Delirio póstumo

Lo último de casi todo: último viaje, último suspiro, y la última musa: René

Delirios póstumos

La luna alimenta sus hermosos oscuros ojos. Abismos eternos se ocultan tras su mirada. Es imposible verla y no emprender el camino hacia la oscuridad del alma. Deliciosamente; su cabello castaño es partícipe de la caída. Delgados caminos cuelgan del mismo cráneo, haciendo hervir la sangre hasta provocar el síncope del observador. No se puede sentir otra cosa que fatalidad, feliz y dulce fatalidad ante esos nictálopes ojos.

René es su nombre. Le encanta pisar el tiempo con sus pálidos pies de hielo. Se alimenta de suspiros robados, de miradas perdidas, de gritos afónicos estrellados en la garganta. Su caminar es sublime, quizá altivo, sereno,  incluso ufano. Los paseos nocturnos son sus preferidos. Con brutal silencio recorre las musgosas calles de cualquier ciudad. Ocasionalmente se enamora de algún transeúnte perdido en las venas del tísico concreto urbano con sueños de inmortalidad; ecos siniestros anuncian su andar, consonancia perfecta, empañada brutalidad.

Pestañas pegadas y castañas, antonomasia perfecta; el ritmo de sus pequeños codos dan equilibrio al mundo, al universo, al vacío. Se ha llegado a pensar que René es la hija rebelde del gran cosmos, del gran motor, de la enorme cascada helada a medio día.  Quien tiene la dicha de encontrarse con ella no vive para contarlo, es insoportable su belleza, única en especie.

A menudo, voces frígidas susurran con nostalgia algunas palabras en desuso, pensamientos ensimismados viajan en ondas cadavéricas a través del denso aire que gobierna esta tierra. Agónicos silencios recorren la capital del alma; es difícil respirar, empero, es menester sobrevivir

Montes de lava y valles de vidrio cortado, son los únicos caminos para intentar huir; alrededor de éstos, un enorme abismo vigila las fronteras pobladas de pequeñas mariposas inyectadas con un divino veneno. No hay despueses, al parecer sólo un hay un estruendoso vacío que gruñe por el hambre de existir.

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat4 d noviembre d 2014 a las 13:57 (UTC)
Me ratifico en lo que ya le he comentado en otras publicaciones. Su prosa roza la poesía.
Excelente.

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