Stop!!!!!!

   Hay un juego al que yo llamaba "Stop" y que ahora llaman "Tutifruti", que es ideal para pasar el rato, o eso creía yo. Jugando con unos niños de ocho y nueve años extraje interesantes conclusiones; algunas, me hicieron reír, otras...no tanto.   

    Resulta que con la letra S, tenemos el color Sombra, el color Serrín y el color Semáforo (que engloba tres, claro está ); con la letra P, tenemos el color Pistón y el color Polipiedra   ( ahí uno no se pilla los dedos, porque no es el color de una piedra, no, es el color de varias ); y con la L, el color Lamprea ( ese color es de nivel avanzado, vaya).   

    El caso es que esta gama cromática singular me provocó más de una carcajada, e incluso ternura por el convencimiento inocente de los niños.    Lo que no me provocó ni risa ni ternura fue la competitividad con la que se enfrentaban al juego. Parecía un duelo a muerte, hasta tal punto que a uno se le saltaban las lágrimas porque sí valía el color Teja y no el color Tomate. ¡Habrase visto!. El dichoso Tutifruti se convirtió en un enfrentamiento personal. Yo estaba perpleja ante la intransigencia de los unos para con los otros.   

    Menos mal que cuando terminó el combate la que sumaba los puntos era yo; así que me las arreglé para que todos, punto arriba, punto abajo, obtuvieran lo mismo. Aquello fue el acabose: miradas de rabia, empujones....  

      Algo debemos estar haciendo mal con nuestros pequeños. Se están convirtiendo en el espejo de las frustraciones de sus padres. Cuando son bebés, tienen que rebasar al vecino en al menos un centímetro ; y pesar de doscientos gramos a medio kilo más. Eso sí, pasados los cinco, ni un gramo de más en esos cuerpecillos. ¡Qué horror!   

    Luego llegan las notas. Si tu primo ha sacado un seis, saca un seis y medio o ni se te ocurra aparecer por casa. ¿Que Luisito va a judo? Pues tú a judo y a informática. ¿Que también va a Inglés? Pues directo a clases de Inglés y de Chino tibetano, que es muy necesario en los tiempos que corren.   

      A un niño se le tiene que dar bien por narices el deporte, la música, cualquier tipo de actividad creativa....son una especie de superhéroes polifacéticos. Ellos no pueden ni con los pies, pero, tranquilos, ya están los padres para comprarles unos zapatos mejores que los de su compañero de pupitre. Con esos vuelan de una actividad a otra.   

    Estos extenuados infantes se muestran ansiosos a lo largo del día. No digo yo, con esa agenda que ni un ministro. Pero entonces llega lo mejor:"¡Este niño es hiperactivo!"." Este niño no se concentra, tiene déficit de atención".   

    Pero bueno!!!! Pero, ¿y cómo se van a concentrar? ¿cómo no van a parecer un amasijo de nervios?. El caso es que se busca al hijo perfecto, y esa perfección es directamente proporcional a lo que los padres no pudieron conseguir.   

      Me horroriza ver el daño que infligen algunos progenitores sobre sus hijos, pero prefiero pensar que es de manera inconsciente. Si no es así, ya podemos ir aceptando los colores Sombra, Polipiedra o Lamprea, o nos tendremos que ver las caras con sus padres.    "Hola, buenas tardes, quiero unos pantalones color Pistón" ¿Que no sabe lo que es? ¡¡¡¡Pues ahora mismo se lo digo a mi padre, idiota!!!!.

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