Porque me quiero… me aporreo?

Pregunta sobre las cirugías estéticas generalizadas

En los últimos tiempos, el auge la cirugía estética es indiscutible,  dándole popularidad y haciendo posible que se realicen en ambientes, personas y niveles antes inimaginables.

De hecho,  los pechos  turgentes,  ya no se ven sólo en la farándula y elite de Miami, sino que habitan en todos los sitios, desde los bancos hasta los subtes,  desde las tiendas hasta los boliches, llegando incluso a ser el regalo elegido de muchas quinceañeras, superando la ansiada fiesta o el viaje soñado.

Pero, las lolas, no es la única posibilidad de cambios en el cuerpo, siliconas doquier,  narices respingonas, párpados y rostros estirados, colágeno, colas prominentes, hilos de oro, lipoaspiraciones, laser, dermoabrasión,  son una nómina a completar indefinidamente con el avance de la demanda, ofertándose  en un mercado cada vez más amplio y heterogéneo.

Lejos de tomar una posición opositora respecto a la práctica ni a la estética resultante, se pone en cuestión la generalización, la reincidencia, la insatisfacción si se quiere del usuario, que tantas veces arriesga  su salud, se expone a sufrimientos, y reitera intervenciones condenadas al fracaso.

Para abordar esta temática desde el plano psicológico, habría muchas aristas, desde la puesta en juego de la identidad, la tan mentada autoestima, los ideales del yo,  los cambios y el paso del tiempo, la relación con los otros, los modelos imperantes o la insatisfacción intrínseca del ser humano, pero prefiero circunscribirme a interrogar la aparente contradicción,  si este fenómeno actual resulta ser un producto del amor a sí mismo?, o por el contrario, se trata de una forma sofisticada de autoagresión?

Más allá de los casos de muerte, a los que de vez en cuando nos alertan las noticias,  ya sea en el acto quirúrgico o como consecuencias de complicaciones o frente a dolores incontenibles, el surgimiento personas  de apariencia similar o atípicas,  gente de edades  indefinidas, de aspecto artificial y hasta plástico, que insisten en modificar un cuerpo que no les agrada a través de una  cirugía tampoco satisfactoria,  resulta inevitable y hasta patético el interrogante irresoluble: Porque me quiero me aporreo? O me aporreo porque no me quiero?

Tal vez vos, tengas la respuesta.

 

 cirugia

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