Alameda

  • 30/03/2014
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Por todas partes había bordados en arcones pegados a la parez mantones de manila sobre sillones – Aquí se la dejo dijo la tita y la mujer asintío con la cabeza –ve tranquila ; y sin más se dio la vuelta y allí me dejó castigada – sin Fran y sin poder subir a los tejados que era lo que a mi me gustaba. Con toda su paciencia aquella mujer me enseñó a armar el bastidor a calcar los motivos sobre el cañamazo y a dar pequeñísimas puntadas de relleno en hilos multicolores en pocos días tenia yo mi talega de pan bordada , aún la tengo;cuarenta años despues.. La mañana paso despacio….muy despacio, para mi  gusto; a mediodía no vi a Francisco ni a media tarde,- llegó sobre las ocho con las botas llenas de tierra - sudado y con ojeras, no me atreví a preguntar nada ;cenamos en silencio, en el postre peló una granada y me ofreció la mitad, al elevar yo la mirada nuestras pupilas se entremezclaron; las sullas color caramelo las mias verde cristal. me guiñó un ojo; sabia entonces que algo maravilloso me estaba esperando,por debajo del mantel busco mi mano y me dijo ven….yo me levanté y le seguí nos encaminamos al patio grande , debajo de la higuera habia colocado dos mecedoras nos sentamos y comenzamos a mecernos despacio suavemente, una sutil sonrrisa afloró - que gusto... que placer...el cielo era indigo la luna en cuarto menguante y venus brillaba...el canto de un gruillo se oia bajo nuestros pies - yo rompí el silencio que as hecho hoy ? pregunté.

Guí - an cá Celipito y me mandó a una haza a cabar pies.Aclaro  la tierra que está sobre los olivos se seca y apelmaza, un pié es la base del olivo

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