Un ruído de fondo de hace 50 años

Se cumplen 50 años desde que Arno Penzias y Robert Wilson detectaron un “molesto ruído de fondo” que hoy permite explicar el origen del universo.

Cuando entramos en una cocina, aunque hayan transcurrido varias horas desde que se cocinara la paella o el cocido, siempre puede quedar un ligero olor o tufillo que impregna en mayor o menor medida el ambiente. Algo parecido ocurrió hace ya 50 años en los laboratorios de la “Bell Telephonic” en New Jersey (EEUU).

Arno Penzias y Robert Wilson, dos ingenieros de la compañía, trataban de adaptar una antena de comunicaciones para convertirla en radiotelescopio, cuando precisamente el 20 de mayo de 1964 detectaron un “molesto ruido de fondo” proveniente de todas partes del firmamento, apuntaran donde apuntaran.

PENZIAS Y WILSON

 

La radiación detectada tenía una bajísima temperatura: 2,7ºK (-270ºC) y no se encontró ni origen, ni interferencia conocida que pudiera explicarla. Sus pasos, afortunadamente, se dirigieron hacia la Universidad de Princeton, no lejos de allí, donde unos investigadores, entre los que estaban Robert Dicke, P.J. E. Peebles y David Wilkinson, trataban de estudiar una posible radiación de bajísima temperatura resultante del origen de un universo en expansión.

Hay que remontarse a Edwin Hubble que en 1929 descubrió que las galaxias se están alejando en contradicción con la creencia de un universo estático. Las piezas encajaban y estos ingenieros comprendieron que este “ruido de fondo” que detectaba su antena “horn” podía muy bien ser la radiación que los investigadores de Princenton estaban buscando.

Un pacto de “fair play” entre caballeros permitió publicar en 1964 en la revista “Astrophysical Journal Letters”,  dos comunicaciones separadas sobre la radiación de fondo proveniente del origen del universo, Penzias y Wilson recibieron después, en 1978, el Premio Nobel de física. Este descubrimiento apoyaba sustancialmente la teoría del Big Bang que enunció en 1948 el físico George Gamow que predice que el universo surgió de una “gran explosión” tras la que durante unos 300.000 años se produjo un plasma denso de partículas cargadas y opaco a la radiación, en el que la temperatura impedía la aparición de cualquier forma de átomo. Tras este período inicial y como consecuencia de un enfriamiento gradual, se piensa ahora que no solo se empezaron a formar átomos ligeros, como el hidrógeno, sino que este plasma primitivo, algo menos caliente, empezó a ser transparente a la radiación que inundó el universo.

Como desde aquel Big Bang el universo se ha ido expandiendo multiplicándose por mil, la radiación que acompañó este acontecimiento se ha ido enfriando en su largo recorrido hasta unos pocos grados Kelvin.

Por suerte la radiación no quedó como un eco mudo bañando estrellas y planetas sino que llegó a una reconvertida antena que permitió, no solo su registro hace 50 años, sino también saber un poco más sobre el origen del universo.

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4 comentarios

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Antonio Pinedo27 d febrero d 2014 a las 20:59 (UTC)
Antonio Borreguero, ya he leido varios comentarios tuyos y te doy la enhorabuena porque creo que estás por encima del bien y del mal y lo sabes todo.
27 d febrero d 2014 a las 16:57 (UTC)
Es tan interesante como la conclusión del investigador, que viendo un cenicero lleno de colillas, dice: "Aquí han fumado".
ziortza
Ziortza Muñoz27 d febrero d 2014 a las 12:22 (UTC)
No te acostarás sin saber una cosa más!
chico3
Luis Martinez27 d febrero d 2014 a las 12:07 (UTC)
Interesante artículo!

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