¿Cómo acabó Margaret Thatcher con los ‘Hooligans’ en Inglaterra?

  • 25/09/2013
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29 de mayo de 1985. El mundo entero miraba a Bruselas. De un lado Liverpool, el monarca europeo, en la otra orilla Juventus con Michel Platini, el mejor jugador del mundo en ese entonces, definían la Copa de Campeones de Europa. El tenso ambiente colmó la previa en el estadio de Heysel, allí las barras de Liverpool se abalanzaron contra sus similares de Juventus y dejaron 39 muertos, la mayoría de ellos italianos. Ese fue el principio del fin de los ‘Hooligans’ en Inglaterra.

Voluntad de hierro

Una sanción al equipo inglés por parte de la UEFA, así como a todo el fútbol británico, llevó al parlamento a tomar medidas de fondo. Sin embargo, la violencia seguía sacudiendo los estadios en Inglaterra. La primera ministra Margaret Thatcher se hizo cargo del problema al entender que era un asunto social y no exclusivamente del deporte. Luego de una nueva tragedia que dejó 96 muertos en Hillsborough, la ‘Dama de Hierro’ impulsó una serie de leyes que fueron erradicando a los violentos cerca de las canchas.

La primera fue vetar el ingreso a los estadios de por vida a los lideres característicos de las barras bravas. Además, todos aquellos que querían seguir asistiendo, no podían cometer ninguna acción violenta, así como no estar involucrados en el uso de armas ilegales, como tampoco en el consumo de drogas y alcohol. Las cámaras de seguridad instaladas en cada estadio del fútbol inglés permitían identificar a los que cometían los desmanes.

La avanzada de Thatcher contra las barras no acabó ahí. Grupos élite de la policía fueron creados para combatir los nichos de barras bravas en los suburbios donde se encontraban, además varios agentes fueron infiltrados en el interior de los ‘Hooligans’, lo que consiguió la sentencia de cerca de 50 caciques de las barras, más la judicialización de por lo menos 5000 fanáticos más.

Todos los entes de la sociedad inglesa se unieron en pro de acabar con las barras. Las sanciones no iban solamente al núcleo futbolístico, sino que trascendían los estadios. Cualquier lugar de encuentro de los ‘Hooligans’ era objeto de redadas policiales. Locales comerciales fueron sancionados por acogerlos.

Sin embargo, la lucha contra los barras bravas ingleses demandaba mucho dinero para los clubes que en pro de combatirlos con seguridad privada, comenzaron a tener problemas económicos. Recibieron apoyo del parlamento inglés. Numerosos créditos fueron otorgados por parte del gobierno de Thatcher a los más de 90 clubes que componen la Federación Inglesa, por otro lado impulsó la transmisión masiva de los encuentros de televisión. Con las medidas tomadas a lo largo de la década de los 90, el fútbol en Inglaterra dejó de ser cultivo de violencia para convertirse en un espectáculo familiar.

El caso Latinoamericano

El éxito del destierro de las barras en Inglaterra no se trasladó de manera nítida al Nuevo Continente. En esta parte del mundo el mal evolucionó. La pasión desmedida de los barras se unió con el poder político de los clubes así como de la sociedad. Al iniciar la década de los 90, ya era común en Argentina el nombre de José Barrita, o como muchos le llamaban ‘El Abuelo’. Se dice que él fue el gran precursor del flagelo de las barras bravas, oficiando también como cuerpo de seguridad de los dirigentes xeneizes. El modelo, que adquiría beneficios económicos, fue copiado por los demás clubes de Argentina dando lugar a los barras como fuerza masiva.

En 1994, durante un encuentro ante River Plate, los enfrentamientos entre las parcialidades de uno y de otro dejaron el saldo de dos muertos, quince heridos, y más de mil detenidos. Aunque aquel suceso sentó precedentes en el país gaucho, las barras siguieron tomando fuerza hasta ser difíciles de contener.

Otto Adang, sociólogo holandés, viajó a Argentina para estudiar el fenómeno de las barras y compararlo con el caso europeo. Al final tuvo una conclusión tajante: “El problema en la Argentina es mucho más grave que en el resto del mundo, hay que cambiar todo el sistema. Mientras eso no ocurra, es absurdo pensar en reeducar a los barras o generar un vuelco total desde la educación”.

Colombia se contamina

El problema arribó a Colombia. Lo que era un espectáculo de familias, se convirtió en ‘guerra de camisetas’ durante el nuevo milenio. En 2008, una batalla campal entre aficionados de Independiente Santa Fe y América de Cali cobró la vida de un fanático de los Cardenales, a manos de un muchacho ‘escarlata’ que aún no alcanzaba la mayoría de edad.

El suceso no es aislado a la realidad que vive el fútbol en todo el país. En Medellín se han cerrado las puertas del estadio en numerosas ocasiones en lo que va del año por el comportamiento de los fanáticos de Atlético Nacional e Independiente Medellín. A las barras bravas de la ciudad se les ha decomisado munición de guerra.

El riesgo en las grandes capitales aumenta ya que los clubes más populares cuentan con diferentes grupos de barras como es el caso de Millonarios. “Aquellos del sur son los que le roban la plata al club, los vamos a matar, esos favorecen a la izquierda”, dice un barra de los ‘Comandos Azules’ que no quiere ser identificado, en relación a sus similares de la ‘Blue Rain’. Ambas barras defienden un mismo color, pero están en guerra cuando se encuentran.

En la última semana se ha registrado la muerte de tres personas más en la capital. Como consecuencia, el partido insignia del fútbol colombiano, Millonarios-Nacional, ha sido cancelado. Mientras las autoridades analizan estrategias para combatir lo que en otras naciones ya fue eliminado, una sola pregunta aqueja a todos los que aman este deporte: ¿hasta cuándo más muertos?

¿Qué solución plantea usted para acabar con la violencia en el fútbol colombiano?

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat31 de octubre de 2014 a las 22:58 (UTC)
La solución la tienen aplicando el mismo sistema que la Thatcher, pero para eso hay que tener un par de ovarios como los de esa dama.

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