La glosolalia o el don de lenguas

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El don de lenguas se ha registrado, a lo largo de los siglos, en numerosas culturas y situaciones. Pero, ¿cuál es la causa de estos extraños accesos?

Hablar en diferentes lenguas sin causa aparente es una de las técnicas que muchos chamanes y hechiceros de todo el mundo realizan, sobre todo si se trata de la lengua de los fantasmas, antepasados, espíritus, dioses y animales totémicos.

En en sentido más estrico, glosolalia se define como una enfermedad (en griego, glossa, "lengua"; y lalein, "hablar"), que afecta al lenguaje y que consiste que consiste en la invención de palabras adjudicándoles un significado. Esta enfermedad, la glosolalia, es padecida por todo tipo de peronas, sin importar la raza, como es el caso del conocido escritor estadounidense J. D. Salinger.

Este fenómeno, tuvo su época de apogeo tras la Reforma, aunque ni Lutero ni Calvino la incluyeron en sus doctrinas. Al parecer, el hablar en lenguas era frecuentemente una expresión de tensión, como en el caso de las sucesivas controversias entre jesuitas y jansenistas, que duró casi 80 años y provocó casos de glosolalistas entre estos últimos. Coincidiendo con esto, en aquel período ocurrieron extraordinarios incidentes entre los camisards, franceses protestantes que vivían en las montañas de las Cévennes. Cuando su libertad de culto fue revocada en 1685 y se intentó imponerles la fe católica, se sublevaron. Tres mil de ellos resistieron frente a las tropas monárquicas (unos 60.000 hombres), hasta que finalmente sucumbieron en 1705. La enorme tensión que afectaba a estas comunidades guerrilleras, continuamente acosadas y sujetas a tremendas atrocidades una vez capturadas, dio lugar a sucesos paranormales, incluyendo estallidos de xenolalia. Miles de "pequeños profetas de las Cévennes", niños de 15 meses en adelante, predicaban interminables sermones en un francés excelente, lengua bastante diferente de su propio dialecto holandés. Algunos camisards emigraron a Inglaterra. Dos generaciones más tarde, Ann Lee, fundadora de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, también llamados shakers, hablaba en lenguas. Al ser examinada por cuatro sacerdotes anglicanos, se dirigió a ellos en varias lenguas aparentemente identificables. Estos, acobardados, aconsejaron que se la dejara en paz; pero la persecución la obligó a emigrar a América.

La posición que ocupan los chamanes en sus sociedades corresponde más o menos a la de los sacerdotes y los antiguos santos en el mundo cristiano. Desde finales del siglo I d.C., un cristiano corriente que sufriera este tipo de caso habría sido exorcizado en el mejor de los casos, o incluso ejecutado por traficar con el demonio. Hay una serie de santos que también fueron glosalistas, como por ejemplo San Pacomio, un abad egipcio que afirmaba que hablaba con los ángeles y escribía en un alfabeto místico que sólo entendían otros glosalistas. La alemana Santa Hildegard (1098-1179) hablaba y escribía con un alfabeto desconocido fundamentado en un lenguaje extraño que tradujo al alemán. Muestras de él se conservaron, publicaron y analizaron, llegándose finalmente a calificar de revoltijo de alemán, latín y hebreo. En el caso de los espíritus africanos Zar, la víctima de la posesión es siempre una mujer, y el intérprete es también otra mujer. La exorcista se dirige al espíritu Zar en su propio lenguaje esotérico, que no puede ser comprendido sin su intervención. El Zar solicita espléndidas ropas, perfumes y otros artículos de lujo a través de los labios de sus víctimas; por un precio módico, la exorcista interpreta estas peticiones para que el marido sepa de qué se trata. La mujer enferma llegará a reponerse si las demandas del espíritu se cumplen.

glosolalia

En las comunidades de shakers, las danzas rituales, que constituían la principal manifestación de culto, desembocaban a menudo en estallidos de glosolalia. Algo parecido sucedió con los mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos Modernos): su fundador, Joseph Smith (1805-1844), era glosolalista, y en sus artículos de fe afirmaba su creencia "en la interpretación de lenguas". Los mormones modernos consideran el don de lenguas como un fenómeno real, pero de limitado valor espiritual, y es comprensible que la desaprueben.

En Escandinavia, en 1840, se declararon epidemias del llamado "mal del sermón" durante el culto que incluía la glosolalia. En los años 1850 el gran resurgimiento en la Iglesia Ortodoxa rusa en Armenia dio lugar a una expansión del don de lenguas en aquella zona hasta los años 1900. La moda, llevó incluso a un grupo de 40 estudiantes de la escuela de Bethel, en Topeka (Kansas, Estados Unidos) a tomar el bautismo del Espíritu Santo, cuya señal era el don de lenguas. El 31 de diciembre de 1900, un pastor, C. F. Parham, impuso las manos a un estudiante, el cual empezó a emitir un torrente de sílabas ininteligibles. Otros treinta siguieron su ejemplo en días sucesivos. Esto marcó el inicio del moderno Pentecostalismo.

Efectivamente, el hecho de hablar en lenguas tiene un lugar señalado en el culto Pentecostalista, pero igualmente importante es el don de la interpretación de lenguas: un fiel comienza a hablar en un idioma que nadie conoce, e instantáneamente otro fiel se pone a traducirlo, aunque tampoco conozca la lengua. Si bien este fenómeno es poco frecuente, no deja por ello de ser extraordinario. Varios miembros de la Iglesia Pentecostalista de Barcelona afirman haber recibido "el bautismo del Espíritu Santo", y haber hablado en lenguas. Sin embargo, según ellos, éste no es el único don del Espíritu Santo. Apoyándose en las palabras de San Pablo, declaran que "hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo". Los otros dones son la sabiduría, la ciencia, la fe, el don de sanar, la profecía, los milagros y la interpretación de lenguas desconocidas.

Un caso típico fue el de una médium inglesa conocida como Rosemary, que en los años treinta empezó a revelar recuerdos de antiguas encarnaciones, las más importantes de las cuales pertenecía al antiguo Egipto. Un egiptólogo, Howard Hulme, la examinó. Rosemary oyó palabras en lengua egipcia, y más tarde Nona, el espíritu de una egipcia que había conocido en su vida anterior, habló a través de ella. Se hicieron grabaciones de algunas de aquellas sesiones. Una vez, durante casi dos horas, Nona contestó las preguntas que Hulme había preparado: en aquella sesión emitía sonidos que parecían ser aspiraciones guturales, consonantes extrañas y construcciones peculiares de una lengua que murió hace 3.000 años. Desgraciadamente, nadie sabe en la actualidad cómo se pronunciaba la antigua lengua egipcia. Un grupo de expertos, tras haber analizado las frases pronunciadas por Rosemary, emitió un juicio ambiguo.

Uno de los casos más extraños de glosolalia escrita es el sucedido a la médium suiza Hélene Smith. Ella afirmaba que abandonaba su cuerpo y visitaba seres del planeta Marte que le enseñaban la lengua marciana, que ella hablaba y escribía. Además, en algunos de sus trances hablaba en indostaní. El profesor Theodor Flournoy. de la universidad de Ginebra, examinó el fenómeno. El indostaní resultó ser auténtico, pero el marciano poseía una sintaxis casi totalmente similar al francés materno de Hélene. El profesor definió su indescifrable vocabulario como un producto del subconsciente de la médium, que en aquel caso se revelaba extraordinariamente brillante y creativo. Por otra parte, actualmente se sabe que no hay señales de vida en Marte, y no hay noticias de que nadie hable ningún lenguaje marciano.

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