Con un poco de miedo

  • 14/10/2013
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Los temblores siempre ponen a prueba la humanidad de la Humanidad, ¿qué sucede cuando somos observado en tal situación?

Con un poco de miedo

ahorcado

 

Recuerdo que hace unos días la ufanidad desapareció momentáneamente, algo así como el llanto al nacer (claro que un poco menos trágico). Comunes somos y comunes moriremos, por más que ansiemos la excepcionalidad, lo mejor es aceptar la vulnerabilidad que nos rodea y que rodeamos, así evitamos el desgaste irracional (fuente de vida). Aunque cabe aclarar que no soy patriota de la razón, pero esto no implica que la estupidez tome el mando; desafortunadamente existen racionalistas estúpidos y contra esto ni las palabras caben, pero es mejor hablar de otro momento.

El día se venía bañado en normalidad, aromatizado con rutina; su dorado cabello se veía grisáceo, quizá el tinte se le terminó. Todo mundo a su mundo: tráfico, aglomeración, empujones, mentadas de madre, regodeos, subastas de belleza, repelentes para la fealdad ¡qué sé yo del mundo! ¡Bah!

Cada cual,- imagino-, ese día llegó a su destino. Un café para iniciar las actividades, entre huraños sorbos empezar el espasmo de la sociabilidad: “¿cómo está usted?, ¡buenos días! ¿Cómo sigue su hija? ¿Qué le pareció el partido tal?” Etc. Palabras a la alberca que necesita d-e-s-i-n-f-e-c-t-a-r-s-e profundamente.

Normalidad y más normalidad: miradas, palabras, estornudos, alguna tos perdida en el estruendo, bisbiseos, sonidos de herramientas, caja de silencios… ¡Por fin una pedrada al Todo! ¡El vidrio se rompió! un ensordecedor sonido de alarma, ¿incendio, guerra o temblor? Nadie preguntó. Varios roedores, algunos reptiles, pocos mamíferos, ni un sólo hombre. La leche derramada sobre la mesa, ¡qué desperdicio!... las placas tectónicas alzaron la mano.

Chalecos anaranjados intentando controlar la estampida, ¡qué vergüenza! ¡qué certeza! El miedo latigueando las espaldas de las bestias, gritos con sonido a muerte, empujones entre los cadáveres con vida, la rueda girando por los escalones, no hay freno, es el fin, la expiración eterna toca su sinfonía con la orquesta de la vida: adiós, “me di cuenta que te quería por eso te ignoré, perdón”… ¿Perdón? ¿Con un poco de miedo?

¡Mentiras, mentiras y más mentiras! ¡Mierda por doquier! ¡Qué batidillo! ¡Qué asco! ¿Quién iba a pensar que semejantes seres “civilizados” ensuciaran tanto mi patio?

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1 comentario

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Sary Gartxia López25 d abril d 2014 a las 16:59 (UTC)
jaja me encanta :)

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