Carta de una mujer libre

Esta mañana, al despertar, me miré en el espejo. Aunque era el mismo de cada día, algo en él parecía diferente. Abrí la ventana y observé la avenida. Carta de una mujer libre

Carta de una mujer libre

Esta mañana, al despertar, me miré en el espejo. Aunque era el mismo de cada día, algo en él parecía diferente. Abrí la ventana y observé la avenida. Estaba igual que la noche anterior. Cuando di el último paseo de cada día, antes de irme a dormir. De pronto, la escuché susurrando un murmullo diferente. Cerré y volví adentro. Miré la casa y comprobé que, aun estando igual que siempre, tenía una luz distinta. Salí a la calle. Vi las personas caminar, como cualquier otro día, pero sus pasos habían cambiado.

Al leer la prensa, mientras pasaba las páginas mi mente se adelantaba a la realidad impresa en forma de noticias. Como cualquier otro día de todos estos últimos años. Es normal. Cuando te enseñan, si lo hacen bien, hay un momento en el que ya sabes lo que te puede ocurrir. Por sus doctrinas, aprendí a predecir el futuro. Pero esta mañana descubrí algo distinto. En cada una de esas informaciones encontré una palabra que, al pronunciarla en voz alta, no sonaba como siempre.

Esta mañana me noté distinta. No sé si fue antes, después o mientras abría los ojos. Lo cierto es que, cuando desperté, simplemente abrí la boca e hice algo que ya creía olvidado. Fue esta mañana. Nadie me escuchó. Nadie lo notó. Sólo yo.

Esta mañana, por primera vez en demasiados años, abrí la boca y bostecé. Elevé la mirada. Hacia las nubes. No sé, también en ellas noté algo diferente. Llegué hasta el mismo sol y me reencontré con el sublime aliento que nunca debí olvidar.

¿Me cansé de dormir? No lo sé. En realidad, nunca creí que lo hiciera más de lo normal. Siempre pensé que dormía lo justo para encontrar las fuerzas necesarias para afrontar el nuevo día.

¿Será ése hoy? ¿Quizás me equivoqué durante todo este tiempo? ¿Tal vez me soñaba despierta y en verdad seguía durmiendo? ¿Me imaginaba disfrutando una vida plena, cuando en realidad estaba amordazada por una libertad espuria? ¿Una vida de mentira?

Hoy, cuando bostecé, noté que volvía a ser yo. La de siempre. La de Salías, Gallegos y Bello. La que, en el fondo ahora lo sé, nunca se fue. La que creyó esa otra realidad que me contaron de mí.

Hoy me vestí de nuevo en virtud y honor. Todo, por un bostezo hecho grito. 

Cuando bostecé, me sentí nueva. Otra. Diferente. Plena. Libre. Volví a estremecerme con el amarillo de mi sol, el azul de mi mar y el rojo de la (vida/sangre) de mi gente. Cuyo recuerdo no permitiré que se entierre, ni olvide. Son mis valientes hijos. Quienes cambiaron vida por eternidad y forman, ya, parte de mi historia. De su país.

Aún hoy, hay quien los ve como hojas secas caídas del árbol. Para mí, son cada una de las veces que lloré gritando sus nombres. Cada lágrima derramada por ellos estos años de impotencia. De dolor. De madre.

Gracias a ellos, a ti, reencontré mi arcoíris de estrellas.

Todo ocurrió esta mañana. Cuando bostecé. Cuando, perdí el miedo. 

Esta mañana, cuando bostecé… Me cansé de estar cansada. De estar callada. De alimentarme sólo con mis gritos ahogados pidiendo libertad. Desde esta mañana, cuando bostecé, lo cierto es que ya sé que, por fin…  

Hoy Desperté.

Fdo. Venezuela.

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2 comentarios

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Javier Fernandez25 d febrero d 2014 a las 09:37 (UTC)
Conmovedor
allfons.ru-2198
Verónica Oliva25 d febrero d 2014 a las 08:43 (UTC)
Bonitas palabras!

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