¿Qué hago con tanta verdad?

Hay verdades, que de chicos solemos disfrazar… pero cuando uno crece, merece, por tantos años de silencio poder gritar:

Hay verdades, que de chicos solemos disfrazar… pero cuando uno crece, merece, por tantos años de silencio poder gritar:

-El chavo del 8 era un tipo, no un niño, tenía pelos en sus piernas… lo vi.

-El hombre de la bolsa no te viene a buscar si no te comes toda la comida, en realidad, es al revés, se llama Cormillot y viene si comes de más.

-“Mi pequeño Pnony” no era pequeño… todos los ponys son bajitos.

 

 Y uno piensa que porque el niño es niño, merece o es objeto de  convertirse en una especie de plastilina moldeable en donde nuestras veracidades cobran fuerza, haciéndose mitos o leyendas…

 

-No, definitivamente un pedazo de tafeta roja, por más alta calidad que tenga, no levanta vuelo, como durante años vimos funcionarle a todo tipo de superhéroes (No me pasó a mi, le pasó a un amigo mio)

-La calesita, señores, no va a ningún lugar: Te subas a cualquier tipo de vehículo o tracción a sangre, escuches la música de “Xuxa” o un disco de los “Sex Pistols”, dejá de saludar a tus padres con tanta nostalgia… Estás girando en círculo.

Buen… ni hablar de la cigüeña y la sandía con vino… Eso es un capítulo a parte

¡Hasta la próxima!

Ale Tanús

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat30 d octubre d 2014 a las 12:28 (UTC)
¿Y que seria de una niñez en la que no hubieran fantasías?

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