El poder de la palabra

  • 13/02/2014
  • 1

Las palabras...puede que no se las lleve el viento...no se las lleva el viento ¡Cuidado con las palabras!

El poder de la palabra.

Oí contar una vez que hubo una vez un sabio, poseedor de los conocimientos más profundos, poseedor de aquellas claves que descifraban hasta lo más profundo de los secretos de la condición humana y de sus remedios. Poseedor de fórmulas que desvelaban los misterios de la Naturaleza, sabedor de todas aquellas cosas que desconocían casi todos los mortales. El sabio iba llevando su palabra por aldeas y pueblos divulgando sus conocimientos; algunos discípulos se iban uniendo a él a medida que recorría los caminos. Algunos le comprendieron, pero otros muchos, no. Por más que se esforzaba, la mayoría de las gentes a las que dirigía sus enseñanzas, le despreciaba, al común de los humanos no le interesaba, ni siquiera le entendían, hacían caso omiso de sus palabras cuando no se burlaban de ellas y de él.  Llegó un momento en el que el sabio, cansado de lo infructuoso de sus esfuerzos y del desprecio de la mayoría respecto a sus palabras, que llegó al borde de la desesperación. Desde aquel mismo instante se comprometería al voto de silencio, ya nunca más compartiría su palabra, sus labios jamás pronunciarían voz alguna. El sabio maestro continuó en silencio viajando a pie por aldeas y pueblos; aún así, un puñado de discípulos le seguía fielmente, esperando que en algún momento su maestro les regalara con alguna sabia frase. Pasaron años y décadas, pero el maestro mantuvo su silencio; sus discípulos más fieles nunca le abandonaron, siempre con el anhelo y la esperanza de volver a escuchar en algún momento una de sus sabias palabras;  el maestro siempre se mantuvo en silencio, salvo algún que otro gesto hacia sus pupilos, nada más, ni un sonido, ni grito, ni suspiro…solo silencio. Un día el viejo sabio, agotado ya de su larga vida, enfermó gravemente. Sus discípulos entristecidos viendo la situación de su maestro, decidieron llevarle a descansar a una cabaña con la que se toparon, una cabaña situada en un gran claro de un hermosísimo bosque. Los discípulos consideraron que aquel bello paraje era el lugar más maravilloso que hubieran podido encontrar para despedirse de su maestro en esta vida. Estando agonizante el anciano maestro, rodeado por sus fieles, que le arropaban y consolaban en los últimos instantes previos al comienzo del tránsito; fue cuando uno de los discípulos le suplicó; por favor maestro...antes de irse de este mundo, enséñenos algo, díganos algo para recordarle a usted durante el resto de nuestra vida y para la posteridad de futuras generaciones, déjenos su última enseñanza...háblenos maestro, le rogaron, le suplicaron, por favor, una palabra suya maestro...en esos momentos y al punto de expirar el sabio maestro, exclamó, ¡fuego!... y esos mismos instantes el bosque ardió. Los discípulos comprendieron...

EL PODER DE LA PALABRA.

Denunciar contenido

1 comentario

Deja tu comentario
Mia-2
PALOMA GONZÁLEZ LOCHÉ13 d febrero d 2014 a las 13:19 (UTC)
La palabra es expresión del pensamiento. Siempre lo es. Su importancia es capital pues todo cuanto digas tiene un núcleo de influencia. Hablar por hablar es la mayor necedad, propio de quien nada tiene que decir. El pensamiento puede llegar a crear y la palabra como parte sensorial del pensamiento, también. De ahí el gran cuidado que debemos tener al expresar nuestras ideas. Muy bueno.

¿Tienes algo que decir? Este es tu momento.

Si quieres recibir notificaciones de todos los nuevos comentarios, debes acceder a Beevoz con tu usuario. Para ello debes estar registrado.
He leído y acepto el Aviso Legal, la Política de Confidencialidad, y la Política de Cookies de Universia