La verdad, no sé

Cuando el orgullo, la vergüenza, el miedo o la indiferencia son más grandes que la incertidumbre.

Y es que es muy particular la dificultad que poseemos para lograr que salgan de nuestra boca las palabras: "no sé", "no entiendo".

Parte de esta traba fue construida por la sociedad, pues a uno le resulta incómodo descubrirse ignorante ante los demás. Y cómo no, ¿a quién no le han señalado los siguientes cuestionamientos?

"¡Cómo! ¿no entiendes?", "¿No sabías que era así?", "Pero que, ¿vives en Marte?", "¡Qué lento, no captas nada!"

En la escuela le permiten a uno hacer cierto tipos de preguntas, acordes con un tema, a la hora adecuada, en la materia correcta y con la aprobación del docente. Las demás se evaden, se minimizan o se posponen. Lo mismo se traslada a la familia, la iglesia, el trabajo y así hasta infectar a la sociedad misma y va de regreso.

Ya sea de forma explícita o tácita, se condena el decir "no sé". Si uno pregunta, es porque no entiende o no sabe, y no queda bien exponerse como ignorante de algo. Parece como que generara vergüenza, propia y ajena.

¿Por qué? ¿Por qué se supone que uno no puede preguntar? ¿Por qué se supone que uno tiene que entender aunque uno no entienda? ¿Por qué está mal volver a preguntar algo que se supone que uno sabía pero que se olvidó? ¿Por qué? ¿Por qué no aceptar que vivimos constantemente sumergidos en una duda? ¿Por qué no valorar la duda como motor del aprendizaje, del conocimiento?

¿Y si estimulamos a los jóvenes, a los niños y a nosotros mismos? A preguntar y preguntar, a buscar y rebuscar para encontrar, aprender o construir aquello que a primera vista parece inalcanzable. A mostrarles que tampoco tenemos todas las respuestas, pero que estamos ávidos en encontrarlas, compartir el entusiasmo por el conocimiento y recordar que el conocimiento no se formó de inmediato, hubo muchas pruebas con sus muchos errores. E incluso, seguramente alguien se hizo la pregunta "¿por qué?", y claro, obtuvo la respuesta "no sé" sin vergüenza o miedo, al contrario el "no sé" llevó a otras preguntas hasta que se llegó al "por esto...".

Quizás uno llegue a la conclusión de que en esencia sabe poco y conoce muy poquitas cosas, pero lo hermoso de la vida es descubrir, admirarse de lo nuevo, ser iluminados por el conocimiento y tener el privilegio de poder decir “no sé, no entiendo”.

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