Maquiavelo, entre nosotros

  • 30/01/2014
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En cierta ocasión, escuché (creo que fue al gran Juan Carlos Girauta) una frase que me llamó particularmente la atención. Decía así:"El padre de la política, es Maquiavelo, no San Antón". Es la política, precisamente porque las relaciones entre las personas son  imprescindibles e inevitables, el campo ideal para llegar a conocer, en profundidad, lo más oscuro que el ser humano puede albergar. Así, en un tiempo relativamente corto, he podido conocer personas que han sido magnífico ejemplo de entrega y solidaridad. Muchísimo más allá de lo que podría haber imaginado. Personas cuya ambición y la falta de conciencia sobre sus propios límites y capacidades, les han hecho perder la oportunidad de su vida, sabe Dios si para servir a los demás o a sus propios intereses. Personas que reaccionaban a los reveses con insultos, con acusaciones ridículas, o con mala baba, pero a las que, en el fondo, no se puede tratar sino con cierta indulgencia. Pese a sus malos modos, o su rencor, no se les puede exigir mucho más, y, en última instancia, acabamos observándolos incluso con cierta dulzura paternalista, sabiendo que no son conscientes de sus errores.

Viene esto a cuento de un último tipo, propio de novela, muchísimo más dañino y falto de escrúpulos, y que también pulula por este mundo. Aquel capaz de traicionar la confianza, la amistad, de dar por buenos los insultos, la traición, y presentarse, al poco tiempo, como adalid de la pureza, la regeneración democrática, y de la causa de moda...con tal de tener a su alcance el poder. Son especialmente peligrosos, porque sus palabras, van por caminos independientes de sus actos. Siempre juegan a dos barajas. O a tres. Saben ofrecer la imagen conciliadora, y tienen el término justo para el momento apropiado. Pero no esperéis hechos propios de una conciencia tranquila, ni que de sus labios, salga jamás la palabra perdón...a no ser que convenga a sus fines. Una y mil veces estarían dispuestos a apuñalarte, si ocasión tuvieran, y no importa cuan justa fuera la causa que defendieras. Participan en una guerra de aniquilación. No hay cuartel, no hay piedad. Unicamente importa el objetivo final.

Resulta extremadamente difícil evitar que sean éstos últimos quienes tengan la última palabra, incluso es muy probable que sean ellos quienes, finalmente, se hagan con el poder y nos arrollen pero, siendo conscientes de su poder destructivo y de su maldad intrínseca, es preciso, en ocasiones, aventurar la propia reputación y la propia imagen, y tratar de evitar sus acciones, para evitar a más largo plazo males mayores. El tiempo, riguroso juez, tiene así la costumbre de darnos la razón, haciendo que resplandezca la verdad, permitiendo a quienes defienden una causa justa y obran correctamente salvar sus amistades, su honra...y su conciencia. Lavo yo, con éste pequeño artículo, la mía, pues jamás usaríamos la espada, o la pluma, sino fuera en defensa propia. En este tipo de combate, difícilmente puede haber dos supervivientes. Dependiendo del vencedor de estas batallas del día a día, resultará finalmente vencedora una de las visiones del mundo, u otra. La basada en una conciencia limpia, o aquella cuyo único propósito es la consecución, a toda costa, del poder. Ustedes, todos ustedes, deben tomar partido. Y, dependiendo de por quien lo hagan, de su actitud, de su resolución, y de su entusiasmo, podrán volver a soñar con un futuro digno, o tendrán que resignarse a seguir soportando el peso de la esclavitud. En su mano está.

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2 comentarios

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Mia-2
PALOMA GONZÁLEZ LOCHÉ31 d enero d 2014 a las 20:05 (UTC)
Muy cierto, Santiago. El tipo que describes es casi común en la política. En cierta política de "bajura" aunque paradójicamente siempre tiene lugar en la política de "altura" pues nadie sabe cómo, siempre acaban alzándose con puestos donde seguir "maquiavelando a lo pobre". Maquiavelo era muy inteligente y su ejemplo vivo fue Fernando de Aragón, "El Católico", que, a lo largo de su vida, dio más que muestras de saber gobernar.
Dicho esto, te pongo en seguir para no perderme uno solo de tus artículos. Gracias.
20150225_135926
Santi Hernández De Andrés30 d enero d 2014 a las 16:40 (UTC)
No se les puede exigir mucho más (párrafo primero). Seguro que hay más errores. Saludos

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