La España de Campofrío

  • 08/01/2014
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Señores propietarios y señores publicistas de Campofrío, les habla un español como otro cualquiera al que le ha tocado un poco la fibra su anuncio navideño por lo simplista y plano del mismo, ya que no hace más que regodearse en las actitudes que nos han hecho tomar esta caótica dirección por la que seguimos caminando como pollos sin cabeza. 

Para no andarme por las ramas diré de salida que el spot es francamente casposo: abrirlo con esa resignación a estar a la cola de casi todo de una manera tan frívola roza lo bochornoso, al igual que el hacernos fuertes tras trivialidades de la talla de que nos gusta hablar fuerte, tocarnos, gesticular y demás rasgos que por ser típicos no nos hacen mejores ante nadie. Que no se nos olvide que este también es el país del abrazo y la puñalada y del “pero cómo va a ser bueno si es mi vecino”. El país donde importa más con quién se acueste fulanito o menganita que si tienen o no tienen para comer: me parece una patochada vendernos como solidarios o caritativos cuando la mayoría de veces lo que hacemos es dar lo que nos sobra y no compartir lo que tenemos con aquellos que verdaderamente pasan necesidad. Francamente, ya huele un poco a rancio ese estereotipo del nórdico insolidario que no se preocupa por sus semejantes, básicamente porque es mentira, una de tantas que fraguamos con tanto poderío en el país que cubre de cuchillas las vallas que impiden que otros puedan venir aquí buscando la oportunidad que no encuentran en su tierra.

El español que sale de España no lo hace por la gilipollez de fardar de vivir en una potencia mundial o un país del G-8, nadie deja su casa a miles de kilómetros mas que para intentar buscar lo que es imposible encontrar aquí: un trabajo digno y unas posibilidades de desarrollo que a día de hoy son una gigantesca utopía de los Pirineos hacia abajo. No es plato de buen gusto dejarlo todo e irte con lo ahorrado a verlas venir fuera de tu tierra porque aquí nadie sea capaz de darte la opción de demostrar lo que vales. Es por eso que me resulta acojonante, denigrante, y muchas palabras más terminadas en -ante que el argumento definitivo que hace bajar los brazos al español en su intentona de salir de aquí sea el tempranero horario del cierre de los bares en el extranjero. Menuda traca. Por cierto, al hilo de esto también podríais haber dicho que aunque en el Reino Unido los bares chapen a las ocho, no les tiembla el pulso a la hora de destituir a ministros por el mero hecho de mentir sobre una multa de tráfico o ser sospechosos de algún tipo de fraude, más que nada para que veamos que en esos otros países de los que renegamos se hacen cosas que urge exportar hasta nuestra particular cueva de Ali-Baba en la que nos ha tocado nacer.

Negar la realidad amparándonos en lo buenos y simpáticos que somos es lo peor que podemos hacer en una situación tan humillante como es esta que vivimos, tenemos que ser conscientes de que el conformismo no nos llevará a nada y que el principio del cambio está en las calles y no en las urnas. Apelar al sentimiento unitario de una nación aparece en el capítulo uno del manual del buen régimen autoritario, ese que hace todo lo posible por embaucar a la población haciéndola pensar en que todo esto pasará, aunque no se sepa ni cuándo ni por qué. Al igual que nos hicieron creer que la crisis era culpa de todos, ahora intentan hacernos ver que tampoco es que estemos tan mal, que somos los mejores, pero como he dicho más arriba, no podemos cerrar los ojos: debemos de dejar de pensar que los demás nos tienen envidia porque la realidad es que damos más pena que otra cosa ante los ojos de quienes nos ven desde el exterior. El carácter no sirve para nada cuando te han pisoteado la dignidad una y mil veces.

Desahucios, timo de las preferentes, ERES fraudulentos, abusos de poder, privatizaciones… esa es la España en la que vivimos y no otra y, ojo que, aunque España tenga muchas cosas horrendas tampoco considero que los españoles nos avergoncemos de serlo: yo no me avergüenzo de mi país, me avergüenzo de lo que están haciendo con él quienes nos gobiernan, esos que ahora quieren que seamos positivos; que además de putas pongamos la cama.

“Uno puede irse, pero no hacerse”, aunque bien que se van a paraísos fiscales y se hacen los suecos los banqueros y señoritingos políticos que después de llenarse los bolsillos nos cargan el muerto de una crisis con la que aún siguen ganando dinero.

España de pandereta, sí, de pandereta y chorizo.

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat1 d noviembre d 2014 a las 21:39 (UTC)
He empezado a leer este artículo atraído por el título y no he visto que hablase de otra clase de chorizos que no fueran los políticos,
Esa es una historia que todos conocemos y que no ha comenzado con este Gobierno, que entre otras cosas diré que le gana al PSOE por goleada en honradez y que ahora le toca bailar con la mas fea ya que cualquier medida que se adopte, por narices tiene que ser impopular y ahí entran los salvadores de la patria, no para explicar el por qué de esas medidas sino para exaltar aún mas los ánimos de los que sufren.
Me gustaría leer, si lo tienes, algún artículo que hayas dedicado a Zapatero, cuando hasta sus seguidores bajaban la cabeza de vergüenza, pero supongo que este señor no encrespó tus ánimos con la misma virulencia que lo hace un miembro del P.P., que por si lo has olvidado fue el que nos sacó de la ruina en la que nos dejó Felipe Gonzalez Marquez, que en un gesto digno de encomio dijo no hace mucho que el PSOE debía colaborar con el P.P. dada la situación y alguien de la cumbre dijo mas o menos: "Felipe ya empieza a chochear". Ese es el espíritu patriótico que se respira en el ala izquierda del hemiciclo.
En fin, ¿para que predicar en el desierto?
Con lo que a mi me gustan los embutidos de Campofrío, especialmente ahora que estoy a 14.000 Kilómetros de España y me los has venido a agriar con una arenga política digna de la demagogia de Rubalcaba o de su primo Pablo Iglesias.

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