LA DEPENDENCIA FARMACOLÓGICA

¿Son de naturaleza diferente la Dependencia Física y la dependencia psíquica?

En la conceptualización, diagnóstico y tratamiento de las farmacodependencias, surgen y se utilizan diferentes términos médico  –psiquiátricos y psicológicos, entre otros, para referirse al Síndrome de Abstinencia. Aunque es absolutamente claro que en el cuadro clínico del farmacodependiente intervienen varios factores que estos términos sugieren, también es cierto que no existe una diferenciación satisfactoria entre algunos de ellos, como sucede con la Dependencia Física y Dependencia Psíquica  o psicológica, estrechamente relacionadas con el Síndrome de Abstinencia, los cuales a menudo se manejan indiferenciadamente.

Es común atribuir a éstas, aún en algunos círculos médicos y psicológicos una naturaleza diferente; la expresión “física”  insinúa  o se entiende como algo muy  distinto  a la expresión “psíquica”:  si bien es cierto  que desde tiempos remotos se ha conocido y estudiado la interrelación  psiquis  –  cuerpo  (o mente  -  cuerpo)  en la actualidad aún no se  puede afirmar con seguridad acerca  de los límites de  estas dos estructuras del ser humano.  Aunque los efectos  no físicos del consumo y abuso de sustancias no se consideran como un trastorno o enfermedad mental como tal, una definición introductoria incluida en  el DSM IV (manual diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales) ilustra convenientemente esta dificultad:

“…el término «trastorno mental» implica, desafortunadamente, una distinción entre trastornos «mentales» y «físicos» (un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo). Los conocimientos actuales indican que hay mucho de «físico» en los trastornos «mentales» y mucho de «mental» en los trastornos «físicos». El problema planteado  por el término trastornos

«mentales» ha resultado ser más patente que su solución, y, lamentablemente, el término persiste en el título del DSM-IV, ya que no se ha encontrado una palabra adecuada que pueda sustituirlo. Es más, a pesar de que este manual proporciona una clasificación de los trastornos mentales, debe admitirse que no existe una definición que especifique adecuadamente los límites del concepto «trastorno mental». El término «trastorno mental», al igual que otros muchos términos en la medicina  y en la ciencia, carece de una definición operacional consistente que englobe todas las posibilidades.”

Obsérvese, a manera de ejemplo  en la siguiente descripción clínica  cómo se manejan  los distintos  términos, los cuales no se clasifican  adecuadamente en relación a su etiología, es decir, si son de naturaleza psíquica o física:

El síndrome de abstinencia  a anfetaminas  se caracteriza por aparición de humor disfórico y dos o más de los siguientes cambios  fisiológicos: fatiga, sueños vividos y desagradables, insomnio o hipersomnia, apetito incrementado y retraso o agitación psicomotores. También puede haber anhedonia y necesidad irresistible de tomar droga (craving).

En el anterior ejemplo, el ítem “humor disfórico”  no presenta ninguna clasificación  (psíquica, física o fisiológica)  aunque es un síntoma que debería clasificarse como psicológico o psiquiátrico dependiendo de su intensidad. Por el contrario, bajo la clasificación de “fisiológicos”  el ejemplo  refiere “fatiga” (que puede conllevar tanto de psíquico como de  fisiológico), “sueños vividosy desagradables” (fenómeno al cual debería atribuirse una etiología casi enteramente psíquica), lo mismo sucede con “la  anhedonia y necesidad irresistible de tomar droga”, sintomatología caracterizada por  mucho de fisiológico, además de psicológico y mental  también.

Médicos psiquiatras, psicólogos y otros profesionales expertos que diaria  y efectivamente  manejan los cuadros clínicos y la sintomatología  en la recepción,  intervención, tratamiento y rehabilitación   de personas farmacodependientes, podrán,  con la razón que su conocimiento y

experiencia les confiere, afirmar que simplemente cada profesional realiza su trabajo en el área que le compete  (el psicólogo interviene en las áreas psicológica, mental,  afectiva, emocional. El médico en el área fisiológica y farmacológica) y  que los criterios diagnósticos son simplemente descripciones.

Sin embargo, cabe preguntarse:  ¿sería aún más eficiente la intervención clínica integral si desde  la terminología, la semiología y los conceptos diagnósticos  se realizaran ciertos ajustes relacionados con las dificultades referidas en la clasificación?  De realizarse lo anterior  seguramente se obtendrían muchas ventajas: si los profesionales tienen claridad de conceptos

se evitarían conflictos que no pocas veces  surgen  en el proceso de intervención aún cuando existe comunicación apropiada entre ellos, como por ejemplo: el médico  que maneja el concepto de humor disfórico como exclusivamente un efecto fisiológico e interviene farmacológicamente para estabilizarlo, dejando de lado la intervención psicológica complementaria a dicha intervención.  El psicólogo que en el caso del mismo fenómeno intenta intervenir  desde su profesión y perspectiva  prescindiendo del factor fisiológico.  Lo anterior  puede producir  confusión en el sentido de que el profesional en cuestión  puede inintencionadamente transgredir las fronteras de su  propia  competencia  o en su defecto  limitarse sin  lograr aprovecharla adecuadamente.

¿Cuál sería entonces la  alternativa  para subsanar  estos problemas conceptuales y de clasificación que  ocasionalmente generan inconvenientes en la praxis clínica? Un psicólogo  estadounidense  de gran  importancia en la historia de esta ciencia,  B. F. Skinner, creador del conductismo radical, conocido por sus grandes aportes en el campo de la psicología clínica, la educación  y la sociedad, en  varios apartes de  sus textos realiza un análisis acerca de los fenómenos que se atribuyen a procesos mentales  e introspectivos y lo que es comportamiento,  los  cuales constituyen argumentos válidos  en el intento dereconceptualizar los criterios diagnósticos  y la clasificación sintomatológica  y que en gran parte daría respuesta al interrogante planteado al comienzo del presente ensayo. Veamos:

Tradicionalmente  y  aún hasta nuestros días,  a  fenómenos como los sentimientos,  las emociones, los pensamientos, los recuerdos, entre otros se les ha atribuido un origen misterioso ubicado en un lugar recóndito de “nuestro  ser  interior” o en “lo profundo de la mente”,  asumiéndolos como diferentes de  las afecciones netamente médicas, las cuales  los individuos las experimentan básicamente como dolencias en su cuerpo.  Pero lo cierto es que tanto lo que la persona “siente” como dolencia física y lo que “interpreta” como mental, psicológico  o emocional  tienen bases fisiológicas.  Esta cuestión está ampliamente estudiada  por la medicina, la neurología y  la neuropsicología, pero raramente subsiste  la tendencia a otorgarles etiologías totalmente distintas.

Mirémoslo más claro con un ejemplo: las comunes molestias gastroesofágicas tienen su origen obviamente en los órganos que este término refiere y la persona  a nivel lego o experto, según sea el caso, conoce  a nivel general, en qué parte de su cuerpo se encuentra la afectación. En cambio, si experimenta un malestar psicológico tratará de encontrar su causa en un suceso pasado o presente o futuro que la afecte, lo cual es correcto, pero jamás pensará que ese malestar, la forma cómo se siente, se expresa  en  su  cuerpo  a través de procesos fisiológicos;  es decir  le atribuirá casi con plena seguridad un origen exclusivamente ajeno a su cuerpo, inmaterial  y lo llamará de tipo  “psíquico”, “psicológico” o “mental”.

Las emociones, los sentimientos, los procesos mentales tienen un primer origen en el ambiente y entran a hacer parte de la historia del individuo en el contacto y en el continuo aprendizaje,  bien sea  filogenético  u ontogenético, pero hacen su efecto en el organismo a través de  procesos fisiológicos  al igual que las enfermedades médicas. Leamos a Skinner:

“Aceptar que lo que se siente o se observa introspectivamente son condiciones del propio cuerpo es un paso adelante en la  dirección correcta. Es un paso hacia el análisis, a la vez, del ver y del  ver lo que uno está viendo en términos puramente físicos”.

Si se intentara  la  reconceptualización, de forma casi segura se llegaría a la conclusión de lo similar en cuanto a la naturaleza  de la dependencia física y dependencia psíquica  ya que  debe hacerse claridad de que  es el mismo organismo fisiológico en su integralidad quien las padece; la diferencia estaría radicada  en  la forma cómo  el sujeto interpreta cada uno de  los síntomas que las caracterizan, y no  únicamente  el sujeto sino también el profesional  y esa interpretación también obedece a los mismos procesos.

 

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4 comentarios

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Bee
Alberto Lasso Guerrero29 d diciembre d 2014 a las 14:50 (UTC)
Muchas gracias, Juan Ramón por tus buenos deseos. Lo mismo para ti.
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat28 d diciembre d 2014 a las 21:46 (UTC)
Te deseo toda la felicidad para el 2015.
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat23 d octubre d 2014 a las 14:07 (UTC)
Interesantísima exposición de un tema que he vivido personalmente.
Imagen1
Esponda martínez Jesus4 d octubre d 2013 a las 18:29 (UTC)
Es muy cierto, debemos aún conocer a fondo la naturaleza de estos impulsos, para tener una idea clara de algo tan importante como las dependencias, y muy interesante tu articulo ya que nos hace preguntar, si existe determinada predisposición hacia ello.

Buen artículo.

Saludos y Gracias por publicar.

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