Los deseos (III): Enfermedades producidas por no controlar los impulsos

La liberalización del placer puede tener sus límites y, en el caso de atravesarlos, convertirse en un grave problema y pasar a formar parte de una enfermedad mental

Los individuos que no pueden desatender la llamada del deseo componen una importante masa social y muchas de sus conductas tienen una acreditada tradición -la cleptomanía,  la piromanía y el compulsivo-, pero otras, como la compra descontrolada, la bulimia y la sexoadicción son males de los que se está consiguiendo una mayor conciencia en los últimos años.

deseos-cleptomania

Uno de los rasgos característicos de estos trastornos es negarse a admitir el problema, por lo que resulta muy difícil hablar de incidencia en la población. Algunas estimaciones señalan que entre cuatro y seis de cada cien personas podrían estar obsesionadas por el sexo o arrasar en los comercios sin ton ni son.

Los individuos enganchados por este fenómeno se centran en una sola fuente de placer que provoca un escape de la tensión. Pero a la vez son conscientes de que eso les perjudica y vuelven a sentir culpa y remordimiento, lo que les predispone de nuevo a hacer lo mismo. Es como un círculo vicioso. El perfil de los afectados es similar: baja autoestima, depresión, ansiedad, vacío emocional… y un pésimo estado de ánimo justo antes de cometer la acción.

No se sabe a ciencia cierta cuál es el desencadenante de estas acciones. Aunque se ha detectado sustancias orgánicas relacionadas con estas conductas patológicas, como la endorfina y el neurotrasmisor serotonina -implicado, por ejemplo, en las sensaciones de bienestar y agresividad-, parece existir detrás un conglomerado de causas psicológicas y culturales, como el bombardeo de reclamos sexuales, la presión social para tener una buena figura o el consumismo exacerbado.

¿En qué momento el deseo de realizar una conducta placentera se erige en un tirano que controla nuestra vida?. Estos son los indicadores:

  • El capricho se convierte en necesidad compulsiva cuando pasa a ser el eje de nuestra vida cotidiana.
  • Más que por la frecuencia o tiempo que se emplea en la tarea en cuestión, el problema surge cuando no podemos dejar de realizarla.
  • Cuando estamos enganchados a determinado comportamiento, seguimos cometiendo la acción a pesar de los continuos problemas que eso nos puede estar causando.

 

Otros reportajes relacionados con los deseos:

Los deseos (I): ¿Por qué experimentamos impulsos físicos y mentales?
Los deseos (II): El deseo, motor de la vida
Los deseos (y IV): El deseo como arma publicitaria

 

Denunciar contenido

¿Tienes algo que decir? Este es tu momento.

Si quieres recibir notificaciones de todos los nuevos comentarios, debes acceder a Beevoz con tu usuario. Para ello debes estar registrado.
He leído y acepto el Aviso Legal, la Política de Confidencialidad, y la Política de Cookies de Universia