El placer por el placer 1

  • 07/04/2014
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Beatriz era una chica sencilla   , joven  viva despierta y natural nunca había tenido dilemas ni siquiera se los había planteado  ; ella sentía placer casi con todo .Sentía placer al cortar una tajada de sandia e introducir un bocado  en su boca  y dejar que el dulce sabor la refrescara .

Sentía placer  al cortar una margarita observar el amarillo intenso de sus pistilos y el blanco inmaculado de sus hojitas, también escuchando las suaves olas del mar romper contra la orilla de la playa  en un flujo y reflujo, al olisquear los claveles también Beatriz sentía un inmenso placer y al  sumergirse en su bañera  con unas gotas de sándalo. al punto que mentalmente hizo una lista de placeres, dejar que el sol de mediodía tocara su rostro, mirar la cara de un niño  y las arrugas en el rostro de un anciano dejarse acariciar, regalar besos andar descalza por la hierba; lavarse la cara en una fuente y así siguió con su lista de placeres  bailar si… bailar era placentero moverse con los brazos sueltos girar y dar brincos , las sabanas limpias antes de ir a dormir estirarse a las mañanas  un buen masaje en todo el cuerpo con un buen  aceite también eso a Beatriz le proporcionaba placer .  Claro que ni siquiera nuca hubiera reparado en esas cosas  de no ser porque recientemente  había conocido a alguien un tanto peculiar, el chico era mono atractivo, agradable educado  le parecía sincero podían conversar de casi todo con naturalidad y creía que en realidad se estaban haciendo buenos amigos.

Quedaban para salir ir al cine y charlar a media tarde en el parque, pero una de las cosas que  a Beatriz le llamaba la atención es que Carlos afirmaba que el no sentía placer casi con nada , eso mantuvo la cabecita de Bea muy ocupada  . De verdad Carlos que no sientes placer ? . Te lo aseguro , creo que he perdido esa cualidad humana,

 

 

Beatriz entonces en un impulso no reflexionado  se coloco detrás de Carlos  , froto las palmas de sus manos e introdujo sus dedos desde la nuca  delicada y suavemente entre sus cabellos acariciando con sus yemas todo el contorno de su cabeza retrocediendo sin prisas; deleitándose en ello con su índice dibujo el contorno de su oreja izquierda y paso  el dedo por detrás allí se detuvo , para tomar su lóbulo como su fuese un trocito de terciopelo.

 

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