LA FAMILIA.

  • 26/09/2013
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Más de una vez hemos comentado con familiares y amigos sobre la importancia de la familia en la sociedad,  y su cada vez más acentuado deterioro como elemento vital en la descomposición de los valores en las nuevas generaciones;   pero dónde comienza el problema,  por qué se está hundiendo sin aparente posibilidad de evitar su colapso final.

 

El problema en nuestra opinión comienza en la misma unión de parejas disfuncionales,  posiblemente con muchos objetivos a alcanzar pero sin un orden interno, donde se confunde la igualdad de géneros y en lugar de compartir las responsabilidades se origina una competencia por disfrutar de sus individualidades donde los derechos se imponen a los deberes.   Así al llegar los hijos la pareja no tiene la menor posibilidad de lograr un buen resultado.

 

El papá trabaja y se esfuerza mucho por ser un buen proveedor para su familia como ancestralmente le corresponde,  el hogar no es lo suyo;   la mamá ancestralmente atendía el hogar pero ya no más,  alcanzar un nivel de vida “apropiado”  para la familia en un mundo cada vez más costoso la obligó en un inicio a participar tímidamente en el escenario laboral,  posteriormente asume su verdadero lugar no sin afrontar sobre todo en el último siglo importantes luchas por el reconocimiento de sus valores,  situándola a la par del hombre en el trabajo y en aquello de que el hogar no es lo suyo.

 

La familia se metaliza,  compramos o pagamos todo lo que no queremos hacer  o  no tenemos tiempo para hacer situación que afecta de primero a los hijos,  no podemos criarlos así que se los entregamos a nanas y empleadas de por vida demostrándoles nuestro cariño complaciendo sus cada vez más elevados estándares de vida social,  somos especialistas altamente calificados pero no podemos explicarle una tarea,  preferimos contratar un  profesor y para motivarlos le compramos el último celular de moda o mejor un auto,  así no tenemos como beneficio adicional que preocuparnos en llevarlos ni traerlos de la escuela, sus reuniones o fiestas.

 

Almorzamos en el trabajo y en el hogar cada quién cena por su lado,  los niños generalmente en sus cuartos mientras los consumen los video juegos,  chatean  o ven la tele.

 

Eso sucede en las familias todo bien;   en las pobres es igual pero peor en sus resultados pues si en las primeras equivocadamente se trata de resolver todos los problemas a puro billete,  hasta el futuro;   donde no hay plata vivir el día a día lleva a la desesperanza de no tener futuro;  el resultado en ambos casos es el mismo,  desintegración familiar.

 

Podemos entonces culpar al Estado,  a la Iglesia y a quien queramos del fracaso familiar que vivimos,  pero en realidad somos nosotros mismos los primeros culpables por no asumir nuestro papel de padres y madres responsables. 

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