El amor de Juana

¿Adónde me llevas Juana? Pienso mientras la miro, dormida y bella de una manera que espanta. No lo sé y nadie puede saberlo. Ni aunque la conozcas y te encuentres tan unido a ella como yo lo estoy ahora podrás adivinarlo. Juana te mata, te sumerge, te hace un esclavo imbécil de por vida y lo mejor: ni siquiera se da cuenta, no es a propósito.

Su pasión te enlaza, te va dejando seco de tanto amor que te saca y es raro, porque mientras más te permite beber y comer de su ser, más hambriento y sediento te pones. Cuando me mira, al despertarse (porque siempre que abre los ojos estoy yo mirándola desde antes) o cuando coinciden nuestros ojos en cualquier otro momento, sonrío y me embrutezco, pierdo cualquier control y sé que me vuelvo tonto, de veras.

Ella vive sin ser consciente del don y cuando respira, cuanto te echa el aliento estando cerca, siento una embriaguez mayor que con el whisky. Es una bruja, a veces la creo fantasma o criatura diabólica, nada mejor me pasó en la vida que conocerla y me temo que nada peor. Simula que camina, en realidad aletea suave y cuando habla, que lo hace poco, es precisa, tiene una lucidez sencilla.

No me extenderé en describirla, ya está para ello el Cantar de los cantares, digo nada más que me rindo y que lo acepto, Juana me puede y no podré librarme.

Mario Rovetto
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