Convenio, el hijo de la Necesidad y del Ingenio. (primera parte)

Aprovecho la oportunidad para dar las gracias a tanto sobrao y experto. A los de que la ignorancia es muy atrevida. Sin ell@s, como tantas otras veces, nada de esto sería posible.

 

Empecé a escribir, lo que estoy plenamente convencido que será un gran paso en la resolución de nuestros problemas. La historia comenzó en la primavera de 2.011.; Encontré la manera de generar ingresos no impositivos que paran la deuda, crean empleo y reactivan la economía, sin más impuestos, recortes ni ayudas, y lo más importante: sin deuda. La historia debe parecer tan bonita como increible, por eso llevo casi tres años peleandome con paredes muros y silencios. Y sin embargo se mueve, que decía Galileo. Son decenas las redacciones, de todo tipo de medios, que han recibido información sobre el Convenio R.A. y aunque nadie lo ha dicho, detrás hubo un "Quita, quita, no nos vengas con rollos que estamos muy ocupados con la crisis, la marea, la marcha, la huelga o el encierro. He tenido que seguir a mi bola, no había otra opción. Lo que sigue es una explicación paso a paso, de que está pasando. En la segunda parte veremos como dejará de pasar. Para esta historia hay un único culpable, por eso me abstengo de citar a posibles responsables. Todos lo somos un poco, con lo que hicimos y lo que dejamos de hacer. A medida que se deshace la madeja de lo que está pasando, todo empieza a encajar. Lo mismo pasará cuando empecemos a enrollar el ovillo, no habrá atascos ni nudos

teorcra

Convenio, el hijo de la necesidad y del ingenio.

Vivimos en un mundo de necesidades, donde todos necesitamos cosas: bienes y servicios y especialmente cobrar, porque si no cobramos nos deberán o deberemos, y terminaremos necesitando más, que no podremos comprar, ni pagar, porque no tenemos ingresos, es decir, no cobramos.

En pleno boom del no es mi deuda yo no pago, necesitamos imperiosamente pagar, liquidar las cuentas y más concretamente: poder pagar.

Tenemos millones de necesidades cubiertas, más millones de necesidades sin cubrir y muchas  más  necesidades deseadas y contrapuestas. Los estados quieren reducir sus déficits, las empresas ser rentables y abaratar costes para poder competir, los parados trabajo; que aumenten las ayudas y baje la luz , las familias ingresos, estabilidad laboral y disfrutar de vacaciones. Los jubilados pensiones dignas; los funcionarios que no les bajen el sueldo ni les quiten pagas, los contables reducir gastos y aumentar ingresos… Y todos, más servicios, más empleo más ayudas y más bienestar, con menos corruptos y menos impuestos.

Claro que de lo que necesitamos y queremos, a lo que verdaderamente conseguimos, con solo desearlo, hay un trecho ¡y qué trecho!

Y es que con tanto querer y necesitar, pero de boquilla, sólo estamos consiguiendo tener menos, valer menos y deber más. No importa que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, en términos generales, todos perdemos y sólo gana la Deuda.

Pero la Deuda va ganando, por ahora, porque no podemos pagarla. Cuando podamos, se habrán terminado millones de problemas y cumplido más millones de deseos.

Los gobiernos tratan de reducir su déficit  subiendo impuestos, colocando Deuda y aplicando medidas y directrices. Independientemente de los ingresos obtenidos, necesariamente se perjudica a terceros. Aumenta el paro, el déficit privado, y la morosidad, suben los  precios, cae la demanda y  el consumo, aumenta el fraude, la economía sumergida, la piratería, la corrupción y la deuda; mucha deuda.

Paradójicamente la necesidad de ingresos de unos, ocasiona gastos innecesarios a otros, que cada vez tienen menos. Justamente lo que menos necesitan. Las importaciones y las entradas de capital se reducen y si las exportaciones aumentan, no es por otro motivo que la incapacidad del mercado interior para digerir lo que el país produce. Al mismo tiempo, con más paro, más pobreza y menos consumo, surgen nuevas necesidades y reivindicaciones sin cumplir. Aquellos ingresos que iban a resolver un problema, produjeron otros gastos,  que no tenemos con qué cubrir. El siguiente paso que toman los gobiernos es recortar, como forma de buscar más ingresos, aunque sean ficticios, efímeros y supongan una vuelta de tuerca más, que solo conduce a lo de siempre: tener menos, valer menos y deber más. Los ingresos y ahorros por recortes,  privatizaciones y los ajustes en general, no compensan ni siquiera mínimamente, los enormes gastos y necesidades que van a producir. Cuando se suprime un determinado servicio, casi siempre social, para ahorrar, automáticamente se destruye empleo, se originan indemnizaciones y subsidios, se crea malestar, desaparecen  pequeños, o grandes, consumos, empresas y multitud de capacidades de pago. Y es que en el entorno de lo suprimido o recortado, se producen infinidad de daños colaterales con efecto de bomba de racimo. Las subastas de coches oficiales, arrastran consigo pérdidas, desempleo, indemnizaciones y ayudas obligadas a las fábricas de automóviles, suprimen a la vez, mantenimiento, seguros, combustible, neumáticos, cafés con leche, cigarrillos y periódicos. Y la historia se repite una vez más: el aparente ingreso para unos, es crujir de dientes para otros. Para muchos otros.

Pero los ingresos por recortes apenas duran en caja. Su finalidad no es otra que pagar la deuda. Lo mismo sucede con las privatizaciones, no importa malvender lo que sea, con tal de quitarse un gasto no rentable de encima y conseguir un poco de liquidez. Son ingresos que no generan otros ingresos, sino más gastos y más deuda. Lo mismo que vender los pinceles de Picasso; no ahora, sino en vida. Una auténtica  maravilla.

Como el resto del sistema económico no puede adoptar las mismas medidas que los gobiernos para obtener ingresos, se los procuran con subidas de precios, ventas en negro, cajas B, ERE’s, reformas del mercado laboral, ayudas, subvenciones, empleo precario, picaresca, mordidas y economía sumergida. Otro paquete de medidas, esta vez privadas, que producen muchos más gastos que ingresos y por supuesto más deuda.

Cuando el sistema económico falla, como es el caso, disponemos de las ayudas oficiales y privadas; los donativos, quitas, rescates, becas, recogida de alimentos y préstamos blandos. Todos, como no podría ser menos, con cargo a la Deuda.

Cualquier reivindicación de ayuda por lícita que sea, es el reflejo de un fracaso anterior, donde alguien le quitó a otro alguien. Pero no hay problema, para eso está la Caridad y los servicios sociales. Sin embargo, los donativos y ayudas sólo sirven para perpetuar la situación que las produjo. Es la vieja historia de enseñar a pescar en lugar de dar peces. Esto no quiere decir ni mucho menos, que los movimientos solidarios no sean buenos; simplemente que el egoísmo inconsciente nos impide ver otras alternativas. Cuando se concede una beca, se llena una hucha o se envía ayuda humanitaria, nos estamos diciendo a nosotros mismos que mientras tengamos esa solidaridad posterior podremos  permitirnos la licencia de no aplicarla antes. De haber sido solidarios antes y no después, ya no serían necesarias las ayudas.

¿Acaso hay mejor beca, ayuda, subvención o rescate que no necesitarlos? Seguramente no.  El caso es que si las ayudas concedidas nos suponen un enorme coste, el falso ahorro de no concederlas o suprimirlas, es todavía mucho mayor. Las ayudas al desempleo suponen muchos millones de euros, las ayudas a la banca también, pero ¿sabemos realmente cuanto nos están costando las familias sin ingresos, los afectados por las hipotecas y preferentes, los miles de autónomos sin actividad, las empresas cerradas, los concursos de acreedores y las quitas, el hambre, la pobreza y los millones de parados? Enormes costes invisibles pero reales, que no aparecen en ninguna gráfica y de los que hablaremos más adelante.

El bucle de la espiral, por supuesto hacia abajo, lo cierran los enfermos, discapacitados, dependientes, investigadores y damnificados  por catástrofes naturales y económicas, que no pueden hacer mucho más que estar a lo que les den; que si en tiempos  de bonanza es poco, ahora mucho menos.

Finalmente, no podía faltar la guinda del pastel, formada por ese conjunto de cosas que hacemos y que por extraño que parezca no contribuyen en nada a arreglar la situación y mucho menos reportan ingresos. ¿Cuánto aumenta el PIB o el empleo, o se reduce la deuda, con una huelga, un encierro, o una tertulia sobre el imputado de turno?. Más bien poco o posiblemente nada. Después de una marcha reivindicativa, tenemos lo mismo o menos, valemos lo mismo o menos, pero sin duda deberemos más, y estaremos más cabreados.

Suspender las privatizaciones es una muy buena noticia, pero no podemos olvidar que lo realmente importante es generar las condiciones y recursos necesarios, para que en el futuro no haga falta privatizar, recortar,  subir impuestos y por supuesto endeudarnos.

No se trata de dar barra libre a los corruptos o de ladrarle a la luna, mientras el paro aumenta y el contador de la Deuda no deja de marcar; sino de hacer lo necesario para que lo que ha pasado  o está pasando, deje de pasar.

Pero… ¿Qué está pasando?

Básicamente dos cosas:

  • No tenemos dinero.
  • Cada uno va en busca del suyo; de su solución particular, y de este modo jamás resolveremos el problema general, que, por si se nos ha olvidado, es que no tenemos dinero.

Esta respuesta simplista y obvia, demuestra que los problemas económicos son sencillos, mientras sus consecuencias pueden llegar a tener una enorme complejidad.

Razón por la que cuando tratamos el déficit como un problema, aumenta el paro, la pobreza, la pérdida de derechos y otras muchas cosas.

Es curioso como la observación, permite determinar que el déficit NO es un problema para nosotros, sino una consecuencia. Sin embargo, nuestro mismo déficit, SI es un problema para nuestros acreedores, que intentan reducirlo con la imposición de ajustes, deberes y directrices que les permitan  COBRAR un dinero que no tenemos, y que pagarlo nos está costando subidas de impuestos, paro, recortes y la porca miseria que estamos padeciendo.

¿Por qué, pudiendo resolver nuestro problema y sus consecuencias, nos limitamos a sufrirlo, creándole más problemas a la otra parte y a nosotros mismos?

Lo mismo sucede en los concursos de acreedores o cuando matamos la gallina de los huevos de oro.

Esto nos permite llegar a una increíble conclusión:

  • El ganador de la partida (la Deuda) está fuera del tablero.
  • Si hacemos de la solución de nuestro problema,(que no tenemos dinero) la mayor preocupación de quien nos lo está causando(la Deuda), desaparecerán problema y causante. No falla.

La solución de nuestro problema, será también la del de nuestro acreedor. Cuantos más ingresos tengamos, mejor para nosotros y mejor para él, porque mejor podrá cobrar la deuda y nosotros pagarla. Por razones obvias, ambos querremos que la otra parte tenga muchos ingresos, de manera que los enfrentamientos desaparecerán.

Una evidencia rotunda de que nuestro verdadero problema es que no tenemos dinero (al margen de que unos pocos amasen inmensas fortunas) es que si todos, lo tuviéramos desaparecerían todas las consecuencias: (deuda, déficit, paro, pobreza, malestar, deberes ajustes, rescates…) y la espiral comenzaría a girar en sentido inverso.

Los impuestos son buenos y necesarios, pero los hechos demuestran que en tiempos de crisis, las medidas gloriosas de la ortodoxia económica no sirven. Ni subir(o bajar) impuestos, recortar, ayudar, rescatar, indignarse ni mucho menos deber, nos produce el menor beneficio y sí una deuda creciente.

Vamos a resolver esta situación del mejor modo posible, que no será con el gastado “no es mi deuda, yo no pago”, ni con quitas o condonaciones, sino generando ingresos, y haciendo que la espiral empiece a girar en sentido inverso.

Pero ¿con qué dinero? Si no tenemos.

Teniéndolo.

No pagar es bueno(o eso parece) para el deudor, que se quita un peso de encima, pero que traslada al acreedor que no cobra. Y como no cobra, a su vez no pagará a otros y terminará perjudicándose más a sí mismo y a todos los que encuentre a su paso, incluido el deudor.

Al principio vimos cómo poder pagar, reviste la mayor importancia. Es mucho mejor poder  pagar una deuda que beneficiarse de una quita, porque en este caso el deudor tiene dinero y el acreedor cobra (lo recibe) Y eso es bueno para ambos porque no hay deuda pendiente ni perdida.

Tenemos experiencia suficiente para saber que si queremos que pase lo de nunca, deberemos dejar de hacer lo de siempre. Y si con lo de siempre  tenemos menos  ingresos, más paro y más deuda, es el momento de darle una oportunidad a lo de nunca:

Convenio de Reactivación Acelerada, Convenio R.A.

“Generar ingresos no impositivos que paran la deuda, crean empleo y reactivan la economía, sin más impuestos, recortes, donativos, ayudas, rescates y lo que es más importante: sin  deuda.

 

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3 comentarios

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monalisa chida merrimentservice@outlook.com18 d marzo d 2014 a las 11:54 (UTC)
bienvenido
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Lopez Amaro José Alberto30 d enero d 2014 a las 20:14 (UTC)
Muchas gracias Valentín. En la segunda parte, que quizá sea la más interesante, procuraré echar el resto. Desde luego comentarios como el tuyo son el mejor combustible. Gracias de nuevo.
Suiza
Valentín MS30 d enero d 2014 a las 14:57 (UTC)
Explicación didáctica y bien resumida, de nuestros problemas y una vía creíble para la solución o comienzo de solución de la crisis que padecemos.

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