Ser Bueno o ser Malo, he ahí la cuestión.

  • 18/12/2013
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He estado pensando por qué si a mi modo de ver todos aspiramos a un mundo mejor y esto presupone que debe estar lleno de gente buena desde el punto de vista humano no ha sido posible lograrlo aun cuando el colectivo reunido y analizado sea tan pequeño como nuestro barrio, menos si consideramos como un patrón los postulados de Dios porque son precisamente los posibles malos los que avanzan, sobresalen, logran reacomodar sus deficiencias y seguir adelante en la conquista de ese mundo que lejos de ser mejor cada vez está más comprometido en satisfacer el gran apetito de los que detentan el poder.

 

Fue simplificando el análisis que pude notar que cualquier tipo de asociación o grupo de interés está formado en principio por individuos que son los que definen con su actuar no solo sus vidas sino las sociedades en que les toca en suerte vivir,  entonces no son los sistemas son las personas y la Ley Universal que sentencia que solo los más fuertes sobreviven y generalmente los más fuertes son también los más malos.

 

De ahí la mala suerte que casi sin excepción tienen las personas buenas y de buen corazón,  buscando en la historia pude notar que los considerados buenos no llegan a altas posiciones políticas ni sociales y cuando llegan no duran en la posición y mucho menos a acumular riquezas superlativas como los considerados malos que no solo son los más aptos para llegar de cualquier modo sino que son capaces además de eternizarse en poder.

 

Un excelente zapatero (no me refiero al ex-presidente de España) justo en sus precios nunca llegará a millonario,  nadie que se preocupe por alimentar al hambriento hará fortuna a diferencia de aquel que no le importa cuanta hambre exista en el mundo,  solo que el que tenga dinero lo gaste en su negocio y cualquier similitud con un presidente es pura coincidencia.

 

El maestro que enseña con dedicación a generaciones de hombres y mujeres solo se lleva a la tumba la satisfacción del deber cumplido y tal vez la gratitud de sus alumnos;  los que se aprovechan de la pésima educación social y la privatizan,  los empleadores de ese maestro algunos incluso muy religiosos hacen gracias a ese maestro un buen negocio y mucho dinero,  no importa que sean en ocasiones unos perversos “socotrocos”.

 

No es ese médico abnegado que se adentra en la selva a curar el que se hace rico,  es aquel que hábilmente abre un consultorio en la mejor zona de la capital y solo atiende a quien le pueda pagar por sus conocimientos.

Investigué por ejemplo a todos los Santos y ninguno llegó a ser poderoso o millonario en ninguna época;  ni el mismo Jesús tenía un peso para pagar por la última cena y tuvo que proceder con un milagro para que todos cenaran con lo que podía pagar;  un pan y para bajarlo repartió su sangre, pero debió tener un contenido alcohólico tan alto que todos se confundieron y creyeron que la había convertido en vino.

 

Un hombre bueno reclutado para la batalla queda como un número más,  como carne de cañón y pocas veces sobrevive,  solo los más fuertes tienen posibilidades y los más  despiadados combatientes los que suben de rango así como los más brutales asesinos son  los  merecedores además de ser recordados como héroes o estrategas dignos de pasar a la historia y estudiados. 

 

En realidad ni los pobres quieren un presidente noble,  votan por cualquier abusivo, usualmente algún millonario con la suficiente imaginación para engañarlos las veces que sean necesarias porque la verdad es que ni en lo personal ni como clase social puede llegar a cumplir jamás con sus promesas de campaña;  tendría mucho que perder.

 

Tal parece que ser bueno no está en la fórmula del éxito personal,  que ser bueno no paga.

 

Así las cosas es fácil concluir que la humanidad también necesita de las personas malas y no me refiero a los asesinos que pueden ser también considerados héroes si los muertos que se le achacan son del bando contrario;  sino a los ambiciosos,  mezquinos,  egoístas,  a la gente avariciosa,  sin escrúpulos,  los que dicen que el fin justifica los medios,  los capaces de gritar más fuerte para poner en fila al resto de la manada,  los que pueden con las fuerzas de sus puños y de las armas torcer la razón a su favor,  los que ponen a su familia si llegan a tenerla en el lugar que le corresponde,  donde no molesten en su carrera al éxito,  los que solo necesitan un mundo más seguro y mejor del tamaño de sus pies.

 

Es definitivo que no puedes llegar a la cima si no estás dispuesto a competir para ganar,  la mayoría de las veces de cualquier modo,  existen para ello muchos tipos de  “esteroides”  y no solo me refiero al deporte.

 

Personas así son nuestros líderes y exitosos multimillonarios;  tal vez nunca lleguen a conocer el valor de una sonrisa,  pero que les importa si pueden comprar todo lo demás,  gente capaz si es necesario para sus fines de sacarle de la boca el chupetín a un niño.

 

Por favor piensa que el cerebro no lo hizo Dios solo para rellenar el hueco que tenemos en la cabeza y opina para que tu individualidad se haga valer.

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat4 d noviembre d 2014 a las 13:42 (UTC)
Hay mucha verdad en todo lo que dices: Los humildes, los bondadosos y los limpios de corazón, tienen garantizado su fracaso en este mundo materialista en que vivimos.

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