¡Cuidado Con El Perro!

  • 14/01/2014
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Reflexión social sobre un hecho menor.

Si dar la vuelta al perro resulta una gratificación para nuestro amigo cuadrúpedo, también lo es para nosotros, al poder retribuir en un centenar de metros, la devoción con que nos distingue.Eso pensé el 5 de enero último, luego de cenar, al ponerle la correa a Max, mi foxterrier de 7 años. Con el entusiasmo de costumbre, salió a exhibir su arrogancia y porque no confesarlo, su inquieto ladrido.A las pocas cuadras de la partida, distraídos y relajados, caminando muy cerca de la línea municipal, desde el interior de una casa, una manada descontrolada corrió hacia nuestro encuentro. Uno de tamaño descomunal sacó la cabeza entre el enrejado, muy amplio por cierto, ocupando parte de la acera, tomando a mi pequeño ejemplar dela cara, alzándolo y levantándolo del piso unos 15 centímetros. Enumerar las sensaciones y las ideas que se me cruzaron en ese instante fatal, es casi imposible en este poco espacio que le dedico.Frente a mi horror, el pobrecito, cayó al piso, producto del desgarro de sus labios, que se produjo por su propio peso. Relatar la sangre que perdía, el estupor del animal, la búsqueda de veterinarios de guardia, el procedimiento, la anestesia, los 10 puntos de sutura, el estrés canino y humano, los costos consecuentes, es distraer el objetivo del comentario. Más bien, querría compartir la idea de la fragilidad de la vida, ya que podemos pasar como Max, de un ladrido estruendoso, a un desamparo mortal, en pocos segundos, con solo la aparición de alguna circunstancia adversa, lo que lleva a pensar que tal vez, sería pertinente replantearnos sobre nuestro egoísmo, nuestra fortaleza y nuestro accionar.Correlacionado a ello, inquieta la indiferencia de los otros, no solo el vecino que no salió a asistir, ni el que viendo lo sucedido se metió en su casa, sino especialmente los dueños de esos perros salvajes, que arriesgan la vida de los transeúntes, perros o humanos, que distraídamente caminamos por la vereda, expuestos a que los dientes de sus fieras, nos arranquen un pedazo… Ya sea por defensa propia ante fortuitas agresiones o por negligencia hacia los demás, el que tiene animales furiosos en sus casas y más que puedan traspasar a la calle, también es indiscutiblemente violento, y como tal, inaugura y articula el lugar de víctima, victimario a través de acto brutal e injusto.Por suerte, Max, con su recuperación va a volver a estar sano. Los otros perros, seguramente no podrán lograrlo.herida max

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat30 d octubre d 2014 a las 13:52 (UTC)
Has tocado un tema que en verdad me resulta insufrible.
El ir caminando tranquilamente y sentir que una fiera se lanza sobre ti ladrando enfurecido es sobrecogedor.
Gracias a Dios cuando esto me ha ocurrido siempre ha habido una verja que impidiese el paso del animal, pero el susto no hay quien te lo quite. Lástima no haber llevado en ese momento un spray repelente para educar al animal y una ametralladora para lanzar una ráfagas sobre la casa y devolver el susto al dueño de la fiera.

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