Vox: ¿una derecha a la derecha de la derecha?

  • 16/02/2014
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Ni la maledicencia, ni el deseo de ningunearnos o despreciarnos van a impedir que los ciudadanos españoles descubran la verdad de lo que está pasando y reaccionen para devolver el poder a su legítimo dueño: La Sociedad Civil.

Joaquín Prieto nos regaló ayer en El País una joyita con este mismo título, pero sin interrogantes. Una afirmación que sirve de carcasa a una carga de profundidad que intenta ser demoledora para VOX. Carga compuesta por una sibilina mezcla de adulación soterrada, de acusaciones de populismo con una gotitas de radicalismo, algo de utopía transformadora irrealizable y asimilación a las extremas derechas europeas como el Frente Nacional francés, por ejemplo. Pero eso sí, que nadie se alarme, muy intencionadamente deja  a VOX fuera de toda sospecha de pertenecer o pretender heredar los viejos movimientos fascistas de la extrema derecha de la transición española. Cosa que sería muy de agradecer, si esta liberación de sospechas y de la mortal etiqueta con la que la izquierda sentencia habitualmente a la postración a sus adversarios políticos, no se debiera a la maligna intención de intentar diluir la fuerza de VOX en “movimientos populistas” (han cambiado de etiqueta) ya superados en  la Europa de hoy.

Pues, ante tan soterrada maniobra (no hay peor enemigo que el que no se ve), se hace necesario desenmascarar esta intentona de rociar de disolvente político, de ningunear, para que se entienda mejor, la extraordinaria fuerza de VOX, cuya identidad personal inconfundible, su característica diferenciadora, su arrolladora e incontenible fuerza de arrastre, es precisamente su vocación reformista y transformadora de los cimientos mismos del primero y gran problema de España: LA FALTA DE DEMOCRACIA.

Porque, no nos engañemos, todos los males de la España de hoy, TODOS, derivan de esa carencia fundamental de cimientos democráticos sólidos en la estructura que nació con la Constitución del 1978; bienintencionada, sí, pero desconocedora, al fin, (parece mentira) de la idiosincrasia española, de los españoles para ser exactos, y de la insaciable ambición de los nacionalismos desintegradores. Si cualquier democracia debe de estar asentada y embridada por unos sólidos e inamovibles cimientos democráticos que se vigilen y se controlen mutuamente, en España esa condición se hace más necesaria que en muchos otros países de nuestro entorno, precisamente por nuestra tendencia a olvidar determinados principios, hacer de nuestra capa un sayo y entregarnos a la picaresca. Cada español lleva dentro un lazarillo versión Siglo XXI, ¡Qué le vamos a hacer!

No creo estar exagerando ni un poco. Basta echar una mirada a nuestro entorno, a la prensa internacional, para comprobar que no pasa en Francia, ni en el Reino Unido, ni en Alemania, ni en Suiza, etc. etc. las cosas que todos, TODOS los días vemos, leemos y oímos en España, especialmente en lo tocante a la escalofriante y vergonzosa corrupción que nos corroe desde los cimientos a la “Torre del Homenaje” de castillo encapsulado, casi enquistado en el seno de la Unión Europea, que es la España de hoy. Y no es que por ahí no pasen cosas. Sí pasan, nadie es perfecto, pero pasan cosas mucho menores a las que se les da importancia capital y se castigan con  leyes inexorables, iguales para todos, o se autosancionan con dimisiones espontáneas de los causantes de la noticia o del desmán. La diferencia es tan simple como fundamental: en los países que he nombrado anteriormente hay democracia formal o están muy cerca de ella, con pequeños matices, y, desde luego, en todos ellos tienen resuelto y perfectamente afianzado el pilar, sin el cual no se sostiene la democracia: La separación de poderes.

Me dirán que en otros sí pasan cosas parecidas e incluso peores. Estoy de acuerdo. Pero ¡Oh casualidad! Son países como Grecia o Italia en los que padecen de la misma fatal enfermedad: La falta de democracia formal.

Los gravísimos problemas de España están en la mente de todos y no me extenderé aquí en detallarlos. Baste con enumerar los más importantes, que lo son no sólo por su gravedad, sino también y sobre todo, por su generalización, por su casi normalización en la vida diaria. Terrible:

-        La corrupción casi institucionalizada, asentada durante larguísimos años desde la más alta instancia de la Nación, hasta los más bajos escalones de la administración central, autonómica, provincial y local, pasando por Instituciones que debieran pertenecer a la sociedad civil, pero que están también incrustadas en el Estado, como los partidos políticos, sindicatos, patronal y toda esa amalgama de fundaciones, empresas públicas y asociaciones de las más diversas especies que desangran los presupuestos del Estado, primero por su propia existencia, en muchos casos innecesaria., siempre por su inadecuada dependencia de los Presupuestos Generales y, con demasiada frecuencia, además, por los abusos a los que son sometidos por la corrupción galopante de quienes tienen encomendado su correcto funcionamiento y control.

-        La inexistencia de separación de poderes, pilar básico de la democracia. En España, un señor, sentado en la Moncloa, dirige el Poder Ejecutivo (lo cual está bien, para eso se le elige Presidente del Gobierno), el Legislativo (lo que está fatal porque debiera ser un poder totalmente independiente cuya misión exclusiva es legislar sin injerencias) y el Judicial (lo que nos sitúa, de manera formal, a la altura de cualquier dictadura o democracia “inmadura” al estilo venezolano).

-        Una Ley Electoral y una Ley de Partidos que propician todo lo descrito en el apartado anterior, porque entre ambas cometen dos errores cruciales para la propia existencia de la democracia: integrar a los partidos en el Estado, en lugar de declararlos  propiedad de la Sociedad Civil e instaurar el sistema proporcional y de listas cerradas en lugar de la representatividad y el Distrito Electoral con candidaturas uninominales y mandatos revocables por los electores, auténticos jefes de los cargos electos. ASÍ QUEDA IMPLANTADA LA DICTADURA PARTIDOCRÁTICA, origen y causa directa de la corrupción y de la inmensa mayoría de los males de España.

-        El paro descomunal, muy por encima de países en teoría mucho más pobres que nosotros y que, además de la crisis que sufre toda Europa, tiene su origen en los puntos citados anteriormente.

-        Las Autonomías, auténtico cáncer de España en lo económico, administrativo y comercial: 17 miniestados legislando y gobernando como auténticas taifas por reyezuelos todopoderosos que, en algunos casos han perdido el sentido de la realidad y que han devenido en nidos de corrupción. Una hidra de 17 cabezas que se come el PIV, otro tanto en deuda y se queda con hambre.

-        El terrorismo y su gestión claudicante, con un empeño enfermizo en declarar extinta a la banda que durante tantos años mató a tantos españoles con unos concretos objetivos que ahora están consiguiendo por la vía de la negociación directa Estado-Terroristas, lo que nos convierte en un caso único en la historia europea y probablemente en la del mundo mundial.

-        Los nacionalismos disgregadores, egoístas insaciables que, finalmente, en manos de unos políticos mediocres, corruptos e irresponsables, han devenido, en Cataluña, en un problema de ruptura con la Nación de la que siempre fueron parte y que tiene asombrada a la UE por lo insólito, lo incomprensible y lo absurdo de la situación  que arrastra al abismo del aislamiento total a 7 millones de españoles. Lo terrible de este problema es que, desde el Gobierno de la Nación, tampoco se han sentado nunca los principios de autoridad y de respeto a la Ley.

-        Habría que hablar de la banca, pública y privada, del asalto a la primera por parte de los políticos que la han convertido en su feudo para financiarse, colocar a sus amiguetes con sueldos repugnantemente inmorales, financiar a las empresas del “régimen” que luego les devolvían los favores con puestos de alta dirección y condonaciones de deudas… y de su trato de privilegio a la segunda, la privada, que ha dejado también de cumplir su función social y de motor de la economía para convertirse en centros de especulación y de acumulación de beneficios increíbles en tiempos de crisis asfixiante para el resto de las empresas.

Ante semejante situación, algunos pueden pensar que todo está bien, que, bueno, que ya se está haciendo lo que se puede por parte de los partidos alternantes en el poder…. Pero lo cierto es que los verdaderos culpables de que la situación haya llegado a un punto insostenible son precisamente los dos grandes partidos que, en connivencia total, han tejido durante 38 años ya, una tela de araña casi infranqueable para proteger el bipartidismo en  el que tan a gusto se encuentran y en el que ha florecido, como la mala hierba, esa insoportable cultura de la corrupción, el pelotazo, del sentirse dueños absolutos e impunes porque lo dominan todo en este su gran cortijo llamado España.

Así las cosas y, sabedores de que quienes nos han conducido a esto y nos han mantenido pertinazmente en el error que les beneficia como casta, pero que nos hunde como nación, no van a ser precisamente los que muevan un dedo para salvarnos, lo natural es que un buen día, renaciera en el pueblo español las ansias de libertad y de limpieza política. Así ha sido. Hace ya tiempo que la sociedad está pidiendo a gritos, a derecha e izquierda, un liderazgo que canalice su hartazgo. De esos gritos, de esa VOZ del pueblo, que pide incontenible el fin de la era de la pseudodemocracia y del sometimiento a una clase política que ha degenerado en casta dominadora y esclavizante, ha surgido VOX y otros partidos, para ser honestos, que desde otras posiciones u orígenes, piden  y proponen básicamente lo mismo: Democracia.

De ahí la falacia inventada por esa casta nerviosa y sorprendida de que alguien, estos pequeños David, ose disputarle al gran Goliat lo que es suyo, su poder omnímodo, considerando que ese pueblo obediente y un tanto borreguil (porque así lo han educado) va a seguir manteniendo su juego sucio.

Pero resulta que ese pueblo, muy a pesar de la casta, ha crecido, se ha desarrollado intelectualmente, sabe distinguir entre democracia, esa que tenemos ahí al lado, en Francia, por ejemplo, y la mentira que durante 40 años (otros 40, Dios mío, cuánto tiempo perdido) nos contaron ellos para perpetuarse en el poder.

No hay populismo, Joaquín Prieto. Hay reacción. ¡Por fin!,  hay hartazgo, hay ansias de democracia de la de verdad. La Sociedad Civil reclama ya lo que le pertenece por derecho propio: la dirección y control de su destino.

Esto y no otra cosa es lo  que propone VOX. Esas acusaciones, veladas unas, como en este caso, y encarnizadas otras, de extremismo, populismo, nostalgia de no sé qué, se caen por su propio peso cuando se lee su Manifiesto Político y se comprueba que, siendo el terrorismo y el separatismo una de sus preocupaciones ¿cómo no?, no son éstas las primeras. En la base de su acción de partido y, esperemos que de gobierno, está devolver al pueblo español lo que le fue arrebatado por la casta política actual: la Democracia plena, el control de su destino, la separación de poderes y la eliminación de todo ese lastre organizativo, territorial y administrativo que ha resultado insostenible desde un punto de vista político, funcional, económico y moral.

España es rica, es noble, es grande, es brava como pocos pueblos lo son. Siempre lo fue. Hagamos uso de esa nobleza, de esa grandeza y de esa bravura para recuperar lo que sólo le pertenece al Pueblo y nos lo habían usurpado ladinamente para robarnos todas nuestras cualidades y también nuestra riqueza.

 

06/02/2014

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4 comentarios

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Javier Yébenes de Paz18 d febrero d 2014 a las 19:14 (UTC)
A trabajar por ello!! ;)
Suiza
Valentín MS17 d febrero d 2014 a las 10:24 (UTC)
Os deseo suerte y fuerza para poder llevar a la práctica, lo que bien expones en la teoría.
Mia-2
PALOMA GONZÁLEZ LOCHÉ16 d febrero d 2014 a las 20:16 (UTC)
Es mucho más que un artículo. Es un despertar. Muchas gracias Lucio. De veras importante.
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José Albino López Cuesta16 d febrero d 2014 a las 20:07 (UTC)
¡Enhorabuena Lucio!
Excelente artículo.

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