Alameda

  • 02/04/2014
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La noche que mi Fran llevó dos viejas mecedoras al patio grande al de la higuera frondosa, con nuestras manos entrelazadas rozándonos suavemente de vez en cuando las yemas de los dedos; mirando embelesados aquella luna creciente el firmamento completo ante nuestros ojos; los sonidos del viento sur en la copa y  podíamos oír a lo lejos , las pezuñitas en el suelo de una zorra  que merodeaba  el andar de los grillos bajo el suelo los olores del jazmín; la dama de noche y las flores del limón.Cuando estabamos absortos escuchando el silencio, y con su habitual habilidad consiguió sonsacarme no con mucho esfuerzo, la verdad mis amoríos con Javi y confeso a su vez su secreta pasión por Carmela justo antes de ir a dormir nos miramos y caímos en la cuenta de que ya no éramos niños algo había pasado sin enterarnos ni siquiera éramos adolescentes no nos faltaba inocencia de eso teníamos , pero una nueva consciencia se hizo en nos la infancia había quedado atrás. En el corazón un pequeño pinchazo quien nos iba a abrazar ahora quien nos pondría los calcetines y quien nos iba a peinar.- sonreímos seriamos nosotros quien vistiese abrazase y peinase a alguien la vida estaba por venir Concordamos entonces que habíamos disfrutado de una niñez muy rica en todos los sentidos nunca nos falto nada ; ni ternura ni atención ni oportunidades para ser quien éramos todo perfecto todo bien ;dimos gracias a Dios por eso y nos sentimos profundamente agradecidos y aun hoy seguimos agradecidos.

 

FIN .

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