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Encarna de Móstoles y Ludmila, o la historia de un desvarío total. (Fragmento de La terapia)

A veces ocurre que lo que parece no tener nada que ver, termina teniendo todo que ver. Y a la inversa. Sobre todo a la inversa.

Fragmento de La terapia, Octubre 2.011. José Alberto López Amaro.

Convenio R.A. de Ediciones. 

 

..........

Aunque la información adjunta, es más que suficiente, para corroborar mis premisas, me he permitido adjuntar un relato extraído de la web, que aunque aparentemente no tiene nada que ver con los delitos de RFV, explica y clarifica sumamente bien la situación. Puede comprobar cómo el autor del delito, en este caso un robo, no recibe ni una sola llamada de la policía. Cuando pasa eso, en España, decimos que se fue de rositas.

 

Ludmila y Encarna o la historia de un desvarío total.

Ludmila Afanasievna, aterrizó en Barajas, procedente de Kiev.

En la sección de llegadas de la T-4, la esperaba, con un cartel, Anselmo Martínez, un jubilado al que le habían encomendado, a cambio de sesenta euros, recogerla y llevarla a Móstoles, localidad del suroeste de Madrid, donde la esperaba Encarna Sánchez, una también jubilada famosa en otro tiempo por haber salido en una Gala de Fin de año de TVE, hablando de sus hijos, la mili y unas empanadillas que estaba friendo.

Anselmo, pensó que no era mucho, pero como no tenía mejor cosa que hacer, por lo menos estaría entretenido., así que aceptó de buen grado.

Además. el coche, un Peugeot 404 y el combustible, eran del difunto marido de Encarna, y le vendría bien que lo movieran de vez en cuando. Y a Anselmo  que le diera el aire. Siempre metido en la Residencia, no era plan.

 

 

 

 Se aseguraron que por medio de Andresillo, sobrino de Juana, la vecina de Encarna,  la traducción al ucranio estuviera bien. El chaval juró y perjuró que así era.

 

                                             Ludmila de Kiev:

Aquí

Encarna de Móstoles

Людмила з Києва:

варіанти Móstoles

  

 

 Y debía ser cierto, porque nada más empezar a salir los viajeros del vuelo K-091 de Aerosvit Ukrainian Airlines, una chica rubia de unos treinta y cinco años, se dirigió  hacia Anselmo, como una flecha.

Anselmo que estaba parado allí, se quedó aún más. —Madre mía. —Pensó. —No sé qué vendrá a hacer ésta. Pero me encantaría que lo que fuera, viniera a hacerlo conmigo. —

Y aunque el hombre no estaba para muchos trotes, algo se le revolvió en los adentros. Debía ser un vientecillo de primavera, que de inmediato, Anselmo se propuso que debía pasar. Y así fue.

—Hola maja. — ¿Hablas español? Preguntó con una sonrisa y alargando la mano hacia ella.

Ludmila le dijo:

—Zzzsi. Uno pioco. Sioy Ludmila Afanasievna, de Kiev Ukrrania. Eincarrna mie contrató parra trabajá con eia. —

—Y a mí para llevarte a su casa, en la otra punta de la ciudad. Respondió Anselmo.

Cuando llegaron a Móstoles. Anselmo dejó a Ludmila y sus maletas y se fue.

Encarna era una señora obesa de unos 75 años y buen diente, que había trabajado toda la vida con su marido. Al enviudar, como desconfiaba de los bancos y de Hacienda, decidió guardar sus ahorrillos,  setecientos mil euros de nada, en la librería del salón. Justo debajo de la bandeja de la cubertería. 1400 billetes no ocupaban mucho. Se había preocupado de medir  cada billete—160x82 mm—De manera que siguiendo la tradición, podría decir que guardaba el dinero en el colchón, —de la bandeja de los cubiertos, je, je. —Además era un lugar perfecto, donde nadie buscaría.

Con 48x41 cm. podía hacer 15 montones de cien billetes cada uno, dejando el hueco central vacío. Era perfecto. —Y quedaba tan mono…con la bandeja roja encima. —Pensó. 

Después de recibir a Ludmila, enseñarle su habitación, decirle cual sería su trabajo, y sobre todo, hablarle de sus achaques, Encarna le indicó, que empezaría a trabajar al día siguiente. Ahora tenía que descansar, después de tomar una de aquellas infusiones, tan ricas que hacía.

Una semana después, un miércoles a las once y media, cuando Encarna regresaba del Ambulatorio, se encontró con la casa vacía. No había ni rastro de Ludmila, ni del colchón. Por supuesto el dinero había desaparecido.

Se quedó helada. Registró toda la casa no fuera que con aquella cabeza loca que tenía, lo hubiera guardado en otro sitio y no se acordara.

Pero no. Que va. No había ni rastro. Pensó entonces en llamar a la policía. Le habían robado su dinero y lo quería. Cuántas ilusiones y sueños rotos. Aquel dinerito, que tanto le había costado reunir, había desaparecido.

— ¿Quién se lo habrá llevado?, ¡por Dios! ¿Habrá sido Ludmila? —Un sentimiento de odio la recorrió por un instante. —Esa hija de puta se llevó mi dinero. ¡Seguro que sí!—.Pero después dudó. Tal vez no—.Era tan maja y se la veía tan buena chica. Que no creo. —. Si se fue así, tan de repente, tuvo que pasarle algo.

Por enésima vez buscó en la casa. Tan solo había asomado la cabeza, en la habitación de la ucrania. En esta ocasión, se detuvo un poco más. Encima de la mesilla de noche, había una nota. Que decía:

 

Quierrida Encarna:

Tiuve que irme urgiente piorque mi hermana que vive en Marbella, está muy enfierma. No te piude llamar porque no tienia saldo y no quise gastiar diesde  fijo.

Mío tielefóno serrr  874989871, y mio numerro de passapiorte KGB235689L  cualquierra cosa que priecisses ahí estoy. No diudes en llamarme, parra lo que ti haga falta. Le he passsado tu númerro a mía amiga Irina Petrofskaia  Kaiakaia que te llamará urgiente para que no te quiedes colgada y siola.

De vierdat sinto havierme ido de esta manerra. Esperro que saberás pierdonarme, da?, pierdón.si?

Uno beso y grassias muchjas.

Ludmila.  

Desde este momento a Encarna se le borró de la cabeza, cualquier idea inculpatoria hacia Ludmila.

—Imposible, Imposible se dijo. —

—Si hubiera sido ella no habría dejado nota, ni habría tenido la consideración de no usar el fijo. Habría aprovechado para gastar un dineral, en llamar a su familia.

 Tampoco me habría dejado el número de móvil, ni habría dicho que estaba en Marbella. Lo de la amiga Irina, es todo un detalle. Una ladrona no haría algo así. No, No. —  

—Si descarto a Ludmila, ¿quien habría podido ser? Realmente no hay muchas más opciones. —

De pronto, un lamento recorrió su cuerpo, de punta a punta:

—Ay que penita y que dolor, mis euritosss. Sollozó la pobre mujer. La casita en el pueblo que me iba a comprar. Ahora me veo en la calle, seguro. Ay, ay—

Sonó el teléfono. Una voz con apenas acento extranjero dijo.

—Buenos días. — ¿Encarna?

—Sí, soy yo. Dígame. Respondió Encarna.

—Hola, soy Irina, la amiga de Ludmila. Me dijo que había tenido que irse con su hermana Lara, y que la había dejado planteada sin querer. Quierro ofrecerle mis servicios, parra cualquiera cosa que priecise, y diskiulparme en nombre de eia. Dijo Irina.

—Ah, maja, muchísimas gracias. Sabía que Ludmila, no me iba a fallar de ningún modo. Me viene muy bien tu llamada, si pudieras venir mañana por la mañana, sería estupendo.

—Sin prioblema, contestó Irina. — ¿Le viene bien a las nueve?

—No hace falta que madrugues tanto, a las diez está bien. Llevo unos días que duermo fatal.

—A la diez entonces. Uno beso. Dijo Irina

—Otro para ti, maja. Dijo Encarna y colgó.

Después Encarna, empezó a pensar en otros sospechosos.

— ¿Y si fue el cabrón de Anselmo? Hace días que no miro en la librería, y tal vez con la llegada de Ludmila, mientras estábamos en la habitación...cogió el dinero y se fue. Quien sabe—.Eres idiota del culo Encarna, no te puedes fiar de nadie.

— ¿Y si fue la Juana? Con lo mosquita muerta que parece, ¿eh? El día del cartel, hubo mucho revuelo, cuando fui a su casa, la mandé aquí a que trajera la carta con los datos de Ludmila, porque no me acordaba del nombre ni de la ciudad donde vivía. —Víbora más que víbora. —

—Me estoy olvidando del Andresillo y no debería. Esta juventud de ahora, estira más los pies que la manta. Ese pendiente que lleva en la oreja, me da mala espina. Y el de la ceja, más todavía. —Niñato de mierda.

Tenía un nudo en el estómago. No hacía más que pensar que si llamaba a la policía, le iban a pedir muchas explicaciones que no sabría dar. — Puff. — Y después estaba Hacienda.

—Madre mía, que miedo...Por el amor de Dios. Y lloró.

Tomó la firme determinación de poner una denuncia. Marcó el 112 y dijo:

—Por favor, ayúdenme. Me han robado. Estoy fatal. Mis ahorritos del alma, se los ha llevado algún malnacido.

Y se puso a llorar.

Una voz masculina, firme y grave, le dijo. Tranquilícese señora. Dígame sus datos, y vamos para allá de inmediato. No toque nada. Si no se siente segura en casa, salga y espere a que lleguemos. —

Encarna le dio sus datos al agente y colgó.

— ¿Inspector Bermejo?—Preguntó la misma voz que había atendido a Encarna. —Le llamo del 112. Hemos recibido un 326. Robo sin violencia. Por favor, acuda lo antes posible. Estos son los datos—Y se los dio.

Edelmiro Bermejo después de colgar, repasó fugazmente sus 23 años de experiencia en la Brigada Internacional de RFV. Estaba haciendo una suplencia y este era su primer caso de robo convencional. No sabía muy bien como irían las cosas, pero después pensó, que bien. —Muy bien. Se consideraba un Inspector Competente.

—Al regreso de Móstoles, entró en su despacho y pidió a su secretaria, que acudiera urgentemente una taquígrafa. Tenía mucho trabajo para ella.

—Buenas tardes, señorita. Le ruego tome nota de las acciones, que deberá emprender esta Brigada. Seré breve y conciso:

  • Enviar un par de efectivos de la Sección de apoyo Psicológico. al domicilio de Dª Encarna Sánchez. Los datos son estos. Objetivo: Cómo recuperar mentalmente 60.000 euros, que realmente no se van a recuperar jamás.
  • — ¿60.000?- preguntó la taquígrafa.
  • —Si, 60.000, confirmó el Inspector.
  • Enviar una circular informativa a las Entidades Benéficas, de Móstoles y aledaños, para ver qué posibilidades hay, de que aporten alguna cantidad.
  • Encargue un estudio pormenorizado de los billetes de 500, así como de las sensaciones que perciben las personas que los tienen y lo que sienten, cuando se quedan sin ellos.
  • Localíceme un mentalista, que consiga que una persona que ha sido privada de algo, se sienta como si lo tuviera.
  • Quiero una resonancia magnética del cerebro de la Sra. Sánchez y de alguna otra víctima de robo. Asegúrese que le hayan robado la misma cantidad, ni euro más ni euro menos. También si puede, consígame la de algún millonario de postín. En la diferencia estará a clave.
  • Póngase en contacto con la Administración de Hacienda de Móstoles, que le proporcionen los datos fiscales de la Sra. Sánchez. Hay que averiguar de dónde sacó el dinero.
  • Localice en Villaldelbrío de Abajo, a una señora que le iba a vender una casita, a la Sra. Sánchez. Investiguen a fondo si la operación sería en negro o no.  Si hay recibos de contribución pendientes y si la obra, es legal.
  • Que se vigilen todos los movimientos de las dos, noche y día.
  • Búsquele a la Sra. Sánchez un centro de terapia ocupacional. Ya sabe, relajación, respiración, reiki, bordados y cestería. Tenemos que conseguir que vuelva a sentirse, como antes del robo.
  • Infórmela de que las personas robadas, se dejan robar porque el hemisferio cerebral izquierdo, les trabaja más que el derecho. Y aunque con esto no recuperará su dinero, se sentirá mejor. Un par de IRM no le vendrán mal.
  • Cómprenle un metrónomo y que diga muy despacio, previa inspiración abdominal y profunda:”Que bieeen mee siiiento siiin loooss seeessenta miiiil.”
  • Apúntela en alguna asociación de robados, no recuperaran nada...pero estarán muy juntitos.
  • Averígüeme si existen antecedentes familiares. Ya sabe. Un estudio genético si hace falta. Tiene que tener el gen, de los que les roban 60.000 euros. Insisto. euros, ni dólares ni rublos ¿eh?
  • Que respire mucho. Cada vez que abra el cajón de la librería, deberá pensar, que el dinero está allí. Si lo hace bien, terminará viéndolo.
  • Que practique ejercicios de habla coral. Si repite mentalmente con otra persona, “tengo los 60.000 tengo los 60.000” llegará a convencerse de ello y verá que no solo le pasó a ella, semejante desgracia.
  • Confeccione una lista de famosos con foto, a los que les hayan robado 60.000 o más euros. Ver el mal de uno en otros, a algunas personas, las reconforta mucho.

 

  • Y bla…bla…blá.

 

El inspector  Bermejo, no paraba de dar instrucciones y más instrucciones.  Mientras, Tere, la taquígrafa, empezaba a repasar mentalmente, el árbol genealógico de Bermejo, con fines nada claros.

     El Comisario hizo una pausa...y pensó:

—Ya te tengo... joputa...ya te tengo...

 

Mientras, en una tumbona del  Marbella Hilton, Ludmila Afanasievna mordió la aceituna de su Martini seco. Se acostó boca abajo y dijo:

 

—Maniolo, carrinnio... ¿mi piones uno  pioco de criemita?

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