Así es la ‘versión apócrifa’ del 23-F que involucra al Rey en el golpe

El general Alfonso Armada, fallecido el pasado domingo, fue una de las piezas clave del 23-F, pronunciamiento del que fue responsabilizado y condenado a treinta años- de los que sólo cumplió seis al ser indultado por el Gobierno socialista de Felipe González. En vida negó públicamente ser él quién había manejado los hilos del complot contra el sistema vigente, y haberse ofrecido como presidente del Gobierno de concentración nacional posterior al golpe. Asimismo, Armada rechazaba la tesis que sostienen algunos historiadores de estar al corriente de que don Juan Carlos conocía y consentía los movimientos de los militares, motivo por el cual su intervención en televisión se retrasase hasta la una de la madrugada del día 24.

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El desfavorable contexto económico de los primeros años de la Transición, unido a la manga ancha de Adolfo Suárez en el proceso de desarrollo autonómico, y el incesante terrorismo de ETA habrían sido algunos de los detonantes para que el Rey optase por apoyar el golpe y reconducir así la situación con un gobierno de concentración con el general Armada al frente del mismo. Otro de los factores determinantes para el sí del monarca habrían sido las informaciones que apuntaban a otro golpe de estado de la mano de militares afines al régimen franquista, lo que pondría en peligro la estabilidad de la corona.

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Según el historiador Miguel Palacios, el Rey habría sido el centro de una operación diseñada desde el Centro Superior de Investigación de la Defensa (CESID) y que además contaba con el apoyo de todas las fuerzas políticas que tendrían representación el nuevo gobierno, con por ejemplo Felipe González como número dos, Manuel Fraga como ministro de Defensa o Miguel Herrero de Miñón como titular de Educación.

'Operación de Gaulle'

Se diseñó entonces la denominada ‘Operación De Gaulle’, tomando como referencia a la operación militar del ejército francés en 1958 con la intención de forzar el retorno al poder de Charles de Gaulle, que finalmente fue nombrado presidente de la V República.

Tras el diseño del plan faltaba un factor esencial: el apoyo exterior, relata Palacios en el libro '23-F, el Rey y su secreto',  “para que el gobierno formado tras el amago militar fuera aceptado internacionalmente, y la operación triunfara en todos los sentidos (...) se puso en antecedentes a las cancillerías de los Estados Unidos y del Vaticano, eje diplomático sobre el que basculaba la política exterior de España desde los tiempos del franquismo”.

El hecho de que EEUU no reprobara el golpe de estado hasta que no se restableció el orden constitucional coincidiría con la anterior afirmación. Palacios relata como el presidente estadounidense Ronald Regan quería dar carpetazo al buenismo de su antecesor Carter con la Unión Soviética buscando apoyos en las áreas del mediterráneo. Para ello, era esencial que España ingresara en la OTAN, una acción a la que Suarez parecía reacio.

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El diseño de este plan, aparentemente perfecto, tenía un cabo suelto. Este era el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, quien ya había visitado la cárcel en 1978 por idear el 'plan Galaxia' que tenía por finalidad también derrocar al Gobierno. “Tejero es la figura anticonstitucional que permitió justificar un movimiento de corrección y resultó ser la columna débil”, en palabras de Palacios que recoge Europa Press.

El teniente coronel no habría estado al tanto que la intención de Armada cuando acudió al Congreso de los Diputados, en la hora que se estaba votando el nombramiento de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente, era formar un Gobierno de coalición con representación de todos los grupos políticos, incluído el partido comunista los cuales- según esta versión- habrían estado dispuestos a votar dicha propuesta en ese mismo momento.

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"La operación fracasa cuando Tejero niega la entrada en el hemiciclo a Armada para hacer su propuesta", defiende Palacios. Nadie en aquel momento había planeado qué hacer ante una eventualidad de tal magnitud y no había establecido una plan B “al estar seguros de su éxito”, recoge Palacios en ‘23-F, el Rey y su secreto’. De este modo la única sálida que se podía tomar era abortar el plan y que fuese el Rey el que ordenase la vuelta al órden constitucional.

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2 comentarios

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat29 d octubre d 2014 a las 23:10 (UTC)
Todo apunta a que así fuera.
De no ser así ¿por qué iba a aceptar Milans del Bosch las órdenes del Rey?
victor
Víctor Cela2 d diciembre d 2013 a las 22:08 (UTC)
Yo me creo todo.
Porqué no podría haber sido así? Me cuadra.

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