Ídolos con pies de barro

  • 06/01/2014
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Es posible que a su hijo, o a su sobrino, o a su nieto, o a algún conocido le hayan traído los Reyes Magos una camiseta de su estrella de fútbol favorita: Ronaldo, Iniesta, Diego Costa, Munitis... Son sus ídolos. Mi hijo, sin ir más lejos, desoyendo mis doctos consejos, sigue empeñado en pedir a sus Majestades la camiseta del Real Madrid, dejando de lado la del glorioso Racing de Santander, ese equipo llamado a escribir con letras de oro la historia del fútbol patrio. En fin, tiene tiempo para corregirse... Es lo normal a determinadas edades.

 

Lo que quizá no sea tan normal es que esta semana la Policía haya detenido al jugador alemán del Levante, Chris Lell, por presuntos malos a su mujer. Tras prestar declaración ante el juez fue puesto en libertad. No es un hecho aislado. Otro jugador, Rubén Castro, del Betis, también fue detenido por agredir, presuntamente, a su ex pareja. No piense que es un problema aislado de nuestra liga. También ocurre allende nuestras fronteras. Fue muy sonado el caso Zahia, donde dos megaestrellas francesas, Ribéry y Benzema, fueron acusados de haber mantenido relaciones sexuales con una prostituta, cuando esta era menor de edad. Si quieren más datos, no tienen más que bucear en internet...

 

Como es lógico no se puede culpar a todo un colectivo por el mal comportamiento de unos pocos, pero me preocupa enormemente que nuestros hijos admiren a esta gentuza. Se sube a los altares a tipos por meter goles, y está bien. No nos rasguemos las vestiduras por eso. Lo preocupante es que las generaciones futuras, cegados por esa admiración, piensen que por ser famoso, o rico, tienen derecho a todo. Y lo más preocupante quizá es que nuestros hijos tengan como meta ser famosos pensando que quizá así puedan campar a sus anchas. Dura labor tenemos los padres. Eduquemos en valores. Nos irá mejor. Se lo aseguro.

 

Piensen.

Sean buenos.

 

Continuamos el año con nuevas canciones regalo. En esta ocasión, la elegida es "Sweetest thing". La cosa más dulce. Esta canción la grabó Bono para pedir perdón a su mujer por habérsele olvidado el día de su cumpleaños. Ojalá usáramos más esa palabrita... Perdón. Disfruten. Es U2.

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