Chupacabras, la bestia que devora América Latina

Está en el estado Americano de Nevada, a unos 190 kilómetros al noroeste de Las Vegas. No está en ningún mapa oficial.

El territorio que ocupa es tan grande como Suiza. Este sitio lleva por nombre Nellis Air Force Range, aunque coloquialmente se conoce a este enclave como Área 51. La principal finalidad de la base es apoyar el desarrollo de sistemas de armas y probar aeronaves experimentales.

Los que lo han visto siempre lo han situado en zonas rurales donde abunda el ganado. Supuestamente, este ser ataca a animales para saciar su sed de sangre. El mito nació en la isla de Puerto Rico. Es habitual que se hable de ataques de este ser en América Central y América del Sur

No mide más de un metro. Cuenta con ojos de gran tamaño y una piel verdosa y con escamas. Es el chupacabras.  Un ser, se supone, de procedencia extraterrestre y cuya descripción coincide con la de los alienígenas grises. Además, contaría con colmillos de grandes dimensiones y tobillos largos.

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Su forma de actuación es diferente a la de otros depredadores. El chupacabras únicamente se alimentaría de sangre y no destrozaría el cuerpo de su víctima. Sólo abriría un agujero en el otro animal por donde succionaría la sangre. Además, actuarían con gran sigilo, sin alertar a los propios animales que van a ser atacados o a los canes que vigilan las reses de ganado.

Los casos denunciados no aportaban las pruebas suficientes para argumentar la existencia de estos seres. No hay rastro de huellas y en muchos casos se trataba de una especie predadora foránea.

Se manejan varias hipótesis sobre qué puede ser. La que gana más puntos hace referencia a un ser extraterrestre. Mientras, los ecologistas hablan de un ser que habría mutado por culpa de la contaminación. No faltan los que dicen que se trata de un rumor creado por el Gobierno de México para desviar la atención de la gente.

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Relato común

Los que han sido testigos de sus ataques sostienen que posee unos ojos con capacidad de de hipnotizar, aturdiendo la mente de sus víctimas. El chileno Jaime Ferrer les atribuye la capacidad de irradiar cierta energía desconocida que  provocaría una hipersecreción de adrenalina, aturdiendo el cuerpo de la víctima.  Meras especulaciones. Así definen la gran mayoría estos sucesos. Las pruebas de ADN que se han hecho a los restos de animales encontrados afirmaban que el atacante era un animal. Es más, en Puerto Rico, lugar donde se originó el fenómeno a principios de los noventa Edwin Veláquez (zoólogo), Andrew Álvarez (antropólogo) y Gustavo Adolfo Rodríguez (ecólogo), ofrecieron públicamente una recompensa de 15.000 dólares a la persona que les aportara algún tipo de prueba.

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