Si de amores hablamos 1…

  • 18/02/2014
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Por algunas sobradas razones que solo Dios? puede saber habían quedado solos en la casa; el como de costumbre adelantado a todos llego de primerísimo desesperado por la oportunidad de estar cerca de ella, revoloteando a su alrededor y sin otra cosa que hacer le daba pequeños sorbos a la cerveza que acababa de abrir,  ella terminaba de alistar los últimos detalles de la reunión largas gotas de sudor perlaban su frente que el al observarlas se las imaginaba correr y se deleitaba al verlas llegar a la cima de sus senos y espalda abajo hasta donde le era inevitable mirar en su ir y venir preferiblemente en el ir y se torturaba y envidiaba aquellas gotas de sudor que podían hacer lo que a él le estaba prohibido.

Nunca supo de donde le llegaban esos deseos casi incontenibles tan solo de tocarla, de sentir el roce de su piel en sus manos, en sus labios cuando un obligado saludo le permitía por un instante rozar sus caras en un inocente beso de bienvenida pero que al ser ajena eran sus ojos los que arañaban sus ya no tan juveniles formas de mujer ahogando sus deseos en la contemplación; tal vez fue por eso que aquella tarde en un arrebato irreflexivo al verla pasar muy ligera de ropas, toalla en mano y casi escuchar “me voy a bañar, quedas en tu casa” que sus palabras salieron como quemándole la garganta en tono quedo pero con la seguridad que dan tantos años de ganas contenidas y mirándola fijamente a los ojos le dijo: “si quieres te puedo enjabonar la espalda”… sintiendo seguido como un nudo que le cortaba la respiración no le permitió decir nada más.

Por primera vez en tantos años se había atrevido a tanto, solo bajo su mirada y se sentó concentrándose en la cerveza que calentaba en sus manos; ella no dijo nada, por un segundo quedo como en shock sorprendida por el inesperado y fuera de lugar comentario, respiro profundo y siguió su camino pero a su paso ahora podía escuchar los latidos del corazón de él que cual caballo desbocado sentía que corría a su encuentro para llevarla tan lejos donde no existieran impedimentos para darle riendas sueltas a la pasión, a la lujuria que tantos años de deseos insatisfechos le habían dejado.

Así llego al baño y abrió la regadera pero el agua fría que azotaba su cuerpo no fue suficiente para hacerla entrar en razón y sintió no mariposas en su estómago sino un calor, una fiebre que erizaba sus pezones, todo su cuerpo y un profundo palpitar ya casi olvidado más allá de su bajo vientre.

El sentado a pocos pasos escuchaba concentrado en su caldo de cerveza el agua que golpeaba y corría por ese cuerpo que tanto deseaba cuando unas palabras cual suplica en susurro le pidieron “por favor me podrías enjabonar la espalda?”…

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3 comentarios

Deja tu comentario
Francisco Barcia frankbarcia82@hotmail.com29 d diciembre d 2014 a las 12:48 (UTC)
Gracias igual para usted y familia.
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat28 d diciembre d 2014 a las 16:01 (UTC)
Te deseo toda la felicidad para el 2015.
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat22 d octubre d 2014 a las 11:34 (UTC)
Interesante relato, cuya segunda parte leeré tranquilamente cuando tenga algo mas de tiempo.

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