La mejor manera de sacar de donde no hay, es meter para que haya.

La crisis, el problema actual y de todos, es en realidad, la consecuencia, de un problema mucho mayor que la produjo. Por eso, todo lo que venimos haciendo para combatirla, supondrá un arreglo parcial, hasta la proxima.

Convenio R.A.

Meter donde no hay, para poder sacar. Física pura.

¿Por qué en tiempos de crisis, nada de lo que hacemos funciona?. La respuesta es mucho más sencilla de lo que podría parecer en un principio. No funciona porque estamos aplicando millones de soluciones particulares a un problema común. Cada uno asigna a la incógnita el valor que le interesa, no el que hace que se cumpla la ecuación. En términos coloquiales cada uno va a lo suyo. Siguiendo con este enfoque simplista, los problemas son sencillos; lo complicado y hasta complicadísimo, son las consecuencias.

Podría parecer, que una familia que no llega a fin de mes, una empresa que no vende, un desahuciado o un banco en apuros, tienen problemas distintos. Pero no. El problema común: que no tenemos dinero, está produciendo millones de consecuencias diferentes…y enfrentamientos.

Cuando llega el momento de buscar soluciones, no nos planteamos el problema común, sino el particular de cada uno. El estado toma medidas para reducir su déficit, pero no piensa en el resto, porque si pensara no las tomaría. La empresa hace lo propio, para aumentar su beneficio, o asegurar su supervivencia en algún caso, pide subvenciones, ayudas o reformas laborales. Y el resto, que ni pinchamos ni cortamos, hacemos lo mismo: tratamos de conseguir lo nuestro de la mejor manera posible. Que curiosamente y en todos los casos, es la peor manera.

Se da por hecho que el problema de todos, no tener dinero, produjo la primera y más importante consecuencia: La Deuda.

La Deuda nos afecta a todos. Hasta a los que tienen saldos de muchos ceros, y les parece que la guerra no va con ellos. Es un proceso caótico e ingobernable, que nos conduce a tener menos, valer menos y deber más.

El problema de fondo, no tener dinero, se arreglaría del modo más sencillo posible: teniéndolo. Claro que cuando una economía es incapaz de generar todo el que necesita para funcionar normalmente y tiene que pagar la deuda, nos encargamos de hacer cosas que generan más deuda y menos ingresos. Y vuelta a empezar.

Al problema de la Deuda, se añade otro si cabe más grave: el pago de la Deuda. Lo de no es mi deuda yo no pago, no parece ni mucho menos la mejor solución, especialmente si a nuestros deudores les diera por decir  lo mismo. Es precisamente el pago de la deuda, el que nos obliga a su- bir impuestos, recortar, ayudar, recoger alimentos, indignarnos y salir de manifa. Muestras evidentes, y particulares, de que necesitamos ingresos. Pero cuidado, mejor que sean los justos para pagar las sardinas, no se nos vaya a ocurrir aprender a pescar y se termine el negocio de alguno. Parece como si nuestro contable trabajara para la competencia, que además de tener que pagarle nos dice cómo y qué tenemos que hacer y no hacer, parados aparte.

Una simpleza más. Con ingresos el Estado tendría superávit, las empresas beneficios, los trabajadores buenos sueldos, los jubilados pensiones dignas, los dependientes cuidados, y la deuda sería mucho menor. Claro que sin generar más ingresos, en pocos años estaríamos otra vez en las mismas. Si quitamos el tapón de la bañera y no abrimos el grifo, tarde o temprano se vaciará.

Este pozo sin fondo tiene solución con nombres y apellidos: Ingresos no impositivos. No significa ni mucho menos, ingresos libres de impuestos, sino que no proceden de variar la fiscalidad, recortes, ayudas, donativos, subvenciones, rescates o préstamos. Tampoco vienen de los Mercados, ni hay que devolverlos.

En este punto, más de una columna de la ortodoxia económica se viene abajo por su propio peso.

Algunos dicen: ¿Cómo vamos a conseguir ese dinero si no tenemos, esta todo muy mal ,se lo han llevado a los paraísos fiscales, han tantos corruptos, etc. ?

Todos los días se producen enormes costes invisibles, pero reales, que nos trasladamos unos a otros. Es el dinero que se va por las alcantarillas, a los ríos, desemboca en el mar, lo recogen los tiburones y después nos hacen el favor de vendérnoslo a un módico interés en Los Mercados.

El Convenio de reactivación acelerada, o Convenio R.A. es la tapa de las alcantarillas, que convierte los gastos que ya no se van, en ingresos invisibles pero reales. Tapamos la bañera y abrimos el grifo. Justamente lo contrario a lo que hemos venido haciendo durante miles de años.

En una transacción normal, el vendedor entrega un producto o servicio a cambio de dinero. A veces si puede ser sin IVA mejor. En el supuesto, el único que “gana” (o que parece que gana) es el vendedor. El cliente, aunque le salga más barato, pagará con creces lo que no recibe el Estado y los otros miembros de la comunidad. Un ahorro que nos sale caro a todos, no produce verdaderos ingresos a nadie y más de un disgusto a posteriori.

 

Continuará...

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1 comentario

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Valentín MS jariza46@gmail.com30 d diciembre d 2013 a las 15:08 (UTC)
Muy interesante, esperamos la continuación.

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