Cuentos de una madre primeriza: las canciones

Como a los 10 años iba un día en el carro con mi madre y me puse a cantar al escuchar la radio. Inspirada subía y bajaba de tono igual que la cantante, según yo. Hasta que mi madre no pudo más y me dijo: "pero que malo cantas, hija".

Al menos así lo recuerdo yo, no me frustró la reacción de espanto de mi madre. La verdad es que tenía razón porque cantar, entonar, provocar que de mi boca salgan sonidos armoniosos, eso nunca ha estado en mi repertorio ni de asomo.

Para más decir que después de cinco años de teoría y solfeo, piano y armonía, el profesor Caraballo, un maestro incansable, me dijo con voz de derrota: "Iliana, está bien. No lo intentes más. No puedes entonar". Lejos de desanimarme, su veredicto me confirmó lo que yo le venía explicando por media decena de años y lo que mi madre había advertido mucho antes.

Y entonces pasaron 15 años y varios karaokes destrozados por el estruendo que producen mis cuerdas vocales y me quedé embarazada. Una noche, entre las 24 y las 26 semanas, la bebé comenzó a moverse. Parecía que estuviera bailando ska dentro de mi barriga a las 2:00 de la mañana. Supongo que se sentía como en el espacio, sin gravedad, y pensaría que ese era un buen momento para practicar unas volteretas.

caricaturacanto

Esa fue la primera de muchas noches de bailes nocturnos intrauterinos. También fue la noche que le empecé a cantar. Después de acomodarme de todas las formas posibles buscando que dejara de moverse, empecé a cantarle una versión que continua en desarrollo. Comencé a cantarle con voz suave, casi imperceptible para que mi marido no se riera de mi y de mi incapacidad de entonar, comencé a hacer lo impensable.

Me inventé su canción de dormir y está hasta en distintos idiomas. Cuando se me agotaron las primeras dos estrofas me inventé dos más, cuando en un idioma no se me ocurría nada, cambié a otro y así voy. Ya llevo cuatro estrofas y cinco idiomas. Sigo sin enotnar bien, pero de momento ella no se entera y hasta se queda dormida.

También tengo otra bilingüe para despertarla por las mañanas y estoy en proceso de terminar una primera estrofa para la hora del baño.

Por las mañanas se ríe sin parar, no sé si se estará riendo por lo mal que canto, pero me entusiasma verla como se echa hacia atrás y abré grande su boca mellada en una risa silente. En fin, que me he vuelto toda una cantautora y hasta se me ha quitado el miedo de cantar frente a otras personas.

Me he sorprendido expicándole a mi esposo y a mi madre cómo dice esta o aquella canción o contándoles con emoción que me inventé una nueva. Ellos sonríen callados a modo de "me alegro por ti, palmadita en la espalda". Creo que temen decirme que sigo cantando malísimo, pero lo veo en sus caras. Aun así no me preocupa, estoy tan entusiasmada con esta etapa de mamá cantante.

Que orgulloso estaría el profesor Caraballo si me escuchara cantándole a mi niña, que desilusión para él saber que sigo desentonando.

Aquí les dejo la reacción de un bebé al escuchar a su madre cantar. Muy distinta a mi voz, muy distinta a la reacción de mi peque. http://youtu.be/vefxZUskWTU

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat30 d octubre d 2014 a las 01:03 (UTC)
Muy entrañable, como el primer relato que le leí.
Seguiré visitándola.

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