Sexo animal

En el mundo animal también tienen cabida todo tipo de formas de expresión amorosa y sexual. Desde la masturbación hasta las mayores aberraciones de pareja pasando por la fidelidad o los celos.

Prepárate para sorprenderte con la fauna de nuestro planeta y descubre algunos comportamientos salvajes frente al sexo:

 

MANIOBRAS DE ATRACCIÓN E INVITACIÓN SEXUAL

El pato de cuchara cambia por completo su triste plumaje pardo por otro verde, blanco y negro, que le reporta belleza y alegría. Si no fuera porque conserva el mismo pico descomunal, en forma de cuchara, podríamos pensar que son dos animales distintos. Esta transformación la realiza cuando ve a una hembra con la que quiere mantener una relación sexual. Lo mismo le ocurre al pato tarro blanco, el cual exterioriza ese deseo de agradar visualmente a la compañera con una bella pertuberancia, de vivo color rojo, que le crece sobre el pico.

Las especies que no tiene la facultad de adornarse intentan atraer al sexo opuesto con otras artimañas y maniobras, en el momento del cortejo. La mariposa pavo real abre sus alas más que nunca, para mostrar claramente sus atractivos colores que la enorgullecen. Otras mariposas, las nocturnas, exteriorizan su estado de celo con un procedimiento distinto y más espectacular: una llamada olorosa que el viento transporta a muchos kilómetros. Estas feromonas sólo pueden ser recibidas e interpretadas por las enormes antenas cuadripectinadas de los machos.

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Semejante procedimiento olfativo lo emplean diferentes animales superiores, entre ellos algunos mamíferos, como el propio lobo; su hembra en celo pone en el aire, a través de una secreción vulvar, el reclamo para el macho, que la sigue incansable kilómetros y kilómetros hasta que ella accede a la cópula.

La invitación sexual también puede ser acústica, como ocurre en casi todas las aves nocturnas y diurnas. Sapos y ranas poseen idéntico recurso: a los machos, exclusivamente durante este periodo, les crecen enormes sacos y globos en el cuello, que actúan de caja de resonancia para mandar la llamada muy lejos.

El urogallo no duda en danzar y contonearse delante de su amada, a la que no toca una pluma sin su consentimiento. El pato colorado es más agresivo: tras el primer baile acuático en torna a la pata, con toda su nuca de plumas erizada, entre castaña y rojiza, pasa a la persecución directa, en un claro intento de forzarla para que acceda a su exigencia sexual.

 

GALANTEO Y PUGNAS POR LA PAREJA

Otro de los aspectos que hay dentro del galanteo de la pareja es el de la ofrenda. El verderón (familia del jilguero) roquero solitario y bejaruco buscan y capturan presas más vistosas y sabrosas que las que acostumbran fuera de este estado emocional. Desean quedar como auténticos machos delante de sus hembras que esperan esas presas como regalos. Se establece así una relación animal (parecida al noviazgo) que se enriquece con besos y caricias. La cabra montesa sustituye el beso en los morros de su pareja por el beso cunilinguo. El exponente máximo de ternura corre por cuenta de cisnes y pingüinos, que se pasan horas mirándose a los ojos, al tiempo que entrelazan sus cuellos y rozan furtivamente las comisuras de sus picos.

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En el mundo animal, al igual que en el humano, a menudo hay disputas entre quienes desean a la misma hembra. El ciervo volador entabla crueles peleas sobre las ramas de los árboles, donde los machos se encaraman para perseguir a las hembras. Los contendientes entrelazan sus grandes mandíbulas, que recuerdan los cuernos de un toro e intentan arrojarse mutuamente al suelo. El ganador, una vez recobrado el aliento, invita a la hembra a situarse sobre una diminuta fuente de néctar que ha conseguido en la corteza de un castaño; cuando la hembra está tomando ese afrodisiaco, allí mismo, el macho se encarama sobre su espalda y consuma la cópula. Más contundentes son los enfrentamientos de los machos de la cabra montesa en donde los machos se dan golpes que podrían resultar mortales para cualquier humano, y que el animal les puede soportar gracias a la doble capa de huesos existente en el lugar donde recibe el impacto.

 

HAY AMORES QUE MATAN

El acto sexual, en otras especies, se realiza un poco a lo loco, al primer descuido de la hembra. Los ratones domésticos llegan a consumar verdaderas violaciones, incluso en pandilla. Se podría decir que estos roedores viven en permanente estado de orgía, pues las hembras están receptivas cada mes y medio aproximadamente. El grupo de los lagartos tampoco posee ningún ritual anterior al acto sexual, los machos lo único que hacen es ser unos auténticos pesados, persiguiendo a las hembras: se ponen continuamente delante de ellas y muestran su cabeza adornada por tonos azules meramente coyunturales. Un pariente del lagarto, la salamanquesa, opta por la violencia como método disuasorio para convencer al galán de la negativa a sus pretensiones sexuales; no duda en propinarle fuertes mordiscos cada vez que sobrepasa la distancia permitida. Aunque parece que este juego la excita, pues no tarda en bajar la guardia y someterse.

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En el caso del sapo común y de numerosos insectos, e incluso de la mayoría de los perros domésticos, el goce se prolonga durante horas, orgasmo tras orgasmo, en coito permanente. En el caso de los perros no es algo voluntario, sino por culpa del denominado hueso pénico, cuyas estructuras se dilatan durante el coito e impiden la retirada del miembro mientras que no alcance su total relajación, lo que puede llegar después de horas.

La mantis religiosa es el ejemplo más claro del dicho "hay amores que matan". Los movimientos de la hembra atraen al macho con gestos de extraordinaria dulzura, y después en pleno clímax, se lo quita de encima con sus tenazas anteriores, lo mata a mordiscos y lo devora. Lo mismo sucede con la araña de cruz pirenaica que, tras nueve minutos de coito, asesina violentamente al macho, que sujetaba con sus aparatosas mandíbulas. En este caso, los estudios sobre arácnidos han demostrado que el apareamiento no sería posible sin el mordisco mortal: los machos, de todos modos, morirían varias horas más tarde, por haberse quedado sin unas proteínas vitales, trasmitidas a la hembra durante el coito.

 

SIMILITUDES DEL COMPORTAMIENTO ANIMAL CON LOS HUMANOS

En cuanto a los temas que los humanos podemos plantearnos en nuestras relaciones, también hay algo que decir dentro la sociedad animal:

- La infidelidad: Infinidad de especies lo toman como algo normal. Es más, las especies fieles se pueden contar con los dedos de una mano, o poco más. La cigüeña blanca es una de estas excepciones. Su vínculo matrimonial se establece para toda la vida, hasta que la muerte les separa.

sexio-anima4 - La poliandria y poligamia: El ciervo es polígamo, que reúne a su alrededor a un auténtico harén. También lo es la cabra montesa, si bien las hembras un tanto descuidadas por el macho dominante consienten en prestar su cuerpo a otros machos, aunque después les cueste una tremenda paliza y queden expulsadas del clan matriarcal.

- La homosexualidad: Parece ser que es normal en el periodo de infancia de los animales. Es algo que en la madurez no tendrán jamás. Claro que esta es una afirmación muy general. Por ejemplo, los chimpancés, después de una pelea, cuando se reconcilian se dan besos y caricias. Incluso el macaco de cara roja que busque hacer las paces con un macho dominante, le ofrece su parte trasera.

- El incesto: En ocasiones es el único sistema de procreación en especies comunes, como conejos o ratas, o no tan comunes, como los chimpancés.

- Los celos. Aunque no son realmente celos, el macho de la libélula "limpia" con su pene en forma de pala, los restos de esperma que otros machos han dejado en la hembra.

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