco desarrollado, pues los machos no tienen pene. Ellos se sitúan sobre las hembras y unen sus cloacas para trasvasar el semen a los órganos genitales de las hembras. Las aves que se aparean en el agua deben hacer frente a una dificultad añadida, pues el agua puede colarse en sus orificios e interferir en la inseminación. Los patos, gansos y cisnes han resuelto este problema desarrollando un pequeño pene que está oculto y que sólo sobresale en el momento de la cópula, que dura unos tres o cinco segundos. Lo mismo ocurre con la superorden de las ratites, que abarca a los avestruces y los ñandúes y cuyo esperma necesita toda la ayuda posible para penetrar en la hembra: por eso, los machos disponen de unos fuertes músculos que empujan su pene hacia afuera durante el acoplamiento.
  • La característica común en la reproducción de los reptiles es la de los huevos. Los patrones de apareamiento en el tiempo de celo varían, y la diferencia entre macho y hembra se acentúa en esta época, sobre todo en la pigmentación. Casi todos los machos poseen pene, que es de dos tipos. El órgano sexual de los machos de las tortugas y de los cocodrilos tiene el aspecto habitual entre los machos mamíferos. Pero el de los lagartos y las serpientes es inusual, ya que poseen dos penes, aunque sólo insertan uno. En lugar de presentar una erección, el pene de los lagartos y de las serpientes, que tiene brillantes colores y posee un pequeño surco por donde pasa el esperma, se infla y se vuelve del revés. Una vez introducido en la cloaca de la hembra, es imposible retirarlo a menos que el macho haya terminado el traspaso de semen, ya que unos garfios lo fijan firmemente. El macho tarda mucho en eyacular, y, en este sentido, el récord lo posee una serpiente de cascabel con un acoplamiento de más de 22 horas. Algunas serpientes almacenan el esperma y lo usan a intervalos: así, un tipo de culebra nocturna puede expulsar cuatro montones de huevos fertilizados, separados por intervalos de un mes.
  • En el caso de los mamíferos la cópula sigue el mismo ritual que en los reptiles. El macho monta a la hembra por detrás, realiza unos movimientos pélvicos, eyacula y se retira. El tiempo invertido difiere unos a otros. En una especie de ratón marsupial de Australia se han registrado cópulas de hasta once horas de duración, mientras que los babuinos salvajes de África dedican sólo ocho o diez segundos al coito. La cópula típica de los mamíferos es bastante breve, porque cuando la pareja está unida se halla muy expuesta al ataque de los enemigos. En la época de celo están casi siempre predispuestos para el coito: por ejemplo, hay unas ratas silvestres que pueden copular hasta 400 veces en diez horas. Las hembras de los felinos no ovulan hasta el momento del apareamiento, con lo que se garantiza la fertilización. Pero no es suficiente un acto tan poco intenso, por lo que el coito debe ser incluso doloroso: así se consigue el choque para que haya ovulación. En el extremo del pene hay una especie de ganchos afilados hacia atrás que no obstaculizan la entrada del pene, pero si la salida. Dentro de los mamíferos, el colmo de la acrobacia lo poseen los murciélagos, ya que boca abajo y enganchado por las patas el macho a la hembra puede fecundarla gracias a su pene en forma de S sin caerse ninguno de los dos. El hecho de que muchos mamíferos copulen durante toda su vida hasta 5.400 veces pone de relieve que poseen una actividad muy superior a la de las personas, que no llegamos a tener una actividad ni la mitad de ajetreada que la animal.
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