Locuras de escritor

  • 14/10/2013
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cuento

Locuras de escritor

Eran las cinco de la madrugada, la máquina de escribir repiqueteaba en el silencio de la noche, de entre las yemas de los dedos seguían surgiendo escenas y personajes que la mente creadora de escritor hacia que fluyesen con gran agilidad, convirtiéndose en la savia de sus venas. Estaba en los capítulos finales de su novela, lo que le tenía sumido en una excitante fascinación, se sentía particularmente identificado con el personaje principal, a lo largo de los capítulos había ido ganando una fuerte personalidad. Sin darse cuenta comenzó a hablar en voz alta con su personaje a la vez que sus manos seguían imantadas sobre las teclas.
-Axek, eres un excelente protagonista.
-no podía ser menos viniendo de una mano creadora como la tuya. Claro que las ideas son mías.
-en eso tendríamos que diferir un poco los dos, yo te he creado, de modo que las ideas las he introducido yo en ti.
-¿estas seguro de eso?, no creo que lo puedas realmente afirmar de forma irrefutable, ¿nada sabes realmente de mí?.
-se lo suficiente como para hacerte el protagonista principal y darte la personalidad que tienes.
-la personalidad que yo me he moldeado querrás decir.
-no, lo he dicho bien, te he moldeado yo con mis ideas.
-te repito que tus ideas están fuera de mí contesto, no te das cuenta que yo tengo vida propia.

Soltó rápidamente las manos del teclado, la ultima respuesta le parecía tan real, encendió un cigarrillo y aspiro el humo con ansias de que con él llegase la calma de tan oscuras ideas y se disipasen aquellos pensamientos, pero más bien era una vana esperanza, el humo del cigarro entraría en su cuerpo pero no nublaría la presencia de su personaje.
-creo que me estoy volviendo loco, tengo que poner ya el final o esto no se acabara nunca.

Dijo Arturo en voz alta, en un intento de convencerse a sí mismo, el cigarro se mantenía colgado de las comisuras de sus labios y de forma automática como arrastrado por una extraña fuerza, se posaron sus manos en las teclas y continuaron su baile, entre el murmullo de la conversación mental.

-Arturo, yo soy el protagonista, yo pondré el final, ¡teclea!, ¡Teclea!.
-Axek, esto es una locura de mi enferma mente escritora, yo no vendo mi alma como Doris Gray.
-no es cuestión de sí vendes o no tu alma, eso sería entrar en filosofías que nada tienen que ver con la historia.
-¿qué nada tiene que ver con la historia es este dialogo absurdo entre tu y yo?.
-¿y quién te ha dicho que este vaya a ser el final?,Yo estoy aquí muy cómodo me gusta el papel que interpreto y tengo por fin una propia vida.
-mira realmente el que esta loco eres tu.
-yo, que soy el producto de tu mente y manos, o sea que tú estas loco también.
-si eso debe de ser, por ello me hice escritor, ya desde pequeño todos me veían un tanto extraño, claro que de ahí a pensar que tengo uno de mis protagonistas con vida es otro cantar.
-cantar, si eso no estuviese mal,¿qué te apetece oír?
-¿qué?, Va esto sería ya el colmo
-colmo, esto es el colmo, grita mi creador, colmo de mis ideas en clamoroso esplendor, colmo.....
-¡calla!, cállate, no te quiero oír cantar
-entonces sigamos con mi historia, ya que esta es mía tu vivisteis la tuya y no voy a permitir que viva esta por mí. No estoy dispuesto a que cambies mis deseos.
-y se puede saber que deseos son los tuyos?
-todos los que tu has perdido en el tiempo.

El silencio se hizo denso, Arturo se levanto y se dirigió a la ventana los visillos descorridos permitían entrar los tenues rayos de luz del amanecer dibujando sombras en la habitación, soplaba un suave viento de levante que hacía que el otoñal día fuese más cálido de lo habitual, el ventanal daba al sur, dejando ver el azul del mediterráneo confundiéndose con los tonos fuego del cielo. Hacia tres años que Maria había muerto, la innombrable enfermedad de este siglo la había alejado de su espacio visible no de lo profundo de sus sentimientos, enfermedad que había contraído en una simple operación de apendicitis, encima habían tenido que ocultarla a la mayoría de sus conocidos. Ella era su autentico sueño perdido, por ello era la otra protagonista de su novela, el gran amor de Axek, la lucha por su vida, su motivo principal en la vida y él sabía que tenía que morir en la ficción como en la realidad, se estaba volviendo loco, no podía estar pensando que Axek tomase tanta vida solo para salvar esta vez de la muerte a Maria.

Volvió a sobre el teclado con deseos de terminar, sus manos siguieron aporreando las teclas
minuto tras minuto, letra tras letra caía cargadas de manchas de fuego con lo restos de dolor, mezclados con lo grises sentimientos que la muerte deja tras su paso, no se levanto de su silla hasta que puso el punto final de ultimo capitulo, ahora se tomaría un café y descansaría un poco en la felicidad ganada, nunca mas sentiría la soledad en su interior, Axek era él y el era el protagonista. Pensó en Maria prepararía un café para ella con tostadas y se la llevaría a la cama, le gustaba tanto desayunar con ella en aquella intimidad, aspiro fuerte y se dirigió a la cocina feliz de tener su vieja vida compartida con sabor a café.

Xesca Almécija

 

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