La adolescencia y juventud, esa edad difícil.

  • 02/10/2013
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Cada vez que intento hacer valer mis razones sobre las de mis jóvenes hijos trato de que sea en el mejor momento,  sentados y en  “sesiones”  privadas,  suelo comenzar diciéndoles  “tú sabes que yo te quiero mucho”…,  porque es verdad y porque pienso les deja claro que no es un sentimiento de ira,  sino de razones lo que me motiva;   les hablo en voz baja para captar su atención,  para que me escuchen,  mirándolos a los ojos y es en ese momento,  al mirarlos a los ojos que me recuerdo a mi mismo cuando a esa edad estaba seguro igual que ahora ellos que tenía la razón y todas las respuestas y en realidad que si seguía por siempre mi camino este me conduciría  “sin tropiezos”  a Roma.

 

Los años y algunos golpes me demostraron que no era así y eso es lo que tratamos de evitarles cuando conversamos con ellos,  pero de vuelta a sus ojos y muy profundamente puedo ver mis propios ojos a esa edad;   van a seguir adelante con su verdad y en realidad eso espero,  ya tendrán tiempo para reconocer lo equivocados que están en algunos temas,  de sufrir en carne propia algún que otro fracaso y ojala,  no que les llueva café,  sino que en su camino y por su terquedad no reciban los palos que suele dar la vida;   vida que no importa lo inteligentes o estúpidos que seamos siempre nos ubica en su realidad y en las leyes que la rigen;   no obstante existen principios fundamentales que debemos cumplir a toda costa y es uno de nuestros deberes como padres desarrollar en ellos como son el respeto a nuestros mayores y a lo ajeno,  la paciencia,  la tolerancia y una actitud que les permita vivirla plenamente donde la más importantes,  en mi opinión es:   “Ser feliz,  hacer las cosas que te agraden y disfrutarla lo más y mientras puedas”;    al fin y al cabo de la vida no saldremos vivos.

 

Ser joven es ser apasionado y tendemos a dar el todo por el todo hasta el final sin importar el asunto,  por eso los revolucionarios de cualquier tipo son jóvenes,  que lo sigan siendo después ya es otra cosa,  pero deben aprender que las situaciones tienden a cambiar,  a no aferrarse,  a adaptarse porque la vida y todo lo que nos rodea esta en constante evolución y cambio.

 

Que tomen decisiones,  pero consideren y apliquen la idea que a modo de ejemplo les propongo:   “Si tienes muchos limones,  tu decides;   puedes hacer limonada y calmar tu sed,  puedes hacer un sabroso pastel y saciar tu hambre o buscar sal y tomarte unos Tequilas o unas Coronas bien frías según tu gusto y emborracharte,  igual puedes buscar alguna herida en tu piel y frotarlo”;   así es la vida llena de oportunidades a tu elección,  no es la vida la que se equivoca,  siempre eres tu cuando eliges.

 

Al final de eso se trata la experiencia que decimos tener cuando peinamos canas,  de la sumatoria de decisiones que acumulamos con los años,  por supuesto con sus aciertos y errores,  mismos que quisiéramos a toda costa no cometieran nuestros hijos.    De todas formas si algo he aprendido es que la vida siempre vale la pena vivirla,  aún en los peores momentos,  que una vez pasados el tiempo se encarga de acomodarlos de tal forma que al final los añoramos bajo la idea de que  “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

 

En resumen,  les aconsejo ser honestos consigo mismo,  tener fe,  perseverar en lograr lo que se propongan,  actuar siempre de buena voluntad y crear su propio camino,  eso si,  un camino que nunca los aleje de mí porque los quiero;   eso,  que no se les olvide jamás.

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1 comentario

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Natalia Castro 19 d diciembre d 2013 a las 09:36 (UTC)
Es precioso lo que has escrito. No es fácil hablar a un adolescente cuándo su verdad dista mucho de la tuya. Pero ese amor del que hablas, ayuda a acercar posturas. Muchas gracias por el artículo.

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