Momento de eternidad

Un escrito previo al de Aroma post mortem: el momento previo al alumbramiento es el instante que más y siempre se recuerda.

 

 

Momento de eternidad

 

 

Alacranes custodiando el sueño, recuerdos reptando a su alrededor, nostalgias danzando en la oscuridad; no quieren que se despierte y no lo permitirán. La luna pintada con leche tibia, calcifica al cadáver de lo que fue algún ahora; estrellas empalagadas con la dulzura de la eterna poesía, el fuego en estado de extinción.

-No existe una manera sobria de medir el tiempo, menos aún, mi tiempo; los párpados me pesan tanto como el más profundo de los miedos, de mis miedos; no sé ya cuanto llevo dormido, no sé que significa esta oscuridad, ignoro tantas cosas…o quizá, sé tantas cosas que quisiera no ignorar-. Este fue el último pensamiento que adornó el párvulo instante del inicio de la majestuosa infinitud de M.

Entre neblina se vino el último amanecer, su aroma era el preciso para un huérfano futuro. M encendió su primer cigarrillo, tomó asiento en su rechinante mecedora, el primer rayo de luz violentamente rompió la gris y borrosa cortina de tizne. M se dedicaba a mirar con detenimiento las formas de ese humo maldito, que con el paso de una leve brisa en quimera se convertiría.

Las pupilas verdes de M, con una extraña combinación entre temor y curiosidad, miraban al león, al macho cabrío y al dragón, mientras la bocanada se extendía junto a la sombra de la posibilidad de más posibilidades que atan de pies y manos a la vida.

-No es para tanto- inhaló M nuevamente nicotina, mientras el rechinido de su mecedora entretenía al desesperante silencio invasor, pero no a la impávida bestia que paciente lo aguardaba. 

Bastó que los demás rayos de luz aparecieran para deshacer la cortina, pero no fueron suficientes para alejar a la quimera y su sonido a estulto silencio. Era tiempo de entregar todo, era momento de quedar completamente desnudo: el preciso instante de ser eterno se arrodillaba ante M, que lo sabía desde siempre, pero no lo alcanzaba a entender. Quizá en un momento de eternidad los alacranes le permitan el paso, aunque tendrá que tener cuidado con las serpientes y después con las liebres, para que por fin pueda volver a abrir los ojos… momentáneamente.

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