La chica de los platanos.

  • 16/12/2013
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Del libro de cuentos cortos en proyecto: RECUERDOS.

Hay recuerdos que lo marcan a uno para siempre,   llegando a Panamá hace ya más de veinte años tuve una experiencia que quiero compartir con ustedes,   por aquellos días radicaban en Panamá muchísimos cubanos en un tránsito cuyo destino todos sabemos,   resultando al final atrapados en una residencia temporal costeada por familiares y amigos.

 

La situación se les hizo crítica y sin derecho al trabajo en empresas públicas ni privadas no les quedó otra alternativa que salir a las calles;   así comenzó la venta de plátanos en los semáforos de las principales avenidas de la ciudad y la historia es que un día pasando en mi carro por uno de estos semáforos reconocí a una muchacha que en mis años de estudiante de secundaria yo miraba con especial interés,   pero ella estaba muy arriba,   tanto que cuando caminaba sus pies parecían no tocar el suelo y su olor…  a flores silvestres y al rocío de las mañanas todavía lo recuerdo,   pero nada que hacer,   era del grupo presumidas hijas de papá que no miraban a nadie porque sus ojos solo miraban su anhelado futuro en la “Yuma” y yo solo era un mulatico agitador de la FEEM.

 

Ella no se codeaba con nadie ni participaba en nada,  incluso nunca fue por ejemplo a una Escuela al Campo y públicamente se jactaba de eso;   PERO LA VÍ,   en jeans,  chancletas,  sweater y una gorrita de la que sobresalía su pelo en una larga cola de caballo toda sudada bajo el terrible sol panameño con una bolsa en cada mano de carro en carro,   igual de bella pero sin el glamour de antes y con los pies sobre el caliente pavimento.   No podía creer lo que mis ojos estaban viendo,   ni las lecciones que nos da la vida,   estaba recibiendo una lección de humildad,   así es la vida.

 

Pasé al día siguiente y allí estaba,   sin mediar palabras bajé el vidrio le pagué el doble por su bolsa de plátanos y seguí mi camino;   no fue una humillación porque antes no supo que yo existía y después solo era un cliente más,    fue la única vez que me miró a los ojos y sonrió…

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