Los Señores Piedreros.

  • 19/11/2013
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Hace ya muchos años en un paseo familiar uno de mis hijos muy pequeño entonces me dijo: “mira papá el señor piedrero quiere limpiar el vidrio del carro”…,  seguramente me reí e incluso hasta pagué mi “cuara” y de ese momento feliz viene el título de esta reflexión.

 

Mucho se ha hablado de los  “piedreros”  y casi siempre muy mal,  tal vez porque el resultado de su peregrinar por las ciudades deja una estela de actitudes negativas además de los robos y la suciedad,  los harapos que llevan por ropa,  los pies casi descalzos  y  su mal olor lo peor de todo,  presencia que los caracteriza y los convierten en el enemigo público número tres después de delincuentes comunes y narcotraficantes,  aunque los dos primeros si no están “trabajando” nadie se opone a que se sienten a nuestra mesa en una cafetería o a compartir un taxi.

 

Su denominador común es la drogadicción que día a día los consume y los separa cada vez más de lo ético,  lo moral e incluso del más elemental sentido común.

 

Todo lo antes señalado y mucho más es verdad;  PERO la solución según mi opinión no está en tratarlos como a perros,  para los que existe una sociedad protectora ni en crear granjas de concentración (con la mejor intención y guiadas por las palabras del señor),  pues aunque el último censo tuvo el acierto de considerarlos como un grupo especial las cifras no reflejan la realidad y por ello se equivocan al pensar que de un escobazo se puede “limpiar” la ciudad de tan indeseables sujetos.   Su sanación es más compleja que eso,  nuestro señor Jesucristo estoy seguro apreciaría la intervención y su tratamiento por especialistas en salud mental,  el ejercicio físico y un trabajo manual que los dignifique en lugar del de subsistencia como vendedores ambulantes de bolsas de basura, estampitas con algún versículo o cualquier cosa que les permita accesar a la caridad publica para sufragar los gastos  donde están recluidos.

 

El problema que representan es innegable como lo es también que son en gran medida producto de una sociedad que los crea y después pretende ignorarlos y es triste porque las drogas no reconocen edad,  clase social,  nivel escolar,  profesión,  sexo,  color de la piel  ni religión y tienen un denominador común de desesperanza y frustración.

 

Existe alguna solución?;  siempre hay una salida si tenemos un verdadero propósito e interés social,  donde culpar a la familia no es suficiente.   Cada hombre o mujer nace con la semilla del éxito en su interior,  semilla que hay que regar con autoestima y dignidad,  abonarla con el amor y respeto de una familia para así lograr un niño, niña  feliz que unido a la fuerza que da la salud y la luz de una educación adecuada garanticen un futuro que pueda alcanzar para que en la lucha de la vida no exista la más mínima posibilidad de equivocar camino por vereda.   Esta y no otra pienso,  es la fórmula para lograr el mejor fruto de esa semilla.

 

El Estado,  la Iglesia y la Sociedad en su conjunto deben hacer todo lo posible para que el núcleo fundamental de la sociedad,  la familia,  alcance la madurez y los valores necesarios que permitan este proceso;   sabemos que no es una tarea nada fácil,  pero mientras más demoremos en ejecutar las acciones necesarias será más grande el problema y más difícil su solución.

 

Rescatar a un “piedrero” en muchos casos quizás pueda ser la tarea de arar en el mar,  evitar que un nuevo ser, hombre o mujer que al nacer lleva en su interior la semilla del éxito se pierda es tarea de todos.  

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