¿Qué es lo que importa, el café o la grata compañía de una ausencia?

Buscando, por momentos encontraba ese aroma desquiciante y juguetón. De taza en taza, de olla en olla le encantaba esconderse y por momentos lo lograba.

Lo que importa

¡Qué mareo! ¡Qué ardor! ¡Qué ganas de seguir atontado por el vapor de esta cafetera! Mientras S me sigue esperando: desnuda en la cama, mirando el televisor, imaginándose el programa que estarán pasando en algún canal de Marte.

Aprovecho que el vapor esconde mi alma, para mirar con los más impávidos deseos la recámara en la que S está postrada: es pequeña y cómoda como su boca, que me lastima, cada vez que puede, la herida que aparece cuando me da por mirarla.

El humo se expande, mis manos no sé cómo han llegado a su delicado rostro; con el pulgar hurgo sus parpados: los abro, los cierro, los siento. Con su índice reconstruye mis evaporadas comisuras. Todo es perfecto, menos nosotros; todo es eterno, menos nuestro tiempo.

El café está listo, el aroma errante viaja por nuestro mundo, las manos me tiemblan, no quiero deshacerme en sus circunstancias: S me mira, oigo sus ojos un poco saciados de tanto esperar. Respondo a su hartazgo: repaso nuevamente sus labios con los míos; rompiendo sus dedos con caricias lejanas que se estrellan en siluetas. Nos confundimos entre desquiciantes olores, nos percibimos en distintas dimensiones. Ella, portavoz del atávico presente: sonríe, mira, respira. Repite las palabras del tiempo lejano y eterno: cuando llegamos a este espacio nada importaba, solo el café, pero ahora… ¿qué es lo que importa?cafe

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