Inmigración y ¿aborto?

Me parecen sorprendentes determinados planteamientos defendidos por algunos ciudadanos en relación a la situación en la que estamos insertos. Mi objetivo es poner sobre la mesa alguna contradicción común.

Me parecen curiosas ciertas reacciones, y sorprendentes determinados planteamientos, defendidos por algunos ciudadanos en relación a la situación en la que estamos insertos. Son cuestiones controvertidas, ciertamente. Y probablemente continuarán siéndolo por bastante tiempo. Mi objetivo es poner sobre la mesa, al menos, alguna contradicción ciertamente común.

Para justificar esta manifestación creo necesario realizar la siguiente exposición:

Un Estado se compone, según la doctrina, de tres elementos: un territorio, una población y un gobierno, entendido este término en sentido amplio, asumiendo un sentido de soberanía. Son estos elementos los que le otorgan al Estado su condición de tal, y por tanto, la condición de sujeto de derecho internacional. Esta cuestión no merece mayor exposición a efectos de lo que nos interesa en esta ocasión.

Vemos pues que el poder soberano (gobierno en sentido amplio) ejerce sus competencias, o su influencia, sobre una población o ciudadanía determinada, dentro de un territorio o fronteras. Pero ¿qué incluye el territorio? El territorio incluye no sólo el terreno físico en el que “coexistimos” con mayor o menor éxito, sino también el espacio aéreo y el “mar territorial”, cuya extensión podrá abarcar las 12 millas marinas, según la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar.

Maravilloso. Se preguntarán por qué les estoy contando esto. Esto lo he querido traer a colación tras observar las reacciones y manifestaciones de determinados representantes -los tertulianos los dejamos al margen- en relación con las denominadas “devoluciones en caliente” de los inmigrantes que llegaron a Ceuta el día 6 de febrero, concretamente a la playa del Tarajal -más que le pese al Ministro del Interior, al Delegado del Gobierno de Ceuta y al Director General de la Guardia Civil: Jorge Fernández Díaz, Francisco Antonio González Pérez y Arsenio Fernández de Mesa Díaz del Río, respectivamente-.

Se estima por la ONG “Caminando Fronteras” que entraron al país al menos 20 personas, las cuales fueron devueltas a territorio marroquí incumpliendo la Ley de Extranjería, que requiere iniciar un trámite administrativo tras la llegada de migrantes a territorio nacional. Supongo, con todo, que queda claro que el territorio del Estado no comienza en una línea imaginaria que “crean” las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pero eso no es todo. Además de ser una actuación cuestionable legalmente -que se supone que “siempre se hacía así”-, también lo es aún más en términos morales. No creo que existan dudas sobre que el uso de material antidisturbios, y de pelotas de goma concretamente -supuestamente disparadas lejos de los inmigrantes-, para evitar que personas desesperadas y probablemente débiles dentro del agua siguieran adelante, merece cierta reprobación moral. Máxime cuando han muerto 15 de ellos, probablemente como consecuencia indirecta.

Mi intención no es criticar, para nada, a los efectivos de la Guardia Civil. Ellos están haciendo su trabajo, encomendado constitucionalmente, y cumplen tanto con las órdenes recibidas desde sus superiores como, normalmente, con la legalidad. Son éstos, los “representantes”, quienes deberían pagar “la cuenta”. Aunque si “era lo habitual”, no creo que alguien quiera ser el primero.  

Sé que la cuestión de la inmigración aún es controvertida, y que la globalización sólo afecta a ámbitos como el financiero y el comercial. El Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio trabajan para ello.

Sin embargo, las personas aún seguimos teniendo limitada nuestra capacidad de movimiento. En realidad, algunos más que otros. Quienes más restricciones tienen se encuentran “fuera” de occidente; normalmente no son blancos, son pobres y quieren dejar de pasar hambre y abandonar una zona de conflicto armado o de tensión religiosa. Y por supuesto, no son personas que puedan, eventualmente, tomar un avión para iniciar una nueva vida en otro país -como los españoles hacemos hoy de nuevo-.

Nuestro movimiento seguirá siendo restringido durante bastante tiempo, pero eso es algo que algún día cambiará. Más tarde que temprano, pero algún día.

Dicho lo anterior, me gustaría plantear la verdadera idea que justifica esta “pseudo” reflexión. Lo que realmente me resulta curioso y sorprendente es la postura que toman ciertos representantes -teóricamente- de la ciudadanía, en relación con los Derechos Humanos y con el derecho a la vida.

Los mismos que dan las órdenes para evitar que personas desesperadas alcancen la orilla de una playa -territorio nacional- a través del uso de material antidisturbios, que vulneran los Derechos Humanos y ponen la vida de personas en peligro -y que efectivamente han influido indirectamente en la muerte de al menos 15 personas en esta ocasión-, son los mismos que defienden el derecho a la vida de una célula somática o “cigoto”, fruto de la conjunción de dos células germinales, que se replicará atendiendo a las instrucciones dadas por la información genética contenida en sí misma hasta lograr, con el paso del tiempo, el desarrollo suficiente para ser considerado “feto”.

Esta cuestión es también controvertida, y no me gustaría entrar de lleno en el debate sobre el aborto. Al menos, no aquí, pues sería necesario recurrir a una argumentación extensa y multidisciplinar.

Concluyendo, el objetivo real de esta disertación es el de poner sobre la mesa la hipocresía en relación con la vida y los Derechos Humanos de los que, teóricamente, nos representan, pues no puedo decir que “realmente” lo hagan.  

Amado Carballo. 25/02/14

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat23 d octubre d 2014 a las 20:59 (UTC)
Estimado Sr. Carballo: He leido atentamente su interesante escrito, moviendo muy a menudo mi cabeza afirmativamente, ante la evidencia de lo que en sus consideraciones defendía, considerando lo que en derecho pueda estar legislado.
Hay puntos que son bastante discutibles, ya que cuando una problematica excede los límites del derecho, tal como puede ocurrir en una situación de posible endemia en que las medidas jurídicas tienen que claudicar ante un posible inminente peligro de mayor alcance, lo cual desde otra vertiente podría relacionarse con la entrada de inmigrantes, por las repercusiones que pudiera tener el que las fuerzas del orden fuesen menos terminantes ante las presiones de los que intentan entrar a pesar de su oposición.
Pero para no desviarme de lo que quiero decir, como comentaba, me iba pareciendo correcta su postura hasta que ha llegado al tema del aborto.
Utilizando sus palabras Sr, Carballo: Si una célula somática o CIGOTO, fruto de la conjunción de dos células germinales, tienen suficiente vida como para replicarse por las instrucciones dadas por la información genética contenida en si mismas, según usted no tiene vida, creo que por su parte es una afirmación demencial, sabiendo como sabe que en un determinado tiempo, esas células replicadas darán lugar al feto y que este, IRREMISIBLEMENTE DARÁ LUGAR A UN SER HUMANO NACIDO DE LA CARNE Y DE LA SANGRE DE QUIENES LO CONCIBIERON QUE SON SUS PADRES O SUS ASESINOS SEGUN CUAL SEA SU DECISIÓN, COMO SI ESO FUERA TAN INTRASCENDENTE COMO DECIDIR SI SE VAN AL CINE O NO.
Por favor Sr. Carballo, tenga un poco mas de sensibilidad ante lo que todos sabemos que algún día podría ser un hombre eminente.
Por todo lo dicho, opino que la primera parte de su artículo esta muy bien desarrollada, que tiene razón en cuanto a lo que legalmente está regulado, pero reservándome en lo que ya le he apuntado y en cuanto al tema del aborto, me ha decepcionado, PERO NO YA EN CUANTO A LO QUE USTED PUEDA OPINAR COMO SE QUE ASÍ TAMBIÉN OPINAN LOS QUE SE VEN EN RIESGO DE UN EMBARAZO NO DESEADO, SINO PORQUE TENIENDO CONCIENCIA COMO HA DEMOSTRADO DE LO QUE ES LA EVOLUCIÓN EN EL PROCESO DE LA GESTACIÓN DE UNA MUJER, SE HAYA PERMITIDO DECIR QUE LO QUE ALLÍ ESTA ENGENDRADO NO TIENE VIDA.

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