EL ÚLTIMO PENSAMIENTO

Siempre quise ser inmortal.      

Creo que fue un deseo egocéntrico, me consideraba tan importante, pensaba que era tanta mi aportación al mundo, que no podía acabar con algo tan vulgar como la muerte. Si hubiese tenido la posibilidad de negociar un pacto, como los realizados por Dorian Gray o Fausto, lo hubiera hecho sin dudarlo ni un solo instante. No soportaba envejecer, aquel decaimiento de lo físico y lo psíquico, era algo que, directamente, me aterraba. La sola idea de lo viejo y el final inevitable que conllevaba, era algo lo suficientemente insoportable para amargarme la vida. ¡Yo no podía acabar así! ¡No, yo no tendría ese mismo final! Pero no podía imaginar que mis sueños y deseos se harían realidad de una forma tan distorsionada y terrible. Luego estaba lo otro. No deseaba esta vida eterna, si Ellas no me acompañaban.

El sol calentó el lado derecho de mi cara. Sentía la ligera brisa que refrescaba mi ardiente rostro. Mis manos se unieron al frescor exuberante de la hierba bajo mi cuerpo y mi espalda noto la fuerza milenaria de aquel robusto árbol, como tantas otras veces, y en tantos momentos antiguos y pasados. Era cuando mejor me sentía, allí metido en mis pensamientos y unido plenamente con todos mis sentidos, que me hacían percibir el mundo a mi alrededor, como realmente era, encontrando mi parte ancestral y natural  y que me hacían olvidar, por un momento, el otro universo mas artificial.

Aquel era mi mundo, mi espacio, en el cual no tenía acceso nadie más. Hasta que Ellas aparecieron, como una misteriosa predestinación o un destino inevitable, del que fui incapaz de escapar.

Cuando Ella apareció, supe que todo lo anterior desaparecería y perdería su importancia. Y sin pensarlo, sin sopesarlo; Ella fue parte de aquel mundo cerrado. Y todo el egoísmo e individualidad, se transformo en amor y todos los secretos fueron compartidos, incluso los más profundos.

No podía pensar en una vida mejor. Conseguí algo que para mí era inimaginable. Esta unión era prácticamente irreal, antes de conocerla a Ella.

Poco imaginaba que este eufórico estado, se podía ampliar e incluso aumentar, cuando llego aquella versión en pequeño de Ella.

Apoyado en los cientos de años de aquel árbol, mi mundo anterior se unía, casi mágicamente, a este maravilloso mundo actual. Allí abstraído, me encantaba verlas jugar, como si fueran una misma persona. Parecía que no existía diferencia de edad, ni madre, ni hija. Solo se encontraban dos chicas disfrutando, una con lo típico de su edad, la otra recordando un tiempo que nunca deberíamos olvidar.

El sol reflejado en sus rubios cabellos, capto mi atención y el gesto envolvente de sus manos, me invito a acudir junto a Ellas, para unirme a su juego. Sonreí e hice el esfuerzo para incorporarme y poder acudir a su encuentro, pero note que mis miembros no reaccionaban, no respondían a mis órdenes y era incapaz de realizar el mínimo movimiento. El terror me inundo y quise llamarlas asustado, para avisarlas de lo que me ocurría, pero todo fue inútil. Parecía que cada vez estaban más lejos y el sol a sus espaldas, me impidieron observar las facciones de sus rostros. En su lugar, únicamente había sombras y oscuridad, como si las tinieblas hubieran inundado todo.

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Sus ojos sin vida me miraban fijamente, como esperando una respuesta eterna, que nunca se produciría. Aunque mi vista, lo único que podía observar eran aquellos agujeros en sus frentes, que se convertían en túneles que se hacían cada vez mayores, consiguiendo que cayese en su negrura mas y mas.

El revólver estaba a pocos centímetros de mí, pero podría estar a cientos de kilómetros, en una distancia insalvable para mis paralizados miembros.

Pienso que fue inevitable y lógico para alguien como yo. Si todo mi mundo se llenaba de felicidad, consiguiendo todo lo anhelado y realizados mis sueños más profundos, como un sentido cruel de la justicia y una gran broma macabra, el resto del mundo se desmoronaría y llegaría su destrucción.

Nadie sabe porque, ni como comenzó, ni siquiera me importa, pero el Fin de Todo, finalmente se cumplió y Ellos heredaron la Tierra. Todos imparables, sin sentimientos, sin compasión y lo peor de todo, eternos e inmortales. Nosotros pasamos de estar arriba a estar abajo, indefensos ante su número y fuerza. Solo podíamos ocultarnos y huir.

Mi fuerza eran Ellas. Mi ánimo eran Ellas. Mi deseo de vivir lo lograba gracias a Ellas. Por Ellas, comencé el eterno peregrinaje y huida, alejándome de las grandes ciudades, escapando hacia zonas lo más despobladas posibles, escapando de la amenaza constante de Ellos.

Es irónico que el final fuera en el sitio más inesperado. Aquella granja era perfecta, alejada de todo y de todos. Conseguimos un hogar que nos permitía una existencia casi idílica e irreal. La extrema precaución de los primeros tiempos, se fue difuminando al correr el tiempo, engañados por la falsa tranquilidad y el olvido hacia la verdadera situación.

No sé qué falló, que error cometí, pero la euforia y alegría de aquel maravilloso día en el campo, se transformo en febril pesadilla. Todo en silencio, sin marcas y sin nada que lo indicara, Nuestros invitados aparecieron al abrir la puerta y el resto casi es un recuerdo apagado y lejano. A mis pies se encontraban sus cuerpos, ahora definitivamente sin vida. Acabe con todos Ellos, pero todo termino para nosotros. Aquellas marcas de dientes, aquellos mordiscos que llenaban mi cuerpo, eran un final y un comienzo.

No pude llorar, en mi no había ya nada. Recogí con extremo cuidado los cuerpos de mi mujer y de mi hija. Como en un ritual, casi iniciático, subí a nuestra habitación. Las coloque sentadas y juntas, cogidas de la mano. Abrí el cajón y cogí el revólver, comprobando en su tambor sus dos únicas balas. Las bese en la frente, observe sus cuerpos inertes y volví a matarlas.

Seguí observándolas, sentado enfrente de ellas.

Un pensamiento y una sensación me aterro. Por un momento no supe quienes eran, tan solo llegaba hacia mí su olor. Un olor intenso que me atraía y que me costaba huir de él.

Me esforcé por recordar, debía recordar.

Tenía que pensar en Ellas. Jugando, hablándome…Ese olor de nuevo, no puedo anularlo, proviene de algo que esta…frente a mi…Ellas son Ellas, no debo olvidarlo, son mi vida, son todo, son…el olor… ¡No, no, su pelo, sus rubios cabellos, mecidos por el viento, bordeados por el sol, con el olor a hierba mojada!...el olor. Debo acercarme, dirigirme hacia el olor.

Ya no queda nada. Todo desapareceee…...

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1 comentario

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sacflone scaflonne--@gotmail.com14 d abril d 2014 a las 18:52 (UTC)
Muy buen relato me creía que iba por otro camino y zas uno de los temas que mas atrae a la gente los Zombies. Muy buen relato insisto.

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