Alameda

  • 31/03/2014
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Esa tarde la tita me pidió que la acompañara al lavadero la verdad es que me hacia ilusión, y a ella más porque así podía presumir de lo bien que estaba situado su chiquito; la verdad es que pocas veces se veían en el pueblo zapatos de charol calcetines de hilo u lazos de raso mil colores; vestidos de piqué y el aroma de la colonia nenuco se volvían locas las vecinas: me olian el pelo me levantaban las faldas para ver como dos lacitos rosa colgaban de la patita de mis bragas de hilo yo las dejaba hacer hasta que me cansaba sacudia mi falda y me enganchaba al brazo de la tita ,íbamos camino del lavadero con un gran barreño de zinc lleno de ropa blanca y un gran pedazo de jabón verde casi traslucido , se hacia en casa con sosa y restos de aceite , el lavadero era una algarabía todas las mujeres chillando y riendo en mil conversaciones diferentes los caños añadiendo agua cristalina a las pilas de mármol negro en un susurro incesante gorriones por todos lados y vencejos que emprendían un vuelo rasante y a veces se enrredaban sus patitas en algún moño, golondrinas; el olor a ropa ya limpia la tita presumía porque mi madre procuraba mandarle algunos paquetes de javon y ella decía,tengo polvitos si quereis los podeis usar …..pa qué todas encima del paquete de javon

 

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