Pacientes al descubierto

  • 30/09/2013
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Afortunadamente, no visitaba el hospital Carlos Haya desde hace años, 14, por ser más exacta. Hace meses, una operación de una buena amiga , me hizo de nuevo pasear por esos interminables pasillos, esperar impacientemente la salida de una bata blanca, oler ese aroma característico que tienen todos los hospitales ,que aunque sin oler  a nada, a nadie gusta.

            De todos los malagueños es sabido la profesionalidad  y el gran equipo  de médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, cocineros, administrativos, limpiadoras.., que existen y trabajan día a día en ese hospital. Profesionales que además de cumplir con su trabajo, se preocupan de sus pacientes, de sus familiares y acompañantes. Serían tantas palabras de agradecimiento por labor que realizan,  que mil gracias serían insuficientes.

            Pero todo se enmaraña, todo oscurece y enturbia  el trabajo de estos profesionales, inexplicable algunas actuaciones, algunas situaciones que lejos de    dar fe de la categoría de ese gran hospital, parecen situaciones   más cercanas a países de de otros continentes.

            Todos los familiares esperamos ansiosamente la salida de nuestros seres queridos enfermos, operados y/o tratados, pero ¿son necesarias esas formas?, ¿es necesaria esa exposición del paciente que sale de una operación?, a mi parecer es una exposición gratuita, peligrosa y profundamente dolorosa.

            Los pacientes procedentes de la sala de recuperación, que han sido sometidos a una intervención quirúrgica  (la cual, puede ser una intervención, grave o no, delicada o no), son conducidos en camilla  a una sala  donde se encuentran  decenas de personas esperando a sus familiares intervenidos (ya que la sala de espera es muy pequeña). Son expuestos allí mismo en un descansillo amplio, a los ojos de todos, recibiendo decenas de miradas anónimas, vulnerando la intimidad de su dolor, de su enfermedad…En esa sala pueden pasar segundos o pueden pasar minutos, a la espera de un ascensor, que minutos antes ha llevado a su planta de destino contenedores, personal y familiares que provienen de otras plantas del hospital, o que simplemente vienen directamente de la calle. Son expuestos con su historial a sus pies, haciendo pública su enfermedad a la persona que impacientemente espera la salida de su familiar, su historial es expuesto al que sube en el mismo ascensor que el enfermo, pues el ascensor hace paradas con el enfermo,  entra y sale de él personal hospitalario o  de la calle, es expuesto a los visitantes del compañero de habitación.

¿Es posible que este hospital tenga una sala de espera pequeñísima donde apenas caben 10 personas en pie y  con  apenas unos diez asientos? Para mí, es ridículo. No sé cuantas operaciones se realizan al día pero, la sala llamada “sala de espera” es insuficiente para albergar a tanta gente.

            Me pregunto ¿son necesarias estas formas?. No sé si es un problema de organización, planificación o es la crisis que tanto nos afecta, pero todo esto sí echa por tierra el trabajo de esos profesionales,  empaña el mimo con el que realizan sus labores, en definitiva nos alejan de esa realidad de ser unos de los países que pueden presumir de una buena Sanidad.

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat1 d noviembre d 2014 a las 15:08 (UTC)
Como verás, por muy perfecta que sea una organización; por muy satisfechos que quedemos en todos los aspectos; a pesar de que se desvivan por nosotros los profesionales a cualquier nivel, siempre habrá algo que no nos complace, y no es que vea mal que lo denuncies, es tan solo que aprovecho esta situación para que nos demos cuenta que jamás estaremos satisfechos por mucha que sea la excelencia de todo lo que nos rodea. Es ese hospital la sala de espera y en el Paraíso el no poder comer del árbol del bien y del mal.

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