Las últimas voluntades más extrañas

Parece ser que aquel deseo que más se cumple es el que precisamente no veremos. La última voluntad de una persona suele ser cumplida. Eso sí, algunas de ellas pueden ser demasiado extravagantes y siempre guardan relación con el carácter del difunto.

No creemos que el momento de morir sea agradable ni deseado para nadie. Pero algunos parece que utilizan ese momento para prolongar el recuerdo que quedará de cada uno de nosotros. Hay personas que han solicitado su última voluntad haciendo un verdadero ejercicio de imaginación y, porqué no decirlo, de sinsentido en muchos casos.

Veamos a continuación numerosos ejemplos de cómo ser un incordio incluso cuando ya no se está presente.

El escritor y de las historietas de Marvel, Mark Gruenwald,, murió con 40 años en 1996 y solicitó ser incinerado y que sus cenizas se mezclasen con la tinta que utilizó para realizar la primera copia de la historieta El escuadrón Supremo.

West, una personalidad de la alta sociedad de California y heredera de un magnate del petróleo murió con 37 años en 1977 y hubo que enterrarla con su pijama de seda y en su Ferrari 330 América con el asiento inclinado para tener  que cubrier  el coche con cemento y no atraer a los ladrones.

  • Malcolm McLaren fue el productor de la banda Sex Pistols. Cuando murió se negaba a que se celebrase un minuto de silencio y pidió que hubiese caos y fiesta. Así ocurrió y su féretro fue paseado por las calles de la ciudad.
  • Arch West, creador del famoso Dorito falleció a los 97 años en 2011 y tuvo que ser enterrado con un frasco de otro que contuviera los Doritos que le hicieron rico y famosos.
  • Frank Sinatra quiso que en su lápida estuviese escrita la siguiente leyenda: “Lo mejor está por venir” y además quiso que al enterrarle, lo hicieran junto a una botella de whisky, una caja de cigarrillos y un encendedor Zippo. Tres elementos que le acompañaron durante su vida y así, hasta la eternidad.
  • Leona Helmsley, una millonaria neoyorquina con fama de excéntrica amasó una importante fortuna además de una pésima relación familiar. Este es el motivo por el cual dejó su dinero a una fundación canina además de doce millones de dólares a su perra maltés “Trouble”
  • Luis Carlos de Noronha Cabral de Camara, aristócrata portugués, falleció en 2007 con una gran fortuna y al ser un solitario, decidió sortear su fortuna eligiendo al azar a 70 personas de la guía telefónica a quien hubo de localizar para entregarles el dinero que les correspondía. 
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