Nazaré, ciudad de vacaciones portuguesa con encanto local

Descripción de un último viaje a este pueblito portugués a orillas del Cantábrico, cerca de Lisboa.

Es la segunda vez que acudo a este pequeño pueblo de la costa atlántica portuguesa en busca de relax. La primera vez no tenía más de doce o trece años cuando vine acompañado de unos padres viajeros e inquietos que habían decidido finalizar el período vacacional en este lugar veraniego y tranquilo.

Sin embargo, en esta ocasión vengo aquí para mostrarle Nazaré a alguien, o tal vez al contrario.

 

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Sí, en efecto a veces bien parece que esta localidad está viva, que tiene una especie de personalidad propia, soleada, diáfana y alegre, que huele a sardinhas desecadas junto a la playa y que recita aluga-se quartos a la sombra de cada esquina blanca; es el hermano menor, el descuidado y bohemio, el surfista loco y vagabundo...

Y a la derecha de las arenas de la playa principal, como si su personalidad fuera doble, otra parte del pueblo se ubica sobre un prominente acantilado; es la mitad seria y señorial, el hermano mayor y responsable, la parte racional que vigila desde la distancia y desde la ventaja que da la experiencia.

 

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Por la noche me asomo a la ventana, a muy pocos metros del mar. Las olas golpean duro sobre la orilla, casi con ira, y los reflejos de la espuma dibujan en la oscuridad las figuras de ninfas que me perturban por momentos. Salgo y camino descalzo junto a ellas, recibiendo chispas de mar sobre el rostro mientras dejo la mente en blanco y me abstraigo de mí mismo.

Es lógico, de este modo las sensaciones circulan libres.

 

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De repente, algo interno propone correr hacia el océano, introducirse en él, beberlo por completo, poseerlo. No hay fuerzas para desobedecer. Me siento agitado. La experiencia es casi trascendente. Pero dura poco. Por un instante, antes de que el agua despejara las ideas, la conexión con lo más básico ha sido completa. Me tumbo sobre la arena y descanso.

A mi derecha, la parte alta de Nazaré, cual padre decepcionado, me riñe por el breve período de locura.

Pero estoy abajo y no escucho.

 

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1 comentario

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MªJose Fernandez19 d febrero d 2014 a las 20:27 (UTC)
Que belleza de pueblo...!! Lo conocí hace muchos años..seguirá igual?aún andan las mujeres descalzas y con esos trajes hermosos?... Volveré algún día..

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