Tostadoras, sandwichs y refrescos de cola.

Más pronto que tarde, tocará caerse de la burra y entender que sólo interesándonos por los problemas ajenos, y anteponiéndolos a los propios, resolveremos todos. No falla.

Tostadoras, sandwichs y refrescos de cola.

Parece casualidad pero no lo es. No es casualidad que últimamente las empresas caigan como moscas y todas por el mismo motivo: disminución de la demanda y el consumo.

Lo mismo pasa con nuestros demás problemas, las autopistas de peaje, el déficit de tarifa, los concursos de acreedores, los ERE’s, las ventas de periódicos, automóviles, viviendas, aeropuertos, líneas aéreas… se mire por donde se mire, la causa es la misma: Estamos tiesos.

Claro que siempre nos quedará el consuelo, de que con otros políticos, otra reforma laboral, más competitividad, modificando la Constitución, la forma de gobierno o eliminando la corrupción podremos conseguirlo. Y es que el que no se consuela es porque no quiere.

No hay relación causa-efecto entre las modificaciones citadas y el aumento de la demanda. Las tertulias no crean empleo, las marchas, huelgas y mareas tampoco. Bajar los salarios, poner banderas tricolores en las ventanas, o tragar con un empleo precario a falta de otra cosa,  mucho menos. Si los que vengan harán lo mismo, serán los mismos perros con distintos collares ¿o los mismos collares con distintos perros?

Lo que es evidente es que si la demanda de tostadoras cae, es lógico que las empresas cierren, suspendan pagos o entren en concurso de acreedores. Lo mismo pasará (y pasó) con el pan de molde, los palitos de merluza, y ahora los refrescos de cola. A nadie debería extrañarle, que si no tenemos para comprarle un donut al niño, mucho menos para pagar el recibo de la luz, un peaje o volar de Castellón a Ciudad Real. La demanda no aumenta bajando precios, con más parados, ERE’s o concursos, aumenta con más ingresos, y parando la deuda.

Si la demanda cae por el aumento de la Deuda, no parece muy sensato  tratar de remediar la situación, endeudándonos un poco más, creando más paro,  aplicando ERES’s o colocando Deuda. Por eso cuando se oye decir que necesitamos nosecuantos miles de millones para crear empleo, o dárselos a la abuelita y que así el nieto o la nieta, se compre un coche con PIVE incluido; entran verdaderos escalofríos en verano y tiriteras en invierno. ¿Encendemos la calefacción o ponemos el aire acondicionado?

Para gustos colores, pero antes necesariamente tendremos que procurarnos ingresos y dejar de endeudarnos. Misión imposible mientras sigamos haciendo lo de siempre.

Cuando cierra una empresa, fábrica, hospital o tele , hablamos de una deuda de tantos millones y que afecta a un número concreto de trabajadores. Sin embargo el coste real será infinitamente mayor, si tenemos en cuenta el efecto bomba de racimo y los daños colaterales. En ningún caso hay un solo beneficio, ni uno, por más que nos digan que la medida supone un importante ahorro.

Si analizamos medianamente la situación podremos ver que no beneficia a nadie, ni a la competencia. A nadie le conviene que una empresa pase apuros, cierre o despida trabajadores. Pero si avanzamos un poco en el análisis nos encontraremos con que todos querremos, que todos (empresa, trabajadores, proveedores,bancos, clientes, acreedores, estado, etc) tengamos más ingresos, porque con más ingresos, aumenta la demanda, las ventas, las compras, los pagos, y se reducen los gastos… curiosamente de todos. Basta un dedo de frente para dejar de mirarnos el ombligo propio y empezar a interesarnos por el ajeno. Entre otras cosas, porque si los ingresos ajenos aumentan, la demanda de todos también lo hará. Y ya sabemos que con el bolsillo lleno de euros y el estómago de sandwichs crujientes y tostados, nos entran unas enormes ganas de beber coca-cola o cualquier cosa, comprar el periódico, ir al cine o preparar las vacaciones.

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