Taurinos y antitaurinos

Para unos fiesta nacional, para otros acto salvaje, lo cierto es que tanto sus detractores como sus defensores defienden sus creencias contra viento y marea.

El toreo en España, tal y como lo conocemos, se remonta a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, aunque historiadores de todo tipo sitúan el inicio en las tradiciones de la antigua Grecia.

Las lidias de toros se realizan principalmente en España, Portugal, Latinoamérica, fundamentalmente en México y con menor asiduidad en el sur de Francia.

Los amantes de la fiesta exponen en su defensa que muchos son los escritores y artistas que han reflejado las corridas de toros en sus obras, como por ejemplo Ernest Hemingway o Francisco de Goya. Añaden que el toro bravo es una especie única que se perdería sino fuera destinada por y para el toreo ya que su productividad es nula y el coste de su crianza es muy elevado. Opinan que la lidia es un arte en el que el hombre mide sus fuerzas frente a la bestia y el torero expone su vida en una simbiosis de la vida y la muerte.

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Los más firmes opositores consideran en cambio que el toro bravo es una raza que podría subsistir sin la crianza del hombre al igual que otras especies indómitas. Añaden que el actual toro de lidia no es una especie natural sino adulterada por el hombre producto de una selección artificial puesta a su servicio. La Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura, UNESCO, define el acto de torear como "El terrible y venal arte de torturar y matar animales en público, según unas reglas, desnaturalizando la relación entre hombre y animal. Constituye un desafío a la moral, la educación, la ciencia y la cultura." Diversas asociaciones ecologistas y de protección de animales consideran que la UNESCO debería ser tenida en cuenta y abogan por la supresión de lo que consideran un sangrante espectáculo.

Cultura o crueldad, arte o barbarie, el filósofo español Ortega y Gasset opinaba que no se podía conocer la historia de España sin tener en cuenta las corridas de toros. La generación de escritores y filósofos del 98 consideraba que eran un fiel signo de atraso para España mientras que en la generación del 27 mitificó la figura del torero.

Pasiones y odios, hoy en día, la lidia de toros sigue despertando posturas de todo tipo y ninguna de ellas quiere dejar indiferente a todo aquel que las escuche.

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